Published On: mar, Sep 23rd, 2014

Caza de brujas en Venezuela

Por: Gina Montaner

En la era de Hugo Chávez era difícil imaginar una peor situación para Venezuela. Sin embargo Nicolás Maduro, su sucesor, ha conseguido elevar el listón del descalabro general. Y lo que es aún más grave, bajo su debilitado gobierno se recrudece la persecución contra las voces disidentes.

A la vez que el preso político Iván Simonovis es excarcelado temporalmente para cumplir arresto domiciliario mientras recibe tratamiento médico por diversas dolencias, en la cárcel militar de Ramo Verde coinciden figuras como el líder de Voluntad Popular Leopoldo López con estudiantes apresados por encabezar las protestas pacíficas que estallaron en febrero y que fueron violentamente reprimidas.

La esposa de López y la opositora María Corina Machado publican en sus cuentas de Twitter que se debe dar libertad plena a Simonovis, quien ha cumplido 10 de una condena de 30 años, y liberar al resto de los disidentes. Pero eso no va a suceder en un país donde todavía hoy la jueza María Lourdes Afiuni, que fue violada repetidamente durante su cautiverio, está bajo libertad condicional y no ha sido desagraviada por las humillaciones de las que ha sido víctima.

Lo cierto es que la represión es cada vez mayor y la única arma que tiene Maduro para defender sus fallidas políticas es la de culpar a los demás de sus fracasos con la manida táctica de las teorías conspirativas. En las últimas semanas ha desatado su particular cacería de brujas: al profesor venezolano Ricardo Hausmann, con una importante cátedra en Harvard, lo señala como el cerebro de un supuesto complot internacional después de que éste publicara un trabajo sobre la inviabilidad económica de su gobierno, indicando que Venezuela podría entrar en default. Maduro pretende iniciar una investigación penal por el crimen de escribir un certero análisis económico.

Escalada represiva de Maduro

Pero las garras inquisitoriales del gobernante van más allá del ámbito académico y llegan hasta Hollywood, donde quisiera estigmatizar con la letra escarlata a la artista cubano-venezolana María Conchita Alonso, acérrima crítica del chavismo. Desde Caracas amenazan con quitarle la ciudadanía, asegurando que la protagonista de Moscú en Nueva York también forma parte de la conspiración cósmica que se cierne sobre el socialismo del siglo XXI.

Y debe ser cósmica cuando Maduro y sus hombres están dispuestos a «privar de libertad» a Ángel Sarmiento, Presidente del Colegio de Médicos del estado Aragua, por haber denunciado las muertes de al menos ocho pacientes en el hospital central de Maracay a causa del virus que trasmite el mosquito Chikungunya. A pesar de que las autoridades han hecho lo imposible por ocultar la crisis sanitaria, Sarmiento se atrevió a advertir públicamente de la rápida propagación de esta contagiosa enfermedad. Hoy es otro perseguido bajo sospecha de ser cómplice de una intriga internacional, que incluye a medios como CNN en español y el periódico ‘El Nuevo Herald’ por divulgar las pésimas condiciones de los hospitales públicos en Venezuela.

Precisamente este domingo el New York Times ha publicado un editorial denunciando la escalada represiva del gobierno de Maduro. El prestigioso diario señala que la comunidad internacional debería impedir que el año próximo Venezuela acceda al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas porque eso sería darle un espaldarazo a un régimen que se ha convertido en una «vergüenza» para el continente. Me temo que tan atinado consejo caerá en saco roto.

EL MUNDO.ES

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