Publicado el: Jue, Jul 14th, 2016

Caso Venezuela también divide a Mercosur

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Venezuela, el miembro incómodo, también divide a Mercosur

Al presidente Nicolás Maduro le tocaría ponerse al frente del bloque sudamericano, pero la idea no convence a algunos países miembros por motivos políticos y económicos, en una polémica que refleja el cambio del equilibrio de fuerzas en Sudamérica.

La Venezuela chavista nunca ha sido un socio fácil en el Mercado Común del Sur (Mercosur). No había ingresado formalmente y ya estaba demandando cambios en la organización. “El Mercosur, o lo transformamos, o va a morir, como murió la CAN (Comunidad Andina de Naciones) porque dejó eso en manos de trasnacionales”, declaró el difunto presidente Hugo Chávez en marzo de 2007, cuando todavía Caracas transitaba el proceso de adhesión plena al bloque creado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Así entró Chávez al club sureño. Exigiendo que se “reformateara”, y reclamando a sus pares comportarse como “estadistas” para ver “las verdades políticas más allá de los intereses de las grandes transnacionales o de los sectores privados”. Denigrando de la “competencia” y exaltando “la cooperación en la complementariedad”.

Nueve años después, Venezuela apenas pide que le respeten su turno al frente de la presidencia rotativa de Mercosur. “Esto no está sujeto a ningún tipo de votación, no está sujeto a ningún tipo de consenso, ni muchísimo menos de condicionamiento”, expresó el martes la canciller Delcy Rodríguez.

Basándose en los tratados fundacionales de Asunción (1991) y Ouro Preto (1994), la ministra recordó que “transcurrido un semestre se traspasa automáticamente la presidencia al país que corresponda por orden alfabético. En este caso, el país que corresponde es Venezuela”. Las normas obligan, entonces, a que el presidente Nicolás Maduro tome las riendas de manos de su colega uruguayo, Tabaré Vásquez.

Sin embargo, las reservas de los gobiernos de Paraguay y Brasil frenaron momentáneamente el ascenso de Maduro. Las discrepancias quedaron en evidencia en la reunión que sostuvieron este lunes en Montevideo los ministros de Relaciones Exteriores del grupo. Una de las razones de la disputa es económica: en la actualidad, Mercosur negocia con la Unión Europea un tratado de libre comercio. La segunda, y quizás más peliaguda, es de carácter político: el canciller paraguayo, Eladio Loizaga, denunció que la revolución chavista pretende cerrar el Parlamento venezolano, de mayoría opositora.

En Asunción sigue abierta la herida por la intervención de Maduro en los hechos que culminaron con la destitución del presidente Fernando Lugo en junio de 2012. El respaldo a Lugo le valió al líder venezolano – que por entonces fungía de canciller- ser declarado persona no grata por el Congreso paraguayo, resolución que fue retirada en diciembre de 2013. Además de impulsar el intercambio comercial entre sus integrantes, el bloque tiene entre sus principios la defensa de la democracia, tal como lo establece el Protocolo de Ushuaia firmado en julio de 1998. El artículo 6 de ese texto abre la posibilidad de suspender al miembro que sufra una “ruptura del orden democrático”.

Cambio de fuerzas

“Estamos viviendo un panorama regional que no es placentero para Maduro”, observa el analista Carlos Romero. Cuando Venezuela inició su acercamiento a Mercosur, el viento le era favorable. Los gobiernos izquierdistas de la zona, encabezados por el brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva y el argentino Néstor Kirchner, simpatizaban con las tesis ideológicas de Caracas. No obstante, las transformaciones políticas que han sacudido a Sudamérica dejaron al chavismo sin sus aliados tradicionales.

Romero señala que las dificultades que enfrenta el mandatario venezolano en el escenario internacional no obedecen exclusivamente a la muerte de Chávez, la caída de los precios del petróleo y los cambios que alteraron el equilibrio de fuerzas en el hemisferio. “El problema de fondo es que no ha funcionado el modelo económico venezolano del socialismo del siglo XXI, ni internamente ni a nivel regional”,subraya el profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

“Argentina, Brasil, Paraguay y hasta Uruguay, aunque allí gobierna el Frente Amplio, han seguido los lineamientos generales del libre mercado”, destaca el académico, que contrasta ese modelo con el que aplica en Venezuela el régimen chavista, marcado por la intervención del Estado en la economía, las expropiaciones y un conflicto permanente con los sectores empresariales.

Romero apunta que Chávez intentó forjar su propio modelo de integración con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), “pero no funcionó como pretendían”. En este contexto, estima que Caracas se ha convertido en una “piedra de tranca” para Mercosur, donde las decisiones deben tomarse por consenso.

Dos caminos

La comunidad internacional está metida de lleno en la crisis venezolana. El caso fue objeto de debate en la Organización de Estados Americanos (OEA), donde su secretario general, Luis Almagro, propuso la activación de la Carta Democrática. Y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) promueve el diálogo entre las partes, con el apoyo de los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero (España), Leonel Fernández (República Dominicana) y Martín Torrijos (Panamá).

El consultor político Nicmer Evans, afín al chavismo, cree que Mercosur debe elegir qué posición tomará en este conflicto. “Puede asumir una postura injerencista, imponiendo sanciones que al final no tienen una repercusión real, o facilitar el diálogo en Venezuela”, plantea el politólogo.

Evans sostiene que el bloque debe “cumplir con sus procedimientos”, admitiendo la presidencia rotativa de Venezuela, aunque posteriormente abra una evaluación sobre el desempeño democrático del Gobierno de Maduro. “El procedimiento no es frenar que Venezuela asuma la presidencia, sino superar los errores que comete la OEA y asumir un rol de facilitador para beneficio del pueblo venezolano”, recalca el portavoz de la organización Marea Socialista.

Duro cuestionamiento

Por su parte, el internacionalista Félix Gerardo Arellano resalta que, en principio, luce “sorprendente” toda la discusión que se ha generado por la presidencia rotativa de Mercosur, cargo que no concentra ningún poder especial. “Es un asunto simbólico, administrativo”, indica.

“Ahora, lo delicado es lo que está detrás, que es un rechazo a Venezuela desde múltiples perspectivas”, enfatiza Arellano, con Paraguay cuestionando el estado de la democracia y el respeto a los Derechos Humanos en el país, y Brasil criticando las “deudas pendientes” de la revolución chavista en materia de libre mercado y unión aduanera.

El experto considera que el modelo venezolano, que describe como “autoritario, centralizador, violador del mercado y de la libre empresa”, choca con la fórmula de Mercosur, que además de buscar un pacto con la Unión Europea también se está acercando a la Alianza del Pacífico.

“Un modelo estatista no favorece el libre mercado. Venezuela podría solicitar tiempo para adaptarse a las nomas y objetivos de Mercosur, pero eso exige que se produzca un cambio interno, cosa que Maduro no parece dispuesto a realizar”, concluye Arellano.

Por PPPeñaloza

Fuente: Univisión

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