Published On: lun, Abr 22nd, 2019

Con el 73,2% de los votos, el cómico de 41 años Volodímir Zelenski es el nuevo presidente de Ucrania

El populismo de Zelenski gana en Ucrania y se abre un periodo de incógnitas

La victoria del cómico ha sido un voto de castigo en toda regla, pero también con una enorme carga emocional de indignación.

Como ya venían indicando los sondeos y la inmensa mayoría de los politólogos, el vencedor en los comicios presidenciales de ayer domingo en Ucrania ha sido el cómico de 31 años, Volodímir Zelenski. Según los sondeos a pie de urna elaborados por el Centro Nacional Exit Poll, el showman más popular de Ucrania ha obtenido el 73,2% de los votos mientras su adversario, el actual presidente del país, Petro Poroshenko, ha logrado solamente el 25,3% de los sufragios.

El experto ruso del centro Politburó 2.0, Evgueni Minchenko, está convencido de que lo sucedido ayer en Ucrania «va a tener serias consecuencias para Rusia cuando celebre elecciones». A su juicio, «se impone un nuevo estilo en el planeta (…) más abierto, sincero, en contra del establishment y empleando nuevos canales de comunicación y movilización».

En un colegio electoral de Kiev cercano al monasterio Kievo-Pecherska Lavra los votantes salían sin ningún miedo a admitir que optaron por Zelenski. Un joven soldado de paisano con el pelo rapado y portando un petate caqui fue el único que mostró discreción y se negó a revelar el sentido de su voto.

Junto a él dos mujeres de media edad y otra más joven comentaban entre sí que sentían «alivio» después de haberse decantado por el cómico y dejado en la estacada a Poroshenko. Refiriéndose al hasta ahora jefe del Estado, una de ellas deploró que «no cumplió ni una sola de sus promesas, ni acabo con la guerra, ni elevó el nivel de vida, ni acabó con la corrupción».

Ha sido un voto de castigo en toda regla, pero también con una enorme carga emocional de indignación. Casi nadie parece haberse parado a calibrar qué va a pasar a partir de ahora, qué pasos dará Zelenski cuando tome las riendas del país. El único mensaje claro que ha lanzado durante la campaña electoral ha sido que luchará denodadamente contra la corrupción, lo que no es poco. Pero todo los demás es una incógnita.

En cuanto a las relaciones con la Unión Europea, Zelenski ha lanzado mensajes difusos, unas veces a favor de la integración y otras conformándose con una cooperación más o menos estrecha. En relación con la OTAN, dijo al principio que Ucrania buscará ser miembro, pero luego lo condicionó a la celebración de un referéndum.

Romper el sistema

A propósito de Rusia, su postura es todavía más enigmática. Bien es verdad que, a diferencia de Poroshenko, no ha pronunciado ni una vez la palabra «agresor» para referirse al Kremlin, lo que en Moscú se valora positivamente. Sin embargo, no ha explicado cómo piensa abordar la cuestión de recuperar el control sobre las provincias sublevadas de Donetsk y Lugansk, a las que Rusia sigue ayudando militarmente y a cuyos ciudadanos les están ya repartiendo pasaportes rusos. Tampoco se sabe qué ideas tiene Zelenski en materia económica.

Este actor y cómico, capaz de enfervorizar al público presente en sus espectáculos televisivos, surgió de la nada cuando la favorita para haber ganado los comicios era la carismática «dama naranja», la exprimera ministra, Julia Timoshenko. Pero también ella, una veterana política que ha pasado por todo tipo de trances, cárcel incluida, tenía el estigma de pertenecer a una élite, no sólo corrupta, sino también supuestamente insensible con los sufrimientos y necesidades de la población.

El propio Zelenski dijo el viernes que su irrupción tiene como objetivo «romper el sistema» y eso ha gustado. Especialmente en Kiev, en el este y el sur de Ucrania, en donde, según datos todavía oficiosos, habría obtenido el 72,9%, el 88,8% y el 73,4% de los votos. En la parte occidental del país, es donde menos aceptación ha tenido con un 55,6%, pero también más que Poroshenko.

El vencedor de los comicios acudió ayer a votar en compañía de su esposa Elena y parecía estar actuando en su show habitual. Desenfadado, socarrón e incluso transgresor, ya que mostró su papeleta votándose a sí mismo y fue sancionado por ello. La Policía le tramitó un protocolo administrativo. Hasta el numerito que le montó una activista de Femen embarazada, que le exigió «basta de violar a Ucrania», le sirvió a Zelenski para darle realce a su aparición en el colegio electoral.

Poroshenko, por su parte, fue a depositar el voto con la familia casi al completo y después se dejó ver en la misa del Domingo de Ramos, que este año tiene lugar para los ortodoxos coincidiendo con el Domingo de Resurrección de los católicos. Pero la imagen de seriedad institucional de poco le ha servido al presidente. Le lanzó una indirecta a su adversario diciendo que hay que votar «sin bromas porque no es gracioso lo que nos jugamos».

Zelenski ya anunció hace unos días que, de ganar los comicios, su siguiente objetivo serán las elecciones legislativas del próximo otoño. Su recién creado formación no tiene ni un solo diputado en la Rada Suprema (Parlamento) y, aunque el presidente cuenta con amplias prerrogativas, necesitará tener un grupo parlamentario suficientemente numeroso para evitar sorpresas desagradables. Sugirió incluso la posibilidad de disolver la Cámara y adelantar los comicios.

La «dama naranja»

Sin embargo, Artur Guerásimov, portavoz de la fracción parlamentaria del «Bloque Poroshenko» ya le ha advertido que «no hay razones legales para convocar los comicios fuera de plazo». La que también está preparando el terreno de cara a las legislativas es Timoshenko, derrotada en la primera vuelta de las presidenciales. Puesto que ha perdido por tercera vez la oportunidad de acceder a la jefatura del Estado, la «dama naranja» se propone ejercer desde el Parlamento un severo control de la actividad de Zelenski.

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, le ha instado a Zelenski a mantener conversaciones con los líderes separatistas de Donetsk y Lugansk, algo que se ha negado a hacer Poroshenko por considerarlos «terroristas». En declaraciones difundidas por la cadena de televisión Zvezdá, dedicada a Ejército ruso, Lavrov ha asegurado que «no hay alternativa al diálogo directo con las personas que forman parte de un amplio sector de tu propio pueblo, si les sigues considerando parte de tu pueblo».

Acuerdos de Minsk

Pero el vencedor de los comicios de ayer advirtió la semana pasada que su intención no es conceder un estatus especial a las dos regiones rebeldes, como establecen los acuerdos firmados en Minsk en febrero de 2015. Tampoco está a favor de concederles una amnistía, por lo que Lavrov le ha recordado que «los acuerdos de Minsk hay que cumplirlos porque no hay otra salida». Kiev siempre ha planteado la necesidad de celebrar unas elecciones en Donbás según la leyes ucranianas de forma que los representantes democráticamente elegidos serían sus interlocutores en unas negociaciones y no los dirigentes de los grupos armados instigados por Moscú que propiciaron la sublevación.

«Para el Kremlin sería mucho mejor que los ucranianos eligieran a un presidente que evalúe con sensatez la realidad, que tenga sabiduría política, que no sea un presidente de la guerra, sino de la paz y partidario de tener buenas relaciones con los vecinos, incluida la Federación de Rusia», declaró en la víspera de la primera vuelta electoral del mes pasado el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov.

Peskov lamentó además que las autoridades ucranianas no hayan autorizado que observadores rusos supervisen los comicios en Ucrania y que la mayor parte de los ucranianos residentes en Rusia se hayan quedado sin poder votar. En cuanto al posible reconocimiento de Moscú del resultado de las presidenciales de ayer, el portavoz del Kremlin explicó que «dependerá de cómo se desarrollen las votaciones», dando a entender que condenarán cualquier mínimo intento de pucherazo o irregularidad.

Sin embargo y pese a que en Rusia los ciudadanos de a pie dan por hecho que Zelenski es a quien el presidente Vladímir Putin quiere ver como ganador, la realidad es que tampoco parece hacerle mucha gracia. Este jueves , el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev anunció un nuevo paquete de sanciones contra Ucrania.

Tanto el politólogo ucraniano, Alexéi Léshenko, como el periodista ruso, Alexéi Venedíktov, creen que a Moscú lo único que le interesa es que continúe el caos en Ucrania para poder seguir demostrando que las revueltas y revoluciones continuas a lo único que conducen es al desorden y a la destrucción de los países como está sucediendo, no sólo en Ucrania, sino como se ha visto en Siria o Libia, recalcan reiteradamente las autoridades rusas.

Fuente: ABC

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