Published On: dom, Dic 9th, 2018

«Arco minero del Orinoco» o la extracción rudimentaria de oro y minerales en Venezuela, deja terribles secuelas

«Fiebre del oro» destruye la salud y la naturaleza en Venezuela

El uso prolongado de mercurio para la extracción de oro y otros minerales ha dejado terribles secuelas en el ambiente y la salud de las comunidades, con uno de los índices de contaminación más altos en el mundo.

La fiebre del oro está corriendo por las planicies del sur de Venezuela, a medida que por sus ríos y drenajes se vierten miles de litros de sustancias tóxicas que amenazan al ecosistema y a las poblaciones más pobres, sobre todo las indígenas.

La explotación de la rica franja de minerales de Venezuela, el denominado Arco Minero del Orinoco, ubicado en el sureño estado Bolívar, es la última maniobra que el Gobierno del dictador Nicolás Maduro puso en marcha para evitar el colapso definitivo de la economía, que en parte ha ocurrido por la grave corrupción.

El auge de la minería aurífera dentro del Parque Nacional Canaima, declarado patrimonio de la humanidad la UNESCO, ha desatado luchas territoriales en Bolívar entre mineros ilegales e indígenas por hacerse del control de zonas ricas en oro. Para los explotadores de este metal precioso el término “medio ambiente” es demasiado etéreo.

La contaminación

Con el uso rudimentario y sin control del mercurio para la extracción de oro, miles de litros de esta sustancia tóxica están corriendo a diario por los ríos y afluentes del minero estado Bolívar, contaminando peces y sembrados, y generando un alto riesgo de malformaciones en recién nacidos y problemas neurológicos en los pobladores a corto plazo, denuncian organizaciones ambientales.

El mercurio se utiliza para separar y extraer el oro de las piedras en las que se encuentra. Este se adhiere al valioso mineral, formando una amalgama que facilita su separación de la roca, arena u otro material. Luego se calienta la amalgama para que se evapore el mercurio y quede el oro, explica una guía del Programa de Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA)

«En muchos casos sólo 10% del mercurio agregado a un barril o a una batea (en el caso de la amalgamación manual) se combina con el oro para producir la amalgama. El resto (90%) es sobrante, debe retirarse y reciclarse, o se libera en el medio ambiente», convirtiéndose en un peligroso factor para la naturaleza, según los especialistas al servicio de PNUMA.

Cerca de 50.000 mineros se dedican a la extracción de oro en Bolívar, según datos de 2017 de la Cámara Minera de Venezuela, pero las estadísticas aún no exponen los dígitos de afectados por la exposición al mercurio, un problema común en muchos países de Suramérica donde esta forma de economía es clave en zonas remotas y no es controlada por el Estado.

Un reporte del Observatorio de Ecología Política de Venezuela indica que “el uso prolongado de mercurio para la extracción de oro y otros minerales ha dejado terribles secuelas en el ambiente y la salud de las comunidades, con uno de los índices de contaminación más altos en el mundo”.

Bolívar es el estado más grande de Venezuela y por él circula más de una decena de ríos con afluentes hacia Brasil y Colombia. Las vertientes de agua contaminada terminan tarde o temprano mezclándose, por lo que una pequeña crisis ambiental en un par de poblados puede terminar convirtiéndose en un problema internacional.

El mercurio en sus distintas formas es tóxico para el sistema nervioso central y el periférico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la inhalación de vapor de mercurio puede ser nociva para los sistemas nervioso e inmune, el aparato digestivo, los pulmones y riñones, con consecuencias a veces letales.

En el caso de Venezuela, Colombia y Perú, la extracción del oro se realiza generalmente a cielo abierto deforestando bosques y vertiendo mercurio sin reparar en las consecuencias para el medio ambiente y las poblaciones indígenas.

Las sales de mercurio inorgánicas “son corrosivas para la piel, los ojos y el tracto intestinal y, al ser ingeridas, pueden resultar tóxicas para los riñones. Es por eso que la insuficiencia renal, a largo plazo, es uno de los mayores problemas por la exposición al mercurio”, detalla el médico venezolano Samuel Yary, quien desde el estado Bolívar ha sido testigo, junto a sus colegas, de los padecimientos que algunos pobladores expresan tras revelar su exposición a ese metal pesado.

El mercurio “esta afectando a los propios mineros fundamentalmente, quienes trabajan en el proceso de amalgamiento de este producto con las manos desnudas, sin tapabocas y sin ningún tipo de protección”, explica SOS Orinoco, una organización conformada por ecólogos y activistas del medio ambiente venezolano que ha alzado su voz a través de diversos estudios e informes para advertir de la crisis en cierne.

Explotación extendida

Un mapa con 33 sitios de actividad minera dentro y en los alrededores del Parque Nacional Canaima, verificados por vía satelital entre 2017 y 2018, fueron presentados por esta organización en un detallado informe enviado a la UNESCO este año, para advertirle de los daños a este patrimonio de la humanidad.

SOS Orinoco ha constatado evidencias de las enfermedades por envenenamiento por mercurio entre los mineros, cuya expectativa de vida es muy baja por los riesgos a los que se enfrentan.

Sin embargo, los expertos de la organización anotan que son los mineros los responsables de la contaminación porque “el mercurio es esencial en el proceso de extracción del oro”.

Las minas a cielo abierto tienden a incluir estanques de agua servida para curar el oro, y los gases emanados no solo han resultado nocivos para los mineros y habitantes, sino en conjunto para el ecosistema de ese rico estado venezolano.

Los daños ambientales más evidentes generados con la explotación del Arco Minero son la remoción de los fondos de los ríos y la deforestación, aunque los expertos de SOS Orinoco sugieren que “el peor efecto de todos es el socio ambiental ya que la minería ha destruido y desestructurado las comunidades indígenas”.

Los científicos de la OMS sostienen que el mercurio sufre complejas transformaciones en el medio ambiente (el aire, los sedimentos y el agua). Una vez que se ha depositado, la forma química del mercurio puede penetrar en el suelo y los sedimentos, en gran parte a través del metabolismo bacteriano. De esta forma llega a los alimentos.

El metilmercurio se bioacumula (presenta mayores concentraciones que en el entorno) en los peces y mamíferos marinos y de agua dulce. Cuanto más viejo sea el pez o mamífero, mayor será su concentración de metilmercurio, sostiene la OMS.

La región

Conforme la fiebre del oro se expande en Venezuela y con ello sus consecuencias, en América Latina son pocos los países donde los propios pobladores tienen controles a la hora de utilizar mercurio u otros químicos para la explotación aurífera.

Investigadores de la Universidad Externado de Colombia estiman que al menos 80 ríos colombianos estarían contaminados con mercurio, con los departamentos de Chocó, Bolívar y Antioquia entre los que más afectados, ha reportado Radio Caracol.

El Departamento Nacional de Planeación de Colombia estima que ese país es el tercero con mayores índices de contaminación por mercurio en el mundo por detrás de China e Indonesia, explicó a esa radio Milton Montoya, director de Investigaciones del Departamento de Derecho Minero de la Universidad Externado.

Una investigación del Centro de Innovación Científica Amazónica, que trabaja desde Perú, reveló que en los últimos 32 años (1985-2017), 95.750 hectáreas fueron deforestadas por la minería aurífera en el sureste de la Amazonía peruana -un área más vasta que la ciudad de Lima- y uno de los grandes responsables es el uso prolongado del mercurio.

Los expertos de SOS Orinoco no tienen evidencias hasta ahora de que el cianuro, como otro elemento químico que facilita la explotación aurífera ilegal, se esté usando en zonas venezolanas, explicaron a DIARIO LAS AMÉRICAS. “Aquí es fundamentalmente el mercurio”, subrayaron.

América Latina y el Caribe han participado en la negociación del Convenio de Minamata sobre el mercurio, una estrategia de las Naciones Unidas para frenar su uso y emisión. Aún quedan varios países de la región por ratificar este mecanismo legal y crear las bases para su aplicación.

En casos como los que se ven en las selvas de Colombia, Venezuela y Perú, donde buena parte de territorios ricos en recursos están siendo explotados ilegalmente, hace falta la conciencia nacional sobre los daños futuros. Si el oro genera riquezas, las tierras muertas traen miseria.

Fuente: Diario Las Américas

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