Published On: lun, Sep 30th, 2013

Bayly, por favor, no te mueras

Por: Manuel Aguilera

Estimado Jaime, pensarás que es una tontería que te escriba por este medio. Tengo tu celular y tu dirección de correo electrónico, donde nos comunicamos habitualmente y podría haberte escrito en privado para hacerte la petición que voy a lanzar públicamente.

Y es que de eso se trata, de que se entere todo el mundo, cuanta más gente mejor.

Somos vecinos, desde mi página tres puedo saludarte con la mano. Pues bien, querido vecino hoy voy a dedicar mis líneas semanales a hacerte un ruego en nombre de los innumerables lectores que se pusieron en contacto con nosotros la semana pasada tras la publicación en nuestra edición de papel y en web de tu artículo “Ahora que por fin soy rico, estoy muriéndome”. Decenas de comentarios online lamentaban tu desgracia. Algunos incluso imploraban a Dios para que no te dejara marchar.

La centralita de nuestro Diario se colapsó el lunes. De ser verídico lo planteado en tu columna: ¿Qué sería de esta ciudad sin Jaime Bayly?, se preguntaban.

Los hermanos Castro brindarían con champán francés, Evo organizaría un partido de fútbol, Correa concedería un día de fiesta nacional y Maduro lloraría de alegría frente a su pajarito.

Hasta Leopoldo López y Henrique Capriles respirarían aliviados. En su próxima visita al sur de la Florida se librarían de tus preguntas incómodas de entrevistador incisivo.

Entenderás entonces que si mis lectores están tristes y los gobernantes que pisotean la democracia en América Latina, contentos, me veo en la obligación de pedirte encarecidamente que no se te ocurra morirte y dejarnos solos en este valle de lágrimas.

No sé si te conté que un lunes de hace unas semanas, al día siguiente de que publicáramos una columna que comenzabas diciendo “a mi esposa le gustan dos mujeres”, me pasaron una llamada en el Diario de una lectora enfurecida. “¿Usted no se lee lo que escriben sus columnistas antes de publicarles?”, “¿Qué le parece que sus hijos puedan leer esto?”…

Yo me defendí con aquello de la libertad de expresión, de diferenciar entre información y opinión, del respeto a la de creación de un articulista… De nada sirvió, la señora se enfurecía más y más.

Según ella, tus comentarios le habían puesto tan enojada que “no podía parar de leer”. De eso, se trata, Jaime, de que no podemos parar de leerte ni de verte por la televisión.

Ni cuando te burlas de los dictadores que nos acechan, ni cuando nos cuentas tus realidades y ensoñacio- nes sexuales ni tampoco cuando afirmas que te estás muriendo. La señora enojada que no puede parar de leerte, yo y muchos más te necesitamos.

Por favor, amigo Bayly, no te mueras.

Hasta la semana que viene. Nos vemos el próximo domingo en estas páginas.

Diario Las Americas

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