Published On: dom, Nov 25th, 2012

Amargura sobre ruedas

Por: FRANCISCO GÁMEZ ARCAYA
En las mañanas y las tardes, aunque también los mediodías. De lunes a viernes, aunque también los fines de semana. De octubre a julio, aunque también en agosto y septiembre. En resumen, a toda hora y en todo momento. Esa es la frecuencia con la que los caraqueños, aunque también muchos otros venezolanos, nos enfrentamos a la amarga situación de inmovilidad cada vez que subimos a vehículos particulares y colectivos.

Durante las mañanas, ya desde el amanecer, los niños son sometidos al rigor de inadecuados e injustos madrugonazos. De esa forma, con ese duro comienzo, las familias, entre apuros y cansancios, salen de sus casas rumbo a perder la primera hora y media del día. Son momentos de lucha temprana, acompañados de vendedores de periódicos y de la voz ecuánime de César Miguel Rondón.

Y todo volverá a repetirse. Los que salgan a almorzar o deban buscar a sus hijos en el colegio, estarán acompañados esta vez del grato programa de Albani Lozada y Ramón Pasquier. Saldrán imaginando que al mediodía no habría tráfico, pero sufrirán una decepción. Habrá tráfico, sin duda alguna.

Y todo será igual por las tardes. Acompañados del programa «La cola feliz» conducido por Mariela Celis y Nelson Bocaranda, los vendedores de periódicos habrán mutado en vendedores de tostones. Así pasará una hora y media más, agotándose lentamente toda nuestra reserva de ánimos.

Aparte de los indispensables locutores y de los vendedores ambulantes, aparte de los camiones y autobuses y de los miles de carros detenidos, las víctimas del tráfico tenemos otras compañías. La del hampa, por ejemplo, que aprovecha la pobre iluminación de las vías, el estado de indefensión de los conductores y la impunidad nacional, para pescar con dinamita, robando a todos. Otros inevitables compañeros son los motorizados. Esos individuos que creen firmemente que su canal corresponde a las rayas blancas del pavimento. De esta forma, si algún conductor quisiera avanzar unos pocos centímetros adicionales, cambiándose de canal, seguramente será objeto de los insultos y golpes de algún motorizado ofendido por la ilegítima obstrucción.

Así, en medio de la frustración y la hostilidad, las necesidades fisiológicas reprimidas, los aburrimientos crónicos y las depresiones causadas por las frecuentes cadenas, así pasamos los venezolanos más del 20% de nuestras vidas activas. Los descendientes de aquel aguerrido pueblo que le dio la libertad a varios países de América, somos ahora dóciles ciudadanos que soportan, que toleran, que se adaptan. Mientras tanto, los responsables de poner orden, de crear y mantener vías adecuadas, de proporcionarnos una vida digna en el ámbito público, permanecen felices ante el silencio de esta diaria y silente frustración colectiva.

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