Publicado el: Sab, Jul 9th, 2016

Carta abierta a las Rectoras del CNE

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Ciudadanas Rectoras:

Con verdadero asombro ciudadano he leído las declaraciones de la presidenta de esa institución acompañada por uds., en las cuales exige se les respete y cesen los improperios, amenaza, vilipendios e insultos en su contra como manera de hacer política.

En principio podría estar de acuerdo con ello, pero, señoras rectoras, el respeto no se pide ni se exige, quien pide o exige respeto es por no se lo ha ganado. En ambas modalidades se traduce en debilidad, miedo o reconocimiento expreso de una inexcusable falta de ética personal en su actuación ciudadana y, más, grave aún, en su actuación como funcionario público. Deberían Uds hacerse una auto crítica sobre su comportamiento con relación a la falta de respeto que, desde la institución que dirigen, han cometido a lo largo del tiempo en contra de la ciudadanía nacional, no viene al caso repetir ahora lo ocurrido en la anterior elección y que está ocurriendo con el revocatorio.

El respeto se gana mediante la integridad personal con marcada coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. El respeto se gana mediante la confianza y así, corresponde a los funcionarios públicos actuar con estricto apego a la legislación nacional, muy especialmente a la normativa que deben regir en su comportamiento frente al órgano electoral.

El respeto se gana desde el funcionariado público cuando sus funcionarios cumplen con la máxima exigencia y eficacia las atribuciones contenidas en la ley que les rige.

El respeto se gana en el CNE cuando sus rectores proceden con objetividad e imparcialidad en el cumplimiento de sus atribuciones y se ajusta su conducta a la ética profesional y personal.

En la función pública que desempeñan las ciudadanas rectoras debería existir un código de conducta particular ante lo sagrado de la visión, misión y objetivos que se les han encomendados, donde prive el comportamiento ético que fortalezca la dignidad de los funcionarios públicos y no la degradación de los mismos, para ganarse la confianza de la sociedad y el respeto personal. Para ello se requiere honradez e integridad personal, transparencia, imparcialidad, lealtad ciudadana.

Se hace necesario consolidar una cultura de ética e integridad que emane del CNE hacia la sociedad y no a la inversa, para una mejor convivencia y respeto mutuo, para lograr el equilibrio político social que clama el país entero, donde todos los ciudadanos deberíamos ser dignos, apreciados y bien tratados, bajo el principio de los más elementales principios de la ética, de la moral, de la convivencia pacífica y se eleve la autoestima del CNE.

La sociedad venezolana y el mundo entero consideran intolerable las amenazas, denuestos, vilipendios, insultos y descalificaciones diarias que desde Miraflores vocifera su inquilino a diario contra ciudadanos venezolanos y extranjeros, si el CNE no exige respeto a la ciudadanía ¿Quién frena esos ímpetus oficialistas y le exige respeto a la majestad del cargo?

Valencia, 09.07.16
FERNANDO FACCHIN BARRETO
Ciudadano venezolano y socialdemócrata

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