Published On: mar, Oct 22nd, 2013

Corrupción, impunidad y complicidad

Por: Fernando Faachin B.

 

Durante la semana que concluye se han dado a conocer, a manera de “show mediático rojo”, un hecho que muestra parte de lo que está pasando, donde la corrupción, impunidad y complicidad, son política de estado, identifican al gobierno del de cuyus y a su heredero, donde se ha propiciado, en forma vulgar, la formación de enormes fortunas personales, sin que a los responsables, jerarcas oficialistas, les ocurra nada.

 

El caso del Alcalde Valencia, no deja de tener en el fondo la intención de dejar en la ciudadanía la impresión de que se combate la corrupción y que no habrá impunidad para nadie, sin importar jerarquías, pero el cúmulo de casos denunciados y no atendidos por el MP, donde están involucrados altos funcionarios de PDVSA, AN y demás instituciones, esos, no serán investigados. Por encima de la “Declaración Jurada de Bienes”, los funcionarios, en vez de declarar su patrimonio al salir del cargo, deberían declarar el origen del mismo. Es tiempo de que la impunidad y la complicidad cedan su lugar a la vigencia del derecho, ya que este es el mejor remedio contra la corrupción.

En estos tres lustros de gobierno mal habido, la corrupción administrativa ha permitido el enriquecimiento ilícito de la roja oligarquía parasitaria y depredadora y ha permitido a los funcionarios, con capacidad de decisión, que dispongan libremente de los dineros públicos en su delictual beneficio.
Cuando se carece de calidad moral, sobre todo para gobernar, se engendra el nepotismo, el tráfico de influencias y consecuentemente, sobreviene la  corrupción. En el gobierno es falso que exista voluntad para luchar contra la corrupción

No es de extrañar que nuestro país esté considerado como uno de los más corruptos del mundo. Esto se traduce en un problema de carácter institucional, por cuanto quienes dirigen las instituciones fundamentales introducen serias distorsiones legales para respaldar y respaldarse en  la impunidad oficialista y allí está latente, agazapado el cáncer de la corrupción.

 

La gente se pregunta ¿dónde estaban los concejales “rojitos” – y otros- durante el expolio y abominable saqueo del municipio? ¿Qué les impidió cumplir con su obligación constitucional – Art. 176 CRBV-  y legal –Art. 95 LPPM-,  para ejercer control sobre la administración pública municipal? La falta de control es una inaceptable complicidad política, de allí la intempestiva salida del concejal Montolla de la presidencia de la Cámara Municipal.

 

El reciente escándalo de Valencia, causa en la sociedad decepción política; a los ciudadanos honestos no le quedan referentes oficialistas éticos a los que agarrarse. El 8D es la oportunidad para que los ciudadanos digan la última palabra, para acabar con la corrupción  y que llegue un día en que Venezuela esté libre de la corrupción. Los ciudadanos han superado ya su límite de tolerancia ante la corrupción.

ffacchinb@gmail.com

 

 

 

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