Published On: dom, Sep 28th, 2014

Dólar paralelo indetenible: superó la barrera de los 100 bolívares

Hugo Chávez Frías lo decía hasta la saciedad en sus alocuciones de Aló, Presidente. Bolígrafo en zurda, mueca de saltos en los pómulos, tono de maestro popular y con un cuaderno plagado de números: «¡Dios habla por las matemáticas!». Sacaba cuentas a conveniencia, las ilustraba y detallaba para vender, como siempre hacía, las supuestas bondades de una revolución de la que pretendía ocultar sus grietas.
Algunos «chavistólogos» atribuyen la frase a un vulgar parafraseo de Galileo Galilei, astrónomo, filósofo, ingeniero, matemático y físico italiano, quien sentenció cerca del año 1600: «Las matemáticas son el lenguaje en el que Dios escribió el universo». Nicolás Maduro, potentado político de Hugo Rafael y presidente de Venezuela, parece no comprender la importancia de las ecuaciones.
Los números rojos de una economía de corte kamikaze-socialista se comen sus 17 meses de gestión. Se tragan un proyecto desfasado y dolorosamente mastican al pueblo rojo o variopinto por igual. La inflación no tiene techo. El trabajo honesto es una escalera invisible, una carrera de permanente de supervivencia, vapor que produce insomnio.
¿El último signo del deterioro financiero? El dólar paralelo (que todo lo rige, aunque el Gobierno se empeñe en ningunearlo desde 2003) se encaramó hambriento en la azotea del descalabro, el pasado viernes. Se situó en los 100 bolívares. La baja disponibilidad de divisas acabó con el ozono que prometía ser el Sicad 1 y 2, con burocracia y chanchullo en el lomo.
¿Qué quiere decir esto? Lo que fácilmente explican cientos de venezolanos de a pie en las redes sociales, que el billete de más alta denominación que existe, el de 100 bolívares, alcanza solo para comprar un dólar, el billete de más baja denominación de los Estados Unidos.
O para que se entienda en criollo. Con 100 bolívares no se compra un kilo de cebolla, que roza los 200 bolívares. Es decir, que lo que gana a diario una persona con salario mínimo (141 bolívares) no le alcanza siquiera para participar, cuchillo y pañuelo en mano, en una trágica cacería de lágrimas. De todas maneras, en crisis las espontáneas abundan.
Las cuentas de la economía doméstica pulverizan. Destruyen neveras y estantes vacíos. Impiden el ahorro, empobrecen con voracidad. Para el año pasado, el Índice Nacional de Precios al Consumidor se ubicó en 56,2 por ciento y para este año se prevé, con todo el silencioso maquillaje procurado por el Banco Central de Venezuela, que la inflación llegué a 75 por ciento. Una verdadera tragedia matemática.
José Guerra, economista, ofrece un diagnóstico de espanto con base en sus proyecciones. Habrá en el cortísimo plazo tres millones 542 mil nuevos pobres venezolanos para llegar a 12 millones, 33 por ciento de la población, y superar en ese renglón a los habitantes de Cuba, según el censo de 2013, que precisa que a la isla de la felicidad la ocupan 11 millones 167 mil 325 de personas.
Quince años después las matemáticas no mienten.
El 2 de febrero de 1999, cuando Hugo Chávez Frías asumió el poder, siempre con base en los datos publicados por José Guerra, un dólar costaba 573 bolívares de los viejos. Hoy su hijo todopoderoso lo tiene en 100 de los nuevos y avanzando. A Nicolás Maduro se le acabó el tiempo, como dijo Oscar Schemel, encuestador vinculado con el socialismo. La política económica sacude el estómago del pueblo y se ven luciérnagas en el horizonte oscuro. Tenía razón su mentor y comandante eterno: Dios habla por las matemáticas.

El billete de más alta denominación de Venezuela solo compra el de más baja denominación de EEUU

LA VERDAD DEL ZULIA

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