Publicado el: Sab, Abr 16th, 2016

Castro propone límites de edad para cargos en Cuba y anuncia reforma constitucional

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El gobernante, de 84 años, dice que 60 años sería el máximo de edad para entrar al Comité Central del partido
Anuncia una reforma constitucional en Cuba pero descarta cambios políticos
Gran parte de su intervención se centró en un balance de la economía y la reforma que ha impulsado
“Proponemos establecer el límite de 60 años como edad máxima para ingresar al Comité Central del Partido…y hasta 70 años para cargos de dirección en el Partido”, dijo Castro y explicó que el objetivo era “el rejuvenecimiento sistemático en todo el sistema de cargos partidistas” para que “las cosas nunca nos sorprendan” y la sucesión “fluya con naturalidad”.

Castro anunció que se fijará un límite de 60 años como edad máxima para ingresar al Comité Central del Partido Comunista (PCC, único) y de 70 para desempeñar puestos de dirección en la organización. Vista del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en el Palacio de Convenciones de La Habana, el 16 de abril de 2016.

Los cambios requerirían reformar los estatutos del Partido Comunista. Castro añadió que la propuesta debería extenderse a todo el sistema directivo en el Estado, el gobierno y las llamadas “organizaciones de masas”, previa aprobación de la Asamblea Nacional.

En ese sentido, anunció además la realización en los próximos años de un referendo constitucional para “ajustar la Carta Magna y reflejar todos los cambios que vamos haciendo”. Inmediatamente, aclaró que la reforma a la Constitución mantendría el carácter “irrevocable” del socialismo y el papel del Partido como “vanguardia en nuestra sociedad”.

Los hermanos Fidel y Raúl Castro han gobernando Cuba por 57 años. Ahora de 84 años y a punto de cumplir 85, Raúl Castro comentó que sugería los cambios “por razones obvias y la propia experiencia”. En un momento comentó jocosamente que, de ese modo, los dirigentes de avanzada edad allí presentes, podrían así “descansar” y ayudar a “cuidar a los nietos” y “leer”.

El público de militantes reunidos respondió con cierto estupor, algo que Castro no dejó de notar y llamó la atención sobre el “silencio” del público.

El gobernante desdeñó las presiones internacionales y sobre todo de Estados Unidos, para reformar el sistema político e instaurar el pluripartidismo. En un momento, decidió echar a un lado el documento que leía para hacer “una anécdota” de sus conversaciones con funcionarios estadounidenses sobre el tema de los derechos humanos.

“Lo que más disfrutaba era cuando me decían que en Cuba solo hay un Partido” comentó Castro. El gobernante dijo a la explicación del “americano” (que bien podría ser Barack Obama, con el que se ha reunido en varias ocasiones) acerca de la existencia de dos partidos en EEUU, el demócrata y republicano, ripostó: “eso es igual que si tuviéramos dos partidos; Fidel dirige uno y yo otro”, bromeó.

El incidente provocó el nerviosismo del canciller Bruno Rodríguez, quien le pasó una nota a Raúl Castro recordándole que “estamos en vivo”, en referencia a la trasmisión del discurso en la televisión cubana. Castro se refirió a la nota, agradeció al canciller y entre risas comentó: “lo que estamos es vivos”.

Además de dejar claro que no hay cambios políticos en el horizonte así como su intención de pavimentar la sucesión sin contratiempos, durante sus más de dos horas de discurso, el mandatario cubano intentó despejar dudas y complacer a distintos públicos, con el énfasis puesto en los cambios económicos.

A la base más conservadora dentro del Partido envió un mensaje claro sobre los límites que tendrá la propiedad privada dentro del sistema económico del país: “reafirmamos el principio socialista del predominio de la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción”.

A los inversionistas extranjeros, preocupados por la dualidad monetaria, Castro intentó también enviar un mensaje de calma: “la solución no quedará para las calendas griegas”, prometió. Los acreedores internacionales también escucharon el compromiso del gobernante de “no retroceder” en ponerse al día con la deuda y sanear las finanzas.

Pero el discurso también ilustró las diferencias con su hermano Fidel, quien llevó a cabo una “ofensiva revolucionaria” en 1968 para cerrar las pequeñas empresas y comercios, en su lucha contra el mercado y el capitalismo.

Aunque se refirió indirectamente al apoyo estadounidense a la pequeña empresa privada para generar actores del cambio en la isla, Castro afirmó que “las cooperativas, el trabajo por cuenta propia y la mediana y pequeña empresa privada no son, por su esencia, antisocialistas ni contrarrevolucionarias”, e incluso calificó de “revolucionarios y patriotas” a la “enorme mayoría de quienes allí laboran son”.

A sus aliados latinoamericanos e internacionales, el gobernante dedicó largos párrafos para reiterar su fidelidad a los “principios originales” de la política exterior cubana. Aprovechó para “rechazar las pretensiones de aislar a Venezuela mientras se dialoga con Cuba” así como las intenciones de EEUU de “socavar la integración de América Latina” mediante una reforma de la Organización de Estados Americanos. Castro fue categórico en descartar el ingreso de Cuba a esa organización regional: “primero se unirá el mar del norte con el mar del sur, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”, dijo parafraseando a José Martí.

Menos complacidos probablemente estuvieron dos audiencias fundamentales del discurso: la población cubana que depende de los salarios estatales para subsistir y sin mayores sorpresas, EEUU, a los que en alguna ocasión se refirió sin nombrarlo como “el enemigo”.

Al inicio, el mandatario cubano aclaró que las medidas económicas que impulsa, muchas de ajuste y recortes de subvenciones, no deben implicar “una ruptura con los ideales de igualdad y justicia y muchos menos resquebrajar la unidad del pueblo con el Partido y que se genere inestabilidad e incertidumbre en la población”, en lo se interpreta como un rechazo a las terapias “de choque”.

Pero Castro solo mencionó de pasada que “los salarios y pensiones siguen siendo insuficientes para satisfacer las necesidades básicas de la familia cubana” y no anunció ningún aumento salarial. Además, intentó achacar la mayor responsabilidad por los altos precios de los alimentos no a la deficiente producción ni a la disminución en las importaciones para compensar los nuevos pagos a la deuda internacional, sino “al manejo inescrupuloso de los precios por parte de los intermediarios”.

Sobre el proceso de normalización con Estados Unidos, aunque reiteró la voluntad de establecer un “nuevo tipo” de relación con ese país, reiteró la lista de demandas de su gobierno: la eliminación del bloqueo, la ley de Ajuste Cubano y el programa de “parole” para médicos cubano, así como la devolución del territorio de la base naval en Guantánamo. Castro achacó a EEUU intenciones de “ajustar el mundo a su conveniencia”.

Como ya se hizo evidente en los variados mensajes codificados en el discurso, el gobernante alertó al Partido Comunista sobre el nuevo contexto en el que ya le tocaba gobernar, uno marcado por la “heterogeneidad” por lo que instó a estimular el debate dentro de la organización y “superar la falsa unanimidad…No tenemos ningún miedo a las discrepancias”, afirmó.

Sin embargo, llamó a combatir “la subversión política” y aumentar “la labor ideológica con los jóvenes, expuestos a “un crecimiento de acciones perfiladas a fomentar los valores de la sociedad de consumo, la apatía, el desarraigo y el desaliento”. El mandatario no aclaró quien estaba detrás de esas acciones pero dio a una pista al mencionar que “se estimula la emigración ilegal al amparo de la ley de Ajuste Cubano”, en una alusión bastante clara a los Estados Unidos.

Fue evidente su disgusto con la resistencia que su intento de reforma ha encontrado dentro de las mismas filas del Partido y el gobierno. En varios momentos regañó a funcionarios y burócratas por “quedarse con los brazos cruzados”, no ser “previsores” y ser poco “ágiles para corregir las deficiencias en la implementación de los lineamientos”.

Y en lo que parece una respuesta a las críticas de militantes por el secretismo con el que se manejaron los documentos que serían aprobados en el Congreso, Castro anunció que la discusión del documento que “conceptualiza” el modelo económico y social cubano” (basado en el “legado martiano, el marxismo-leninismo, el pensamiento del líder histórico de la revolución, Fidel Castro, así como la propia obra de la revolución”), no se concluirá en esta reunión.

Aunque al finalizar José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del PCC, calificó la intervención como “brillante”, no pareció reírse mucho con las varias alusiones de Castro a su edad y a la de la mayoría de los miembros del Comité Central, que en algún momento el gobernante llamó “viejos”. De aprobarse la propuesta hecha por Castro, su lugar en la sucesión del mando en el Partido Comunista quedará aún más incierto.

Nora Gámez Torres: @ngameztorres

Fuentee: http://www.elnuevoherald.com

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