Publicado el: Sab, Mar 26th, 2016

Cubanoamericanos de Miami se aprestan a hacer negocios en Cuba

empresarios cubanoamericanos en cuba
Empresarios cubanoamericanos de Miami pasan la semana en La Habana
Algunos exiliados de línea dura viajan a la isla
Se suman a los cubanoamericanos que ya han estado viajando desde hace años
Se niegan a aceptar que se trate de unas vacaciones

Mojitos, daiquirís de fresa y toallas de mano esperaban a estos viajeros VIP que llegaron al Hotel Saratoga. El vestíbulo parecía que fuese el de un country club habanero de antaño, incluidos los socios.

Casi todos eran de Miami.

Abrazos, palmadas en la espalda, apretones de mano y presentaciones. La mitad de los hombres vestían pantalones caqui y chaquetas deportivas azules; los otros, guayaberas azules y rosadas.

El que eche un vistazo al vestíbulo cualquier día de esta semana, tiene que hacer una esfuerzo por no pensar que está en un hotel de Brickell. Ahí está el empresario tecnológico Manny Medina; Mike Fernández, el magnate de los servicios médicos; Jorge Pérez, el rey de los condominios. También se ve a los abogados Pedro Freyre y Ralph Patino. Y Andrés Fanjul, el magnate azucarero. Otros son el empresario Carlos Saladrigas. El ex embajador estadounidense Paul Cejas está concentrado en su brunch. El ex secretario de Comercio Carlos Gutiérrez entra a un elevador con los empresarios Enrique Sosa y Ariel Pereda.

“Estamos a 45 minutos de distancia (de Miami) en avión”, dijo Joe Arriola, presidente del Fideicomiso de Salud de Miami-Dade, quien también estaba en el Saratoga. Arriola mencionó los lejanos regímenes comunistas de China y Vietnam. En Cuba, sostuvo, “las cosas van a cambiar mucho más rápido”.

La élite empresarial cubanoamericana de Miami pasó las vacaciones de primavera siguiéndole la pista al presidente Barack Obama. Algunos participaron en actividades oficiales de la Casa Blanca. Otros observaron desde la periferia, testigos de la historia, mientras trataban de descifrar cómo impulsar las nuevas políticas con el poder de sus billeteras.

Pero no digan que estaban de vacaciones.

“Yo estoy trabajando, no divirtiéndome”, dijo Fernández, quien invitó a varios a viajar a La Habana en su avión privado, el día que salieron de La Habana. “Yo no bebo alcohol, y bailo muy mal, de manera que no vine a divertirme”.

Hace unos cuantos años, muchos de estos empresarios —varios de ellos republicanos de toda la vida— se hubieran negado a poner el pie en La Habana, y mucho menos a invertir aquí. Pero ahora están entre los defensores más destacados del plan de este presidente demócrata por impulsar la cooperación con el régimen de Raúl Castro. Varios de ellos se reunieron con Obama en la Casa Blanca la semana anterior al viaje del Presidente y ofrecieron sus ideas de lo pudiera decir en Cuba. Y Obama aceptó muchas de esas ideas, dijeron satisfechos los cubanoamericanos el martes, después de ver en persona la alocución del mandatario.

Y están bien acompañados. Entre los que viajaron a Cuba con Obama para un foro empresarial que Obama celebró el lunes en una antigua cervecería habanera, había varios presidentes de ejecutivos de compañías nacionales, como las cadenas hoteleras Marriott y Starwood, el sistema de pagos electrónicos PayPal, Xerox y Air BnB.

Pero estos magnates tenían compañía. Gente común y corriente de Miami también llegó en masa a La Habana en los últimos días, por el viaje de Obama, pero también para ver el juego de exhibición entre los Rays de Tampa Bay contra la selección nacional cubana de béisbol, o para asistir al concierto de los Rolling Stones, o sencillamente pasar el Viernes Santo en La Habana con amigos y familiares.

“Él decidió ir la misma semana que yo”, dijo Carlos Delgado, de 51 años, quien se marchó de la isla en 1985. Delgado planeó su viaje hace varios meses y estaba encantado de que coincidiera con el del Presidente —y los Rolling Stones: “¡Es una semana muy importante!”

El día más importante en el calendario político cubano de los últimos tiempos no hubiera sido igual sin la robusta presencia de exiliados que batallaron durante decenios contra el dolor de ver a su país caer en el totalitarismo. Sin embargo, ver a parte de la vieja guardia cubanoamericana aquí —la misma que la televisión estatal cubana critica con tanta frecuencia— fue un choque.

“Tomar estas posiciones hace 10 o 15 años en Miami no era algo bien visto”, dijo Patrick Hidalgo, de 37 años, quien trabajaba para el gobierno de Obama. “Algunas personas me han increpado en discusiones que ahora parecerían muy benignas”.

Hidalgo confesó que al principio tuvo “sentimientos encontrados” sobre el viaje de Obama a Cuba. Pero aceptó la invitación al discurso en La Habana, donde se quedó en casa de un primo. “Así es como ,i familia y yo le tomamos el pulso a lo que piensa el pueblo cubano”, y dijo que muchos conocidos del sur de la Florida esperaban viajar también a la isla.

“Ha sido un choque”, dijo. “Mi hermana y yo bromeamos con que pudiéramos abrir una agencia de viajes a Cuba con la cantidad de amigos que nos pidieron consejo. Ellos no se quieren quedar en Varadero”, dijo. “Quieren una experiencia mucho más significativa”.

El cubano de a pie, particularmente los que han llegado recientemente a Estados Unidos, han viajado durante años entre los dos países, y en algunos casos han financiado sus viajes con los beneficios que les otorga el gobierno federal. Así las cosas, la élite que se aferró al pasado y se negó a sumarse a la nueva ola sencillamente se suma a una tendencia.

La gran diferencia entre los dos grupos es el poder.

La mayoría de los empresarios de Miami tutean a los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y de la embajada de Estados Unidos. Los invitan a reuniones privadas. Consideran que La Habana Vieja es una zona poco aprovechada —tanto para cubanos como extranjeros— para construir tiendas y apartamentos. E insisten en que los cambios políticos —la democracia— le seguirá, lo que molesta a los de línea dura en Miami, que primero quieren ver la liberación de los presos políticos y garantías para las libertades fundamentales.

Mientras tanto, los miembros del nuevo establishment cubanoamericano visitan galerías de arte o corren por el Malecón. Se congregan en el Saratoga, con sus servicios de lujo como masajes, piscina en la azotea y botellas de Freixenet— y la ya tradicional presencia de agentes de la Seguridad del Estado. Y disfrutan de bufés que la mayoría de los cubanos no puede siquiera soñar: salmón ahumado, jamón prosciutto, dátiles, higos, varios tipos de queso.

“Y pensar que podemos comer de todo y ellos tienen la comida racionada. Sí, eso me molesta”, dijo Ricky Arriola, comisionado de Miami Beach, quien hizo el viaje separado de su padre. “Pero a final de cuentas, al impulsar el cambio, estamos haciendo lo correcto”.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article68356122.html#storylink=cpy

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