Published On: mié, Dic 12th, 2012

Dios y secuestro

  Por: Francisco Gamez Arcaya

Han pasado casi cuatros años de aquel miércoles de Ceniza. Un hecho que cambió la vida de todos aquellos que tenemos la suerte de conocer y querer a Germán García-Velutini. Aquella tarde del miércoles 25 de febrero de 2009, un comando de vándalos secuestraron a Germán (y, por ende, también a su familia) por once largos y angustiosos meses. Como todo en la vida, el tiempo se ha ocupado de sosegar aquellos momentos de angustia. Sin embargo, el domingo pasado nos tocó volver sobre aquel camino. Esta vez no para revivir preocupaciones sino para agradecer a Dios y presenciar el legado que Germán nos ha brindado a todos luego de su tiempo de tormento. El domingo fue bautizado el libro “Dios en mi secuestro”.

Se trata de un singular relato. Una mezcla de crónica periodística sobre los hechos que rodearon el secuestro, de la mano de Isabel García; y una meditación profunda del corazón, de la mano de Germán. En el caso de Germán, el libro relata el tránsito de quien, despojado ilegítimamente de su libertad, de su familia, de sus bienes y sus comodidades, encuentra la mayor de las libertades. Germán se encontró a sí mismo encontrando a Dios en aquel cuarto de 1,80m x 2m. Desprovisto de todo contacto humano, tratado como mercancía, se refugió en el amor y no en el odio, en el perdón y no en el rencor. Vale decir que Germán, antes de su secuestro, era uno de los empresarios más solidarios del país, trabajando activamente en Fe y Alegría y muchos otros proyectos de asistencia social. Hoy, lo sigue siendo, con mayor trabajo y con mayor conciencia. Por estas razones, el libro es una herramienta sólida (y probada) para quien tenga la desesperanza alojada en el alma.

Por último, destacar un hecho significativo en el libro. Germán comienza su relato con una frase desgarradora: “Ahora sé que en realidad Dios está y siempre ha estado en nuestros corazones. Cuando sentí la presencia de nuestra Madre en ese cuarto solitario, supe que era yo quien la había abandonado y también lo había hecho con su Hijo”. Es la prueba del reencuentro personal con Dios, es la libertad del espíritu, es la paz. Pero el libro termina con algo igualmente desgarrador. Se reproduce en facsímil el oficio que el CICPC le envió a Germán nueve meses después de su liberación. Una notificación que le informa que el Ministerio Público decidió archivar la investigación de su secuestro. En este contraste se encierra el misterio de la vida del hombre. Luz y sombra, esperanza y derrota, justicia e impunidad. En medio de ambos, un relato valiente que describe cómo vivió Germán esos meses de cautiverio, cómo encontró la fortaleza para vivir con dignidad, cómo encontró a Dios en su secuestro.

 

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