Publicado el: Sab, Dic 21st, 2013

¿Deberían los hispanos en USA abandonar a Demócratas y Republicanos?

Por: Eduardo Gamarra*

Hace poco me llamó la atención un mensaje de Nestor Montilla, actual presidente del National Dominican American Council (NDAC), un importante foro que anualmente reúne a dominicanos en los Estados Unidos.  Más allá del significado de su mensaje para los dominicanos, el llamado que hace Montilla es interesante para los latinos que hoy contemplamos cómo mejor participar en la política de Estados Unidos.

Según este líder dominicano-americano, la innecesaria división de hispanos entre los dos partidos le hace mucho daño a los diferentes intereses de nuestras comunidades.  Propone que los hispanos deberían castigar a los políticos de ambos partidos cuando no cumplen sus promesas votando de manera apartidaria; inclusive sugiere desafiliarse del partido al que pertenecen e inscribirse como independientes.

Esta sugerencia no es nueva y en realidad es parte de lo que algunos académicos denominan el déficit democrático que comprende la enorme brecha entre lo que prometen los políticos durante sus costosas campañas y lo que verdaderamente cumplen una vez que llegan al poder. Esta brecha contribuye a la enorme apatía que existe en las democracias de países industrializados, y por supuesto que también explica la pobre calidad de las democracias en América Latina.

Sin embargo, sigo pensando que la mejor opción que tenemos los hispanos que tenemos la posibilidad de votar es inscribirnos y participar activamente de la política en cualquier nivel que nos sea posible. La realidad hispana es que, si bien la mayoría se identifica con el partido Demócrata, somos extraordinariamente apáticos. Ni nos inscribimos ni votamos; la tasa de votación del 2012, donde apenas el 48 % de los hispanos votó, demuestra esta realidad. Ni hablar de nuestra pobre presencia en elecciones locales o de medio tiempo.

Pero la otra advertencia de Montilla es más interesante aún. Llama a sus compatriotas dominicanos a rechazar la política transnacional, es decir, que se desvinculen de la política de su país de origen pues esto los divide y obstaculiza de la consecución de objetivos que benefician a toda esa comunidad en los Estados Unidos.

Esta advertencia me llamó la atención, porque en años recientes políticos latinoamericanos le han dedicado una gran parte de su tiempo a hacer campaña en sus respectivas comunidades transnacionales.  Sus objetivos son muy claros: recaudan fondos importantes, a veces más que en sus propios países; logran el apoyo de ciudadanos de sus países de origen, aunque esos votos no sean decisivos; y mantienen el interés de sus respectivas diásporas en lo que sucede en casa.

Los dominicanos ven cómo los candidatos presidenciales regularmente hacen campaña en Nueva York, Boston o Miami con la misma intensidad que en Santo Domingo.  Algo similar sucede con candidatos colombianos y peruanos quienes frecuentemente visitan las ciudades donde se han asentado sus compatriotas. Ya han pasado más de dos décadas desde que los colombianos aprobaron el voto en el extranjero y a la vez eligen a uno de los suyos para que los represente en el Congreso en Bogotá.  Inclusive los mexicanos en el exterior en dos ocasiones han logrado votar en las elecciones generales de su país.

La verdad sea dicha, la mayoría de hispanos en el extranjero y en edad de votar no vota en las elecciones de su país de origen.  Las cifras de colombianos, mexicanos y dominicanos que votan en las elecciones de sus países es extraordinariamente baja.

No deberíamos esperar tampoco entonces que los hispanos se inscriban masivamente en cualquiera de los dos partidos y empiecen a votar disciplinadamente en las elecciones de Estados Unidos donde el voto es un derecho y no una obligación.

En resumidas cuentas, no es una buena idea que los latinos nos desvinculemos de los partidos tradicionales en busca de una mejor representación de nuestros intereses.  Más bien, busquemos intensificar nuestra participación dentro de los partidos tradicionales y logremos que nos tomen en cuenta todo el tiempo y no solo cada cuatro años cuando necesitan nuestro voto.

Y, en cuanto a la política transnacional, dudo que los que recién llegan y los que estamos acá hace décadas pero aún seguimos la política en nuestros respectivos países nos desvinculemos de ella más aún con lo fácil que es hoy mantenerse al tanto de todo lo que acontece cotidianamente.  Pero igual sería una buena idea que votemos tanto aquí como allá. A ver si logramos transformar dos lugares a la vez.

*Profesor de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de la Florida

EFE

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