Publicado el: Dom, May 22nd, 2016

Duelo por una Venezuela en escombros

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El colapso del sistema de salud se cobra miles de almas en Venezuela
Una nación bendecida con un acervo de riquezas naturales se desmorona frente a la consternación ciudadana
Compartí el duelo que aflige a los venezolanos en la diáspora

DANIEL SHOER ROTH*
dshoer@elnuevoherald.com

Mi desayuno del lunes estuvo cargado de ira, dolor, resentimiento y temor.

Ese leal compañero de las mañanas, The New York Times, trajo en primera plana virulentas noticias desde mi tierra natal. Pacientes moribundos e instalaciones hospitalarias enmugrecidas por sangre seca exponen un escenario de hecatombe. El colapso del sistema de salud se cobra miles de almas. En un solo hospital, en el plazo de unas cortas horas, tres recién nacidos conocen el sueño eterno.

Fue la espantosa imagen de un hombre apuñalado en el estómago lo que más me estremeció. Yacía agonizante, como resignado a morir, sobre una subclase de camilla en una repugnante habitación que parecía haber resistido un bombardeo de guerra. Hasta los enchufes estaban fuera de lugar.

Un infierno en un país otrora considerado un paraíso.

De golpe, mi mente viajó a la Venezuela que un día conocí.

Allá, me recibió el creador de la vacuna para curar la lepra, el eminente médico y científico Jacinto Convit. Luego me impregné de oxígeno en el Jardín Botánico de Caracas, durante una caminata con el Dr. Tobías Lasser, fundador de la consagrada Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. Para recargar las baterías, me detuve a beber un café guayoyo junto con el Dr. Humberto Fernández-Morán, inventor del bisturí de diamante, quien relató pinceladas de aquel encuentro suyo con Albert Einstein. Y no podía partir sin antes visitar la cuna del Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1980, el genetista e inmunólogo Baruj Benacerraf.

Pero en lugar de retornar a Miami, di marcha atrás en el tiempo, hasta alcanzar la Venezuela del siglo XIX. Corría 1835 cuando un médico cirujano, científico, educador formado académicamente en Escocia, ocupa la presidencia de la naciente república por insistencia de una sociedad que valora la integridad y la sabiduría humanística. El Dr. José María Vargas, “padre de la medicina nacional”, me comentó sobre las múltiples cátedras que creó tras inaugurar, encomendado por el propio Libertador, la Facultad de Medicina.

No pude –confieso– ocultarle la tragedia que se cerniría sobre la Inteligencia venezolana en un remoto 2016. Las sombras de la ignorancia, lo primitivo, la barbarie y el militarismo asaltaron el progreso del país, no solo en el ramo de la salud y las ciencias, sino también en el académico y el político. El ahogo de las libertades y la violencia habían desatado una fuga de cerebros al extranjero, incluyendo miles de médicos. En algunos hospitales incluso desaparecieron los guantes y el jabón.

Una nación bendecida con un acervo de riquezas naturales para la felicidad de su pueblo, vibrantes tradiciones democráticas, elevados ideales y gente razonable y sensata, se desmorona frente a la consternación ciudadana, la escasez de insumos básicos, la hiperinflación, las privaciones, los apagones y los más elevados índices de criminalidad del planeta. Una nación dirigida por estadistas, catedráticos, médicos, abogados e intelectuales, se hunde en manos de un chofer de autobús sin instrucción ni modales, cuya nacionalidad es incierta.

Lamenté dejar apesadumbrado al respetado Dr. Vargas. Siguiendo el mismo orden, regresé a la Venezuela de mi juventud. Pasé por el abasto del portugués en la avenida Andrés Bello y llené la canastilla de víveres y otras delicias. Di una vuelta cerca del Palacio de las Academias sin miedo a que me dispararan para robarme cualquier baratija. Entré al vagón del Metro y saludé afectuosamente a toda persona que me sonrió sin fijarnos en las diferencias.

Lo que no pude fue concluir la lectura del reportaje que a ese pasado me transportó. Compartí el duelo que aflige a los venezolanos en la diáspora cuando constatan el derrumbe precipitado de los destinos de su patria querida. Ojalá no quede sepultada bajo los escombros de una enfermedad mortal llamada chavismo.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/

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