Publicado el: Lun, Dic 9th, 2013

Cuba y su incipiente capitalismo

 Algunas formas de capitalismo empiezan a filtrarse en Cuba

No es el sálvese quien pueda, ni mucho menos, pero algunos mecanismos y formas del capitalismo comienzan a filtrarse lentamente en la vida cotidiana de Cuba, al tiempo que más de 460,000 personas pusieron sus propios negocios al calor de reformas económicas iniciadas por el gobernante Raúl Castro.

En estos días hay cafeterías, portales con ofertas de DVD piratas, anuncios y pequeños puestos en casi cada cuadra y los vecinos compiten para ganar clientes, vigilantes de sus negocios.

Por las calles transitan los vendedores ambulantes con sus pregones y los productores agrícolas llegan antes del amanecer al mercado para obtener las mejores posiciones.

Esta limitada, pero creciente apertura comenzó a alterar las vidas y actitudes de los cubanos de manera visible, a veces entrando en conflicto con algunos ideales de la revolución.

Algunos temen, y otros esperan, que conceptos estigmatizados por medio siglo de revolución regresen con la posibilidad , aunque limitada, de hacer dinero y que la gente se aproveche de manera directa e individual los beneficios de un negocio, sin verlos redistribuido de manera colectiva.

“En la medida que el país va a crecer habrá más cambios, es algo muy positivo”, dijo a la AP Luis Antonio Véliz, dueño de Fashion Bar Habana, un restaurante y cabaret. “Pero algunos cubanos tienen dificultades para entender que ya no todo depende del Estado”, advirtió.

Aunque buen número de estos pequeños emprendimientos fracasaron en los tres años que llevan las reformas, agobiados por la falta de un mercado mayorista, suministros estables o por los pocos recursos de sus clientes, quienes sí tuvieron éxito entraron en un terreno desconocido desde los años 50.

Un ejemplo de cómo la vida de una persona se transformó es precisamente la de Véliz.

Abierto inicialmente al público hace tres años en un barrio periférico de la ciudad, Fashion Bar Habana acaba de ser trasladado por su dueño al corazón de La Habana Vieja, por donde circula más gente y turistas. Pero con el éxito, llegó el sacrificio.

Véliz tuvo que aprender a competir para ganar clientes, a veces desatendió a su familia o se quedó sin vacaciones y descubrió que ser dueño de un pequeño negocio es una tarea de 24 horas, algo impensable para él, cuando era un empleado con un sueldo estatal.

“Aprendí sobre la necesidad del rendimiento del trabajo. Cuando uno trabaja para uno mismo debe velar por sus propios intereses”, expresó Veliz. “Soy más duro, más recio, más seguro”.

La ley del mercado domina visiblemente lugares como la calle Egido, en el casco histórico capitalino, con sus carretilleros, los autos que tiran humo por sus caños de escape y los bicitaxis que esquivan personas.

Muchos emprendedores buscaron aprovechar el gran paso de transeúntes y se instalaron allí y en una cuadra, alrededor de un mercado agropecuario, hay por lo menos siete cafeterías, 13 puestos de flores, fotógrafos, plastificadores de documentos, plomeros y vendedores de bisutería.

Una competencia a la cual se suman ambulantes que también exponen su mercancía diariamente en el sector.

El Nuevo Herald

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