Publicado el: Lun, Jun 8th, 2015

Diario Las Américas: Delincuentes le ganan a la policía en Venezuela

“En Venezuela, tanto los colectivos como el hampa, han perdido el respeto por la policía; no le temen, no la ven como autoridad. Y por otro lado, los policías sentimos que la Ley no nos protege. El temor es tal que muchas veces nos vemos cohibidos de actuar, y entonces perdemos no sólo el trabajo sino la libertad”.

A lo largo de los dieciséis años que la revolución bolivariana lleva en el poder, en Venezuela han fracasado 22 planes de seguridad emanados del gobierno central. El más reciente inició en noviembre pasado con la designación del diputado y exalcalde Freddy Bernal como presidente de la Comisión Presidencial del Sistema Policial y Órganos de Seguridad Ciudadana, cargo del cual fue removido el pasado 30 de abril y en el que fue sustituido por el Ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz (MPPRIJ), Gustavo González López.

En sus meses ante dicha Comisión, Bernal diseñó un plan con el propósito de compensar la gran cantidad de bajas semanales –unas 400 en promedio– que están ocurriendo en la Policía Nacional Bolivariana (PNB), la principal fuerza de seguridad del país, operativa desde diciembre de 2009. Dicho plan está siendo actualmente ejecutado bajo la supervisión del general Carlos Romero Figueroa (viceministro del MPPRIJ) y Carlos Martínez, subdirector del cuerpo policial.

Básicamente, el plan consiste en incorporar a la PNB a exagentes de la extinta Policía Metropolitana, aquella que por orden de Hugo Chávez fue disuelta luego de los acontecimientos de abril de 2002. En ese sentido, el piso 14 del MPPRIJ ha visto mucha actividad recientemente, ya que allí se recibe la documentación de los exmetropolitanos, incluso de jubilados de ese cuerpo y algunos provenientes de Policaracas, cuerpo que al parecer también será eliminado. Los mismos reciben un curso de actualización, de una semana, y el pasado 18 de mayo graduaron al primer grupo de agentes.

Otras medidas ideadas por Bernal para disuadir las bajas en la PNB incluyen la participación de la defensoría pública en la atención de casos que involucran a policías, promesas de vivienda o de venta de vehículos y electrodomésticos.

Los policías tienen miedo

Pero, ¿a qué se debe que cada semana cientos de policías busquen abandonar sus cargos? De acuerdo con un exmetropolitano en proceso de incorporación a la PNB que solicitó no ser identificado, esto se debe a las deplorables condiciones de trabajo con muy bajos sueldos, forzados horarios, traslados a otras zonas del país, deficientes instalaciones e infraestructura. Y, especialmente, por miedo.

“En Venezuela, tanto los colectivos como el hampa, han perdido el respeto por la policía; no le temen, no la ven como autoridad. Y por otro lado, los policías sentimos que la Ley no nos protege. El temor es tal que muchas veces nos vemos cohibidos de actuar porque esto se nos puede revertir, y entonces perdemos no sólo el trabajo sino la libertad”.

“La apatía de la que se señala a la policía actualmente es más un mecanismo de protección o resguardo, ya que ante cualquier denuncia los agentes son suspendidos o despedidos sin averiguación”.

Nuestra fuente señala también que hoy día, delincuentes y colectivos se han constituido en ley de la calle. “Estos grupos obligan a los comercios, líneas de transporte y a la población a pagarles “vacuna”. Se apoderan de las zonas, de los refugios, de las torres de la Misión Vivienda, de las obras en construcción, y exigen el pago de cuotas para “encargarse de la seguridad”. Eso sí, las denuncias están prohibidas al igual que el acceso de la policía”.

Los militares venden armamento a los malandros

A fin de corroborar esta información, DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con un agente activo de la PNB, quien también solicitó el resguardo de su identidad. “Uno no sabe qué le pueden hacer si uno denuncia lo que está pasando”.

De este modo, pudimos confirmar que un agente de la Policía Nacional Bolivariana, con grado de supervisor, gana un sueldo base de Bs. 7.000 (US$ 1.111 al cambio oficial o Cencoex; US$21 al cambio negro o paralelo al momento de cierre de esta nota), en un momento en el cual la canasta básica se calcula en Bs. 37.960,36 (US$ 6.025 al cambio oficial o Cencoex; US$113 al cambio negro o paralelo).

“Aquí los policías somos una herramienta de trabajo y más nada. Yo soy policía y no entiendo lo que está pasando. Cuando no estoy trabajando ando disfrazado para que no me ataquen en la calle. A mí me han disparado, me han lanzado piedras y botellas; la agresión al agente es constante”.

“La incorporación de expolicías metropolitanos a la PNB se debe a que se necesita experiencia en la calle, agentes con práctica y conocimiento. Por lo general, aunque no siempre, los policías que mueren a manos del hampa suelen ser los más jóvenes e inexpertos”, señaló.

“Uno como policía entra a un barrio y se encuentra a los malandros con un armamento que no existe en el cuerpo policial y que no podemos enfrentar. Y eso es porque los militares venezolanos le están vendiendo fusiles AR5 y granadas a los malandros. Yo he visto cómo le han lanzado granadas a compañeros míos que han muerto destrozados. Los militares son los causantes de este problema, entonces que ellos lo resuelvan. Porque en Venezuela los policías tenemos dos enemigos: el gobierno y el hampa”.

El discurso político sembró el resentimiento

En los últimos años, en Venezuela ha habido un alarmante repunte de asesinatos de policías. El año 2014 cerró con 132 funcionarios caídos a manos del hampa, un incremento del 32% con relación al 2013. Según información suministrada por el criminólogo Fermín Mármol León y difundida a través del portal www.maduradas.com, desde 2010 se han contabilizado unas 800 muertes de efectivos por acción de la delincuencia.

“Efectivamente, se ha perdido el respeto a los policías y hoy día son blanco del hampa”, asegura José Delgado, criminólogo, ex oficial de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (rebautizada en 2009 por Hugo Chávez como Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, SEBIN) y actualmente presidente de la empresa Consultores de Riesgo Premier 2010.

“El policía juega un rol preventivo, pero sale a trabajar en desventaja contra el hampa que en la actualidad posee armas de alta potencia, subametralladoras o pistolas con peines de 32 disparos, a diferencia del arma de servicio con nueve tiros del agente”, explica. “Por otro lado, muchos efectivos se abstienen de usar sus armas porque pueden ir presos, por lo cual se limitan a cumplir con su deber, con miedo. Y es que la Ley tal vez es muy severa con el funcionario, pero ¿por qué no lo es con el delincuente?”

Con relación al incremento de los índices de violencia desenfrenada que padecen actualmente los venezolanos, Delgado indica que siempre hubo inseguridad, pero que, ciertamente, ha crecido mucho en los últimos años. “El gobierno ayudó en eso; ayudó a irrespetar, a decir que el rico es malo, fomentando esa conciencia de que el rico roba al pobre. Y le dio una licencia: “reclama tu derecho porque eso es tuyo”. Es una distorsión.

“El discurso político ha ayudado un poco a sembrar resentimiento en la mente de quien sale a delinquir. De ahí el nivel de agresividad, de ensañamiento de los ataques del hampa. La delincuencia empieza a crecer desde la familia. Las generaciones en los barrios han ido dejando su herencia en niños que crecieron viendo ese ejemplo. Estas nuevas generaciones de hampones han perdido el sentimiento, la humanidad, la conciencia. Muchos jóvenes eso es lo que aspiran a ser, y eso viene desde el seno de la familia. Adolescentes que lo que quieren es tener un arma y pertenecer a una banda”.

Cualquier ciudadano está expuesto a la violencia al salir a la calle. Y a veces, incluso, una persona es asesinada sin razón aparente. Explica Delgado que la sensibilidad se ha perdido hasta tal punto que, cuando un individuo desea ingresar a una banda, como parte del rito de iniciación, se le da la indicación de que salga a matar. “Igualmente sucede con el sicario, hoy día la vida de un venezolano vale tan poco para ellos que se venden hasta por cuatro mil bolívares (US$635 al cambio oficial o Cencoex; US$12 al cambio negro o paralelo) por pegarle un tiro a alguien”.

Pero ¿qué se puede hacer para solucionar este crecimiento de inseguridad en el país? Como experto, Delgado recomienda llevar la inteligencia a la calle. Carros no identificados, policías de civil para que cumplan una función preventiva. “El policía uniformado es un blanco. Hay que hacer patrullaje civil”. También considera importante hacer campañas educativas y crear consciencia en los barrios. “En el barrio hay miedo a denunciar, pues hacerlo les cuesta la vida. Esa enfermedad está en la calle, pero hay que fumigarla”.

Un “pran” gana más que Maduro

Cuando hablamos de situaciones carcelarias, hoy existe el pran, el líder, el que detenta el poder. Siempre ha existido, pero hoy día este pran cobra cuotas a los internos (presos), les cobra derecho a tener celular, a la cantina, a la visita, a la visita conyugal.

En el pasado también había armamento, los famosos chuzos o chopos que los presos hacían con sus propias manos. Hoy día es armamento de guerra, granadas, fusiles, por el cual pagan. Todo bajo la vista de los guardias y el Ministerio de Asuntos Penitenciarios.

Un pran puede ganar manejando la cantina, cobrándole cuotas a los internos, garantizarles la seguridad, el derecho etc., puede ganar unos 300 a 400 mil bolívares. Más que el sueldo del presidente Maduro. Los pranes entran y salen de la cárcel como les da la gana. Desde ahí comandan sus operaciones de sus bandas en la calle. Allí viven mejor que en sus propias casas. Tienen habitaciones de todo tipo para las visitas conyugales.

¿Qué papel juega la GN ahí? El guardia cobra.

Los luceros son los que controlan toda la administración afuera; hay luceros adentro y afuera. El lucero puede salir a la calle, y es el enlace entre el pran y el delincuente en la calle. Es como el lleva y trae. El lucero es el que informa al pran acerca de posibles víctimas también.

Están mejor dentro de las cárceles que fuera de ellas: piscinadas, fiestas los fines de semana, contratan artistas… Por lo general cuando hay esas masacres en las cárceles son por el control del poder. Hay pranes que no quieren salir.

Diario Las Américas/MARTA SEDES VON DEHN

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