Published On: mar, Nov 6th, 2012
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¿Quien es Mitt Romney ?

Perder con John McCain la nominación del Partido Republicano y con ello la oportunidad de pelear por la Presidencia de los Estados Unidos para las elecciones de 2008, era tan solo el primer gran escalón para lograr lo que su padre no pudo en 1983. No obstante, le había quedado claro que su discurso, así como los 44,6 millones de dólares de su propia fortuna invertidos en la campaña, no le habían alcanzado. Ha expresado: “No se lo puedo negar, pero no puedo esperar al momento de poner mis manos en Washington”
La razón: sus logros como gobernador del estado de Massachusetts eran vistos como una letra escarlata por el corazón del conservatismo de este país. Facción sin la cual nunca llegaría al poder, misión que representaba en efecto el más costoso y ambicioso proyecto que jamás se hubiera trazado. Desde chico siempre fue obstinado, recuerdan sus tres hermanos, que al igual que Mitt crecieron viendo a su padre soñar con el poder. Gracias a su paso como CEO de American Motors y tres veces como gobernador del estado de Michigan, lugar donde nacieron en cuna de oro rodeados de una boyante comunidad mormona, Mitt siempre lo tuvo todo.
A pesar de su condición de delfín, sus intenciones de ser el mejor estudiante no se opacaron nunca. Por el contrario, tenía claro que esto era requisito primordial para llegar más lejos que su padre. Precisamente allí en el Cranbrook School de Detroit fue donde conoció, a sus dieciséis años, a quien sería su primera novia, esposa y más grande amuleto político: Ann Davis, una bella joven de religión cristiana que se convirtió al mormonismo por seguirle los pasos.
Después de estudiar dos años en la prestigiosa Universidad de Stanford, donde lo contrariaban las fuertes protestas en contra de la Guerra en Vietnam, Romney dejó el país como misionero de su iglesia mormona y se radicó en Francia por dos años. Fue allí donde según muchos recibió de primera mano una que otra lección de la social democracia. Al regresar en 1969 y después de casarse, lo esperaba un asiento en la Escuela de Leyes y Negocios de Harvard.
Ya en las grandes ligas, luego de un paso perfecto por la academia y siendo miembro oficial de la crème de la crème de Boston, a sus veintiocho años se vinculó a Bain Capital, lugar donde la fortuna paterna quedaría transformada en una caja menor, gracias a la habilidad del menor de los hermanos Romney. ¿El modelo de negocio? Una firma de inversión dedicada a comprar empresas en bancarrota, reestructurarlas, hipotecarlas para darles liquidez, reducir costos inclusive exportando su mano de obra, para luego venderlas con altos niveles de rendimiento. Si bien grandes empresas como Domino´s Pizza, Staples, Brookstone y Sport Authority nacieron de Bain Capital y este modelo de inversión, otras en todo el país cayeron, dejando a miles de trabajadores en la calle.
Mas de una década en este rubro le dejó una fortuna del orden de los 150.000 millones de dólares, así como una envidiable notoriedad en Wall Street. Su espíritu gerencial y su abolengo político lo convirtieron en una figura irresistible. Por eso en 1994 decidió que su hora de entrar a la política había llegado. Su primer reto: ser congresista. En su camino estaba el veterano senador demócrata por el estado de Massachusetts Ted Kennedy, a quien a pesar de haberlo superado en recursos de campaña 5 a 1 no pudo derrotar. La paliza, según sus amigos, lo dejó destruido y sin ganas por un tiempo del casino electoral. Era la primera derrota que sufría.
Vendría el diagnóstico de esclerosis múltiple de su esposa, años en que junto a sus cinco hijos varones se replegaron a Utah. Hasta que en 2001, luego del coletazo económico del 9/11, le propusieron rescatar los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002. Ante el escepticismo general, Romney logró lo imposible: consiguió recursos de los patrocinadores y reaseguró la infraestructura hotelera y de escenarios por medio del gobierno federal. Los juegos se convirtieron en un rotundo éxito económico.
En el fervor del triunfalismo entendió que era el momento de intentarlo de nuevo. Esta vez el rótulo de gobernador de Massachusetts es el objetivo. Con una victoria arrasadora en la urnas y a pesar de una legislatura mayoritariamente demócrata, Romney dio muestra de su linaje político propio de un conservador fiscal acompañado de visos de una democracia de centro. Así es como estableció un seguro de salud universal para los 6,5 millones de habitantes de su estado, logró erradicar un déficit fiscal de 3 billones de dólares y dejó un superávit de dos billones sin aumentar impuestos.
Con sus ambiciones puestas en la Casa Blanca y ante una eventual barrida demócrata a nivel nacional, omitió su reelección y disparó en grande por la candidatura de su partido en 2008. Sin embargo, sus credenciales a favor de algún tipo de control sobre el uso y porte de armas, así como excepciones en el tema del aborto cuando la vida de la madre está en peligro, por violaciones y/o incesto, al igual que su apoyo a la investigación con células madres, le recordaron una vez más en esa fría noche en Dallas por qué su nombre permanecería al margen de tener una real oportunidad de convertirse en presidente de los Estados Unidos.
Alentado por su esposa, sobreviviente también de un cáncer de seno y con la posibilidad de capitalizar los recursos invertidos en 2008, Romney planeó su regreso en una versión mejorada. Su falta de carisma y empatía con la gente es transada por un cambio de posición en todo lo que en su vida política había logrado. Carta abierta a la base republicana que dejó consignada en el libro No apology: The case for american greatness (Sin apologías: el caso de la grandeza americana), el cual se convirtió inmediatamente en bestseller.
No rotundo al aborto, no al control del porte de armas, no al seguro universal de salud (instaurado por Obama a nivel nacional en 2009) y no a una reforma migratoria. Todo acompañado de mayor inversión militar, reducción de impuestos, desregulación financiera y reducción del gobierno. La receta perfecta para asegurar el apoyo de la base de su partido. De lograrlo y ganar mañana, habrá algo que recalcar de toda su historia y es que la consecución de su sueño representa el triunfo de aquel sector que ha sentido en menor medida los embates económicos y sociales que se han vivido en EE.UU. en lo que va de este primer cuarto del siglo XXI.
El Espectador

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