Publicado el: Dom, Mar 1st, 2015

DANIEL SHOER ROTH: Carta al Papa por ‘La Tumba’

Regocijados todos sin distinción de credo, hemos visto al Papa Francisco deslumbrar al mundo con gestos de humanidad, piedad y frugalidad.
DANIEL SHOER ROTH/El Nuevo Herald

Regocijados todos sin distinción de credo, hemos visto al Papa Francisco deslumbrar al mundo con gestos de humanidad, piedad y frugalidad. ¡Cuántas agrias lágrimas de los necesitados no ha escurrido con sus propios dedos! ¡Por cuál rincón del mundo no ha derramado los tesoros del amor y la amistad! Al paso de su peregrinaje por ciudades, pueblos y aldeas, multitudes hambrientas de pan y misericordia le corean francas palabras de súplica y admiración en el lenguaje internacional del corazón.

Como resaltó la revista Time al elegirlo persona del año en 2013, “Francisco se ha puesto en el centro mismo de las principales conversaciones de nuestra época: riqueza y pobreza, imparcialidad y justicia, transparencia, modernidad, globalización, el rol de la mujer, la naturaleza del matrimonio, las tentaciones del poder”.

Ahora, venezolanos en Miami preocupados por la sostenida destrucción de su patria ruegan al pontífice que, como parte de su épico esfuerzo por edificar una sociedad más justa –por defender a los más pobres, a los más frágiles, a los desamparados, a los desesperados, a los excluidos en la periferia–, acoja una nueva causa: la liberación de los presos políticos y el cierre definitivo de la instalación carcelaria “La Tumba”, un bastión del infierno lleno del hedor de ácido sulfúrico que desprende el régimen bolivariano.

“Solicitamos a Su Santidad que interceda en nombre de Dios Todopoderoso ante las autoridades de Venezuela y, en caso de ser necesario, ante los organismos internacionales competentes, para que estas personas sean liberadas a la mayor brevedad posible. Deseamos extender esta petición para elevar nuestra voz por el cierre definitivo de ‘La Tumba’, por la liberación de todos y cada uno de los presos políticos, por el inmediato cese de las torturas y demás violaciones a los derechos humanos, por la no utilización de armas letales en contra de manifestaciones pacíficas y por el restablecimiento pleno del estado de derecho en nuestro país”, reza la petición publicada en change.org, plataforma de ciberactivismo que impulsa cambios en aras del bien social.

La iniciativa de la carta al Papa comenzó con un par de lágrimas vertidas sobre el teclado de una computadora en Kendall.

La activista venezolana Karym Salcedo había leído una desgarradora y conmovedora misiva escrita a principios de mes por unos estudiantes zozobrados en huelga de hambre cinco pisos bajo tierra, en unos gélidos calabozos del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) apodados La Tumba. Sin más amparo que el de la Providencia, tan solo por defender el derecho de los jóvenes a manifestar libremente su descontento ante la crisis nacional, son sometidos a crueles privaciones, a la tortura psicológica, a un aislamiento celular inhumano y a un dictador silencio ahogado por el agudo traqueteo de los vagones del Metro de Caracas.

“Decidimos hacer la petición por el carácter de urgencia y, sobre todo, por el sentido humanitario que en su investidura representa el Papa Francisco”, explica Salcedo, quien ideó la solicitud en colaboración con Aquileo Parra y otros compatriotas. “Muy a pesar del trato al que han sido sometidos durante cinco meses de confinamiento en La Tumba, mantienen su espíritu de lucha y ejemplo de valentía inquebrantables. Estamos en deuda con nuestros estudiantes”.

¿Qué supone la creación de un “mundo mejor”?, preguntó retóricamente el Santo Padre en su mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2014. “Esta expresión no alude ingenuamente a concepciones abstractas o a realidades inalcanzables –respondió–, sino que orienta más bien a buscar un desarrollo auténtico e integral, a trabajar para que haya condiciones de vida dignas para todos, para que sea respetada, custodiada y cultivada la creación que Dios nos ha entregado”.

Aspiración ésta que día a día anima a los venezolanos en el sur de Florida a trabajar a favor de la libertad de nuestro país en solidaridad con los coterráneos que allá luchan, lloran y rezan –y también mueren– en las peligrosas calles aguardando por los resplandores del alba de una nueva nación. El comunicado al Papa con miras a solicitar su intercesión para “sepultar” La Tumba, que puede ser firmado a través del enlace http://goo.gl/REtE0M o de la página de Facebook del grupo Evolución Sin Cadenas, es uno de numerosos esfuerzos. Cada vez que una persona agrega su nombre, cinco instancias del Vaticano reciben una notificación por correo electrónico, entre estas el Secretario de Estado, ya que Francisco confesó a una adolescente hace poco: “No sé trabajar con una computadora”.

Con este ruego, el Romano Pontífice se alegrará de constatar que no todos han caído en lo que él muy acertadamente denomina la globalización de la indiferencia.

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Reflexión de aniversario

Narra un tratado talmúdico (Bava Kama 97b) que, en tiempos bíblicos, el patriarca Abraham acuñó una moneda especial: en una cara, grabó el retrato de una pareja de ancianos; en el reverso, el de unos jóvenes. Según los eruditos de las Escrituras Hebraicas, la yuxtaposición de las imágenes simboliza el ideal de vida: una mezcolanza de juventud y madurez; energía y sosiego; entusiasmo y serenidad; sed de cambio y aceptación. Somos alumnos y maestros; adultos en la juventud y jóvenes en la adultez.

Al cumplir esta semana 41 años de edad, me encuentro sellado en el relieve de aquella moneda. Soy rico en experiencias, fuerte en tolerar las adversidades, guerrero en la batalla contra mis defectos de carácter, poderoso en respetarme a mí mismo. También soy un niño curioso, juguetón en la montaña rusa de las emociones, impaciente en la inquietud espiritual, miedoso en el amor. Celebro en soledad, pero sin sentirme solo; en abstinencia, pero sin ganas de andar de fiesta; en melancolía, pero sintiéndome feliz.

Y culmino invocando una oda traducida del antiguo ladino judeo-español pronunciada tradicionalmente por creyentes sefarditas al terminar de comer los alimentos del Sabbat: “Bendigamos al Altísimo, / al Señor que nos crió, / démosle agradecimiento / por los bienes que nos dio. / Alabado sea su Santo Nombre / porque siempre nos apiadó./ Load al Señor que es bueno / que para siempre su merced…”.

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