Published On: vie, Jun 21st, 2013

Diosdado Cabello busca la guerra y no la paz en Venezuela

El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, atizó el jueves el ya bastante caldeado clima político de Venezuela, al acusar a la oposición de estar adelantando planes para desestabilizar al régimen de Nicolás Maduro y advertir que el chavismo está dispuesto a salir a la calle a defender la “revolución bolivariana”.

Y en lo que acentúa las dudas sobre la transparencia del sistema electoral, Cabello conjuró nuevamente el fantasma de que el voto no es secreto en el país sudamericano, declarando que el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tiene identificado a los electores que no votaron a favor de Maduro en la última elección, y proponiendo a los seguidores del chavismo que salgan a tocarles sus puertas.

Cabello, quien hablaba en un acto público organizado por el PSUV, acusó a la oposición de organizar un atentado contra la vida de Maduro, en un desesperado intento de evitar la consolidación de la revolución emprendida por el fallecido Hugo Chávez.

“A ellos no les queda otra opción. Maduro está en la calle trabajando mañana, tarde y noche y la oposición está conspirando pero si intentan algo contra Nicolás estamos obligados por lealtad al comandante Chávez y a la revolución a actuar en consecuencia”, dijo Cabello.

Es un escenario que desembocaría en una guerra civil, insistió Cabello.

“Será una declaración de guerra porque vamos a salir a la calle a defender la revolución bolivariana y vamos a tomar las acciones que sean necesarias”, insistió.

Las declaraciones de Cabello fueron formuladas bajo un clima de mucha tensión, ante las acusaciones formuladas por la oposición de que Maduro cometió fraude en las pasadas elecciones de abril en las que compitió contra el opositor Henrique Capriles.

Maduro, quien actualmente se encuentra de gira tratando de obtener algún tipo de reconocimiento internacional, también enfrenta un incremento de las manifestaciones de protestas provocados por las dificultades económicas por las que atraviesa el país, caracterizado por una aguda escasez de productos.

Y en lo que dificulta aún más la estabilidad de su régimen, el nuevo líder de la revolución bolivariana también debe lidiar con las divisiones que están produciéndose dentro del PSUV, que según fuentes internas del chavismo están enfrentando el ala pro cubana, encabezada por Maduro, con el ala nacionalista dirigida por Cabello.

Pero si las distintas facciones están peleándose, eso no era evidente en las palabras pronunciadas el jueves por el presidente de la Asamblea Nacional, quien dedicó gran parte de su intervención en reiterar que el chavismo está unido en su lucha por defender la revolución de los planes desestabilizadores de la oposición.

“Cada día nos odian más […] Nosotros sabemos quienes son los señores del partido primero fascista que son los que están al frente de esto y a los aliados de la derecha”, dijo en referencia a los militantes del partido Primero Justicia.

“Nosotros no podemos seguir permitiendo que jueguen contra la paz, la estabilidad, la seguridad, la tranquilidad y el futuro de los venezolanos”, aseveró al tiempo que resaltó que “la derecha perversa tiene un liderazgo cada día más fascista”.

Por otro lado, Cabello hizo referencia a las venideras elecciones de diciembre, descartando que la votación de 7.2 millones que obtuvo Capriles en las presidenciales pueda ser incrementado durante los comicios municipales.

“Los 7.5 millones de votos de Nicolás es chavismo duro, es chavismo radical”, dijo Cabello, en alusión a los sufragios obtenidos por Maduro en abril.

Pero además, el oficialismo sabe como aumentar ese margen de votación, dijo Cabello antes de agregar que el partido tiene registrado los nombres de las personas que no votaron por Maduro y recomendar a los partidarios del chavismo que salgan a buscarlos.

“Nosotros ya sabemos quienes son, porque para eso están los puntos rojos (mesa de información del PSUV) y se chequeó quienes fueron al punto rojo y quienes no fueron”, expresó.

El reconocimiento de que el voto no es secreto, que implícitamente es una admisión de que las elecciones no son justas en Venezuela, había sido formulado previamente por el propio Maduro, en declaraciones que acentuaron las dudas sobre la legitimidad de su victoria electoral.

“900,000 compatriotas, 900,000, ya los tenemos, cédula de identidad y todo”, declaró Maduro a mediados de mayo con un tono amenazador, dejando correr largos espacios de tiempo y con una sonrisa burlona para que se entendiera su mensaje.

“Y eso significó que la brecha fuera más corta”, agregó Maduro refiriéndose a la ventaja de sólo 1.5 puntos porcentuales que según el chavista Consejo Nacional Electoral le otorgó a él la victoria sobre Capriles.

El voto secreto, contemplado en la Constitución venezolana, es aceptado universalmente como uno de los requisitos básicos del derecho al sufragio porque resguarda al elector del riesgo de represalias.

Pero en un país como Venezuela, gobernado por un régimen que tilda públicamente a sus adversarios como enemigos de la patria, cobra una especial relevancia.

La intimidación y la constante amenaza de retirar los extensos beneficios gubernamentales ha sido tradicionalmente una importante arma utilizada por el chavismo para sacar votos, en una revolución que a lo largo de los últimos 14 años ha obrado para reducir al sector privado hasta su más mínima expresión a fin de aumentar la dependencia de la sociedad respecto al Estado.

El Nuevo Herald/Antonio María Delgado

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