Publicado el: Sab, Ene 2nd, 2016

Diego Arria: «Desalojar a Maduro no es venganza, es justicia»

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Entrevista al Embajador Diego Arria
Este opositor al presidente de Venezuela anima desde el exilio a que los triunfadores en las elecciones del pasado seis de diciembre retomen los poderes públicos

Unos días antes de la entrevista, el diplomático venezolano Diego Arria coincidió en una comida con Henry Kissinger. «¿Serías capaz de mantenerlos unidos?», le preguntó el legendario secretario de Estado de EE.UU., en referencia a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una amalgama de partidos opositores que triunfó en las elecciones legislativas de Venezuela del pasado 6 de diciembre. «No me lo dijo como si yo fuera a mantenerlos unidos, sino como venezolano», le quita hierro Arria, aunque su independencia y su prestigio internacional siempre le colocan en las quinielas para tener un papel en el desmoronamiento del régimen chavista. Arria se presentó a las primarias del MUD para las elecciones presidenciales de 2012 y antes fue candidato a la presidencia en 1978. Su curriculum y su activismo político es largo, pero él lo resume mejor que nadie en su perfil de Twitter: «Fui gobernador de Caracas, presidente del Consejo de Seguridad de la ONU y finquero hasta que Chávez me robó Hacienda La Carolina». Su voz tiene peso tanto en los círculos diplomáticos más íntimos -fue ministro con Carlos Andrés Pérez, embajador de Venezuela en la ONU, director del Banco Interamericano de Desarrollo, secretario adjunto y consejero especial de Kofi Annan en la ONU- como en el barullo de las redes sociales (tiene más de 670.000 seguidores en Twitter).

Perseguido por el régimen de Maduro, Nueva York parece una jaula de oro para él. Recibe en un impecable apartamento del Upper East Side, decorado con gusto exquisito con arte contemporáneo y mobiliario de diseño. El mismo día del encuentro, ha ido a renovar su pasaporte, sin éxito. «Lo primero que hacen es no revalidarte el pasaporte», dice sobre las medidas del Gobierno de Venezuela contra exiliados como él. «Así están miles de venezolanos». Sirve un refresco en una bandejita que le regaló Leopoldo Calvo Sotelo, clava la mirada con ojos diminutos y analiza la encrucijada en la que se encuentra su país.

Los dirigentes políticos de Venezuela están convencidos de que fue un triunfo ciudadano promovido por el hambre y el desabastecimiento
-¿Qué panorama se abre tras las elecciones legislativas de este mes?

-Los dirigentes políticos de Venezuela están convencidos de que fue un triunfo ciudadano, promovido por el hambre y el desabastecimiento. Eso fue muy importante, pero me niego a pensar que a los venezolanos solo les interesaba comer pollo. También había un ansia de tener dignidad, libertad, derecho a opinar, paz… Esos valores no deben ser subestimados. Para cambiar el modelo económico, tienes que cambiar el político, que te asegure una economía abierta. Si no, sería el mismo modelo de ellos. Y eso lo que hace es seguir enterrándonos.

-¿Qué significará para la oposición tener el control de la Asamblea Legislativa?

-La gente creyó que al ganar la Asamblea se acabarían las colas para comer, la economía cambiaría… Y no es verdad. Lo que se ha dado es un paso monumental para controlar un instrumento utilizado durante 17 años como una trituradora de derechos, para oprimir, para perseguir.

El presidente Nicolás Maduro es un enfermo terminal. La primera fase es negar lo que tiene, que es un país colapsado, y la segunda fase es la ira
-¿En qué situación queda Nicolás Maduro?

-Maduro es un enfermo terminal. La primera fase es negar lo que tiene, que es un país colapsado, y la segunda fase es la ira. Esto no es un Gobierno normal, es una pandilla, o varias pandillas, que han secuestrado al Gobierno. No se sabe lo que van a hacer.

-¿Qué papel tendrán las fuerzas armadas?

-Los militares siempre se esconden en un concepto fundamental, para ellos, la institucionalidad, no romper la institucionalidad. Incluyo yo temo que el 5 de enero cuando se abra la Asamblea, los grupos armados traten de impedir que los nuevos diputados entren.

-El mandato de Maduro es hasta 2019, ¿hay que forzar su salida?

-Hay dirigentes de la coalición opositora que dicen que la salida de Maduro no es una prioridad. Hay temor a que se piense que hemos ganado para comportarnos igual que ellos. No se tata de eso, pero tampoco de no hacer justicia. Hay inhibición. Yo sí creo que hay que desalojar a los principales jerarcas. ¿Cómo? Sustituyendo a los magistrados del Tribunal Supremo que han metido ahora, sacando a la fiscal general y a los miembros del Consejo Electoral que colocaron hace unos meses. No se trata de venganza, se trata de justicia. ¿Por qué no actuar, por ejemplo, contra el señor Maduro si la familia presidencial está vinculada con el narcotráfico con sus sobrinos?

-¿Cuáles son las medidas más urgentes para acometer en enero?

-Una expresión en inglés dice ‘strike while the iron is hot’ [algo así como ‘golpea mientras el hierro esté caliente’]. La atención mundial está sobre nosotros estos días, si no lo aprovechamos va a ser muy difícil el proceso de rescate. Ellos han sacado miles de leyes en 17 años contra las que hay que actuar. Son importantes algunas de carácter económico, pero para mí lo principal es el desalojo de los poderes públicos.

-¿Y la situación de los presos políticos?

-Esa es la primera confrontación. ¿Cómo podemos decir que la democracia ha ganado y tenemos presos políticos? Personas como yo somos perseguidos sin causa. La Asamblea tiene un derecho privativo para decretar una amnistía.

-Las maniobras que ejecuta ahora el Gobierno de Maduro, ¿pueden con la fortaleza del resultado electoral?

-El problema es que tú puedes ir a los tribunales y te dicen que hay una ley sancionada por Hugo Chávez que dice que la primera instancia política es la ley del poder popular. Esa ley puede pasar [Diosdado Cabello ya ha creado un ‘parlamento comunal’ para contrarrestar a la Asamblea Legislativa]. Estos tipos pueden hacer de todo y es muy difícil anticiparlos. Las pandillas tienen códigos de comunicación muy distintos a los de las sociedades normales.

-¿Qué papel va a tener usted en la transición política de Venezuela?

-Si me preguntas hoy… algo haré. Yo tengo una visión absolutamente independiente en lo político y en lo económico, y eso me hace incómodo. Digo cosas que a muchos les gustaría decir, pero no se atreven. Para muchos yo he sido un aguafiestas, por ejemplo, cuando he dicho que el problema de Venezuela no era construir más casas sino el narcotráfico o institucionalizar las Fuerzas Armadas.

-¿Pero se presentaría a una hipotética elección presidencial?

-Eso va a ser muy difícil. El caso de Leopoldo López va a ser imparable. No solo porque esté preso, sino porque ha tenido una actitud muy digna y ejemplar y la gente admira eso.

-¿Le apoyará?

-En ese momento, ya veremos. Pero en principio, sí. Leopoldo López es más independiente y me gustaría más su visión que las de otros en el país.

-¿El resultado electoral mostró que no había tanta manipulación gubernamental como se decía o que el cambio popular fue superior?

-Lo desbordó, era imposible de parar. Lo intentaron con el ‘gerrymandering’ [manipulación de los distritos electorales], impidieron la presencia de observadores electorales, hicieron de todo. Pero se les vino un tsunami encima.

ABC

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