Publicado el: Vie, Sep 9th, 2016

Cuba ya tiene su nieto en jefe

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El gobernante cubano Raúl Castro, con el presidente de Francia, Francois Hollande (der.), en febrero de este año. A la izq., Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl y su escolta principal, quien ha sido nombrado al frente de la Dirección General de Seguridad Personal.

Lo bueno de la dictadura de los Castro es que siempre supera las peores expectativas de sus enemigos. Por delirantes que sean las expectativas. Esta vez, parece que Raúl acaba de nombrar a su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, al frente de la Dirección General de Seguridad Personal. Ya Cuba tiene, pues, su nieto en jefe.

El nombramiento, en sustitución de uno de los generales más perros, corresponde a ese género de acontecimientos que conviene dejar el mayor tiempo posible en los predios del rumor, cuando no en los de la negación. Todo un ejercicio de fingida o natural incredulidad para aquellos que se desviven por darle a la dictadura el prestigio de la institucionalidad.

“¿El nieto? ¡No hombre! ¡Cuba no es Corea del Norte!”

“¿El nieto? ¿Tú crees que el Partido lo va a permitir?”

“¿El nieto? ¿Para que los generales monten una pataleta?”

Como si la institucionalidad de la opresión se tradujera en legitimidad de la opresión. Como si desde hace décadas Cuba no fuera a su contexto caribeño todo lo que es Corea del Norte a su contexto asiático. Como si los jerarcas del Partido y los generales cubanos tuvieran otra bandera y otro honor aparte de la borrega y corrupta obediencia a Fidel y Raúl.

Así que de ser cierto, y parece cierto, lo de Raúl Guillermo vendría a resultar redundante. Ya su papel protagónico en la escolta del abuelo confirmaba el determinante carácter endogámico de esta fase superior del castrismo. Agotadas las capacidades reproductivas del marxismo-leninismo y el nacionalismo mesiánico de José Martí, el régimen pasa a su autofecundación mafiosa. Ya a estas alturas conforma un caso típico de hermafroditismo secuencial en tanto organismo parásito que nace macho y madura hembra. De campeón de la prosoviética subversión tercermundista a hostelera de los americanos.

Contradictoriamente, la consolidación dinástica del mando muestra el temor y la fuerza de los Castro. No confían en nadie y, a su vez, nadie puede desafiarlos. Raúl controla la alta política y los generales; el hijo, la represión; el yerno, el dinero; ahora el nieto es la sombra de cada miembro de la elite; y no tardaremos en ver a Mariela en funciones más sustantivas que la dominical entrega de vaginas a los homosexuales destacados en la cama de la dictadura.

A los efectos, sospecho que a Raúl Guillermo no le irá mal. La función principal de su puesto es meter miedo. Y la capacidad de meter miedo es proporcional a la cercanía a la fuente del poder absoluto. Cercanía total. Miedo total. Cuestión de un par de escarmientos. Ni eso, quizás. Yo hasta que me siento tentado a aplaudir este ascenso por orden y, ¿por qué no?, por amor de familia, propio de una mentalidad empresarial gallega. Primero, porque los jerarcas cubanos se lo merecen. Cada general, cada miembro del Buró Político, cada viceprimer ministro sufriendo la insomne certeza de estar a merced de un nieto impune y caprichoso. Segundo, porque ayuda a aclarar un montón de cosas sobre el entramado del cambio-fraude, por si alguien tenía dudas.

A Raúl Guillermo se le atribuyen por igual graciosas travesuras y escandalosos abusos. Pero yo creo que ahora, con las riendas de una poderosa fuerza militar y política, es que comienza su leyenda. Raúl le ha dado permiso al niño para jugar con la caja de fósforos. ¿Para que están, si no, los abuelitos? Sobre todo si estamos seguros de que no se corre riesgo en la casa. Otros serán los que saldrán quemados.

Fuente://www.elnuevoherald.com/

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