EDITORIAL: Chávez, la Santería cubana y la ira del Señor
Los innumerables e inexplicables siniestros y muertes de figuras del chavismo que se han desencadenado en las últimas semanas en Venezuela han abierto la espita a rumores de la más variada índole.
El pueblo llano, la clase media, los profesionales, el sector militar, los religiosos, los maestros y hasta la militancia chavista, levantan un murmullo creciente de que una fuerza indeterminable parece azotar la vida de los venezolanos. ¿Castigo de Dios? La inexplicable exhumación del cadáver del campeón de boxeo el “Inca Valero” desató las primeras sospechas.
Para algunos los “babalaos del Presidente” aseguraban que el tatuaje en el pecho de Chávez que llevaba el púgil al estar bajo tierra presagiaba muerte y penurias para el mandatario; por ello la necesidad de borrar tan atrevido lienzo.
La también insólita exhumación de los restos del Libertador se correspondía con una necesidad de mudanza del espíritu del Grande Hombre al del terrenal Presidente venezolano.
En marzo del 2003, el agudo y respetado periodista de El Nuevo Herald, Casto Ocando, publicó un trabajo de investigación que ahora cobra extraña actualidad. Ocando escribía en aquella oportunidad:“En medio del ambiente de violencia y conflictividad política que sacude a Venezuela, otra batalla casi silenciosa entre telones comienza a mostrar una cara insólita del enfrentamiento que protagonizan gobierno y oposición.
Crucifijos, prendas de santería, altares con íconos budistas y hasta animales sacrificados, integran todo un caldo de misticismo y creencias que chocan en la arena venezolana, corriendo paralelamente en discursos presidenciales y marchas opositoras.
Los signos de esta contienda son visibles no sólo en concentraciones antigubernamentales y programas de radio, sino hasta en despachos ministeriales y militares del gobierno, varios de cuyos importantes personeros no esconden sus exóticas inclinaciones religiosas.
Además del presidente Hugo Chávez, cuyo uso de la simbología cristiana con fines políticos ha sido ampliamente reseñado y duramente criticado, el más importante funcionario militar del régimen, el general Raúl Baduel, ha confesado su adicción al budismo, e incluso mantiene un altar en su despacho de la guarnición militar de Maracay, en el centro del país.
En el Banco Central de Venezuela, un grupo de economistas que profesan abiertamente su condición de babalaos ayudan a definir las políticas monetarias del régimen.
Al frente del despacho de las finanzas públicas, el ministro Felipe Pérez predica constantemente en un lenguaje calificado de místico-sicologista, las ventajas de entender la economía no como un hecho, sino como un estado de la mente, una versión criolla de la llamada Teoría de las Expectativas.
En una inédita referencia a esta lucha en el campo de las ideas religiosas, el propio Chávez denunció en la más reciente alocución de su programa Aló, Presidente, que la oposición había contratado 200 brujos para que le hicieran “un trabajo” con el fin de doblegarlo y sacarlo del gobierno.
“No estoy inventando, hasta eso han llegado a hacer, lo que llaman, ¿cómo es?, montar un trabajo, y me tiraron a sacar porque me lanzaron vudú”, dijo el Presidente en su programa.
El mandatario reveló que “cerca de Miraflores [el palacio de gobierno], en los alrededores, aparecieron cuatro animales, unos bichos raros que yo vi…. con ojos satánicos, huecos y unos colmillones”.
Los animales sacrificados, que debieron burlar una férrea vigilancia para ser puestos en la sede presidencial, estaban ubicados, según Chávez, en forma de cruz alrededor del palacio y tenían en su interior, de acuerdo con la descripción presidencial, “un poco de cosas, unos papeles, unas piedras (….) Me tenían montado un trabajo de vudú”.
Pero aunque Chávez se preocupe en decir que no cree en eso, sus opositores aseguran que no sólo es un avezado practicante de los rituales afrocubanos, sino que incluso se hace acompañar de una corte de babalaos que no lo dejan ni a sol ni a sombra.
Insistentes rumores hablan de rituales que el mandatario habría protagonizado, como permanecer flotando sobre una plataforma en mar abierto, en la septentrional isla de Aves, protegido por la armada venezolana, con el objetivo, según los entendidos, de hacerse “poderoso” e “invulnerable” ante posibles atentados.
“Todo el mundo sabe que Chávez tiene unos santeros viviendo en La Casona [la residencia presidencial], y que tiene altos rituales de magia en Miraflores”, afirmó la astróloga Adriana Azzi, una de las más populares cartománticas en Venezuela.
En una reciente entrevista radial retransmitida tres veces a petición del público en la capital venezolana, Azzi dijo al moderador Fausto Malavé que Chávez usa en sus alocuciones televisivas toda clase de artilugios, incluyendo un crucifijo y el movimiento rápido de manos conocido como “mugras” en la práctica tántrica, con el objeto de lograr un cierto tipo de control espiritual.
“Es evidente el uso vulgar, grosero, abusivo que hace el presidente de la simbología religiosa, del nombre de Dios, de la figura de Jesucristo, de la Biblia. Evidentemente lo que está detrás de eso es la manipulación de la gente sencilla e ignorante”, opinó Mikel de Viana, religioso jesuita y sociólogo de la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas.
Para “combatir” cualquier tipo de “energía negativa” procedente del Presidente o su gobierno, las últimas marchas de la oposición se han cuidado de incluir gigantescos portaestandartes con la figura de la Virgen de Coromoto, la patrona de Venezuela, y consignas religiosas claramente antigobierno.
“Chávez es un tipo muy creyente en las religiones afrocubanas”, aseguró Enrique de la Torre, sacerdote mayor yoruba de origen cubano que reside en Texas y asesora a un numeroso grupo de babalaos venezolanos.
‘Sí, efectivamente, hay un babalao en este momento trabajando para él. Me inclino a pensar que sea un babalao en Cuba”, dijo De la Torre, que fue funcionario del gobierno cubano. “La inteligencia cubana le puede haber recomendado a Chávez escoger a un babalao cubano, porque es garantía de hermetismo”, agregó.
La referencia a elementos de gran impacto simbólico como la sangre, ha sido una constante en esta lucha.
En varios sectores de la población se ha comentado con insistencia que el Presidente sacrificó un león para bañarse en su sangre.
En un llamativo discurso el Día de la Juventud, el pasado 12 de febrero, Chávez hizo un llamado ante un grupo de jóvenes a que estuvieran dispuestos a dar la vida por la revolución, y derramar la sangre si fuere necesario, “porque sangre que no se derrama no es sangre”.
Para De Viana, “evidentemente la gente quiere pelear en el terreno de la religión”, pero “nadie tiene derecho a utilizar a Dios como arma arrojadiza contra sus adversarios”.



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