Publicado el: Sab, Nov 26th, 2016

Editorial de El Nuevo Herald: A la muerte de Fidel Castro

fidel castro
La muerte de Fidel Castro el 25 de noviembre, a altas horas de la noche, marca el fin de una era en la historia cubana.

Castro, uno de los tiranos más longevos de todo el mundo, impuso en Cuba en 1959 un cambio radical que trastornó la vida económica y política de la isla y ejerció una fuerte influencia en América Latina y más allá.

Gobernó desde el principio con mano de hierro. Para consolidar una revolución radical que en pocos años implantó un sistema de corte comunista en Cuba, ordenó una cantidad brutal de fusilamientos y envió a prisión a decenas de miles de cubanos.

Fue un dictador implacable, que no tardó en enemistarse con Estados Unidos y buscó el apoyo de la Unión Soviética para mantenerse en el poder. Provocó la crisis de los misiles en 1962, que puso al mundo al borde de la catástrofe nuclear. Se alió con Moscú durante la Guerra Fría, pero siempre fue un aliado imprevisible y costoso.

Envió soldados cubanos a librar contiendas en lugares lejanos, como Angola y Etiopía, para adelantar los fines del llamado internacionalismo proletario, es decir, la expansión mundial del comunismo. Fomentó guerrillas y movimientos subversivos en América Latina. Apoyó el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, del cual fue su mentor.

Fracasó prácticamente en todas sus aventuras internacionales, pero su constante disposición al conflicto y al espionaje lo convirtió en una espina clavada en el costado de la democracia norteamericana y de los gobiernos del hemisferio.

Internamente, sus promesas de propiciar el desarrollo económico en Cuba fueron tan fracasadas como su política exterior. Su modelo de planificación centralizada arruinó la economía cubana y provocó un descontento creciente en la población y el éxodo de cientos de miles de cubanos. Solamente en el puente marítimo del Mariel, en 1980, se fueron de la isla unas 135,000 personas.

Castro prometió la igualdad social, pero su sistema creó una nueva clase de dirigentes comunistas acomodados, que disfrutaban de numerosos privilegios mientras la mayoría de la población afrontaba la escasez de productos básicos, la falta de libertad y la represión política y policial.

Combatió con tenacidad y terquedad a Estados Unidos, al cual él llamaba invariablemente “el imperialismo yanqui”, pero en sus dos últimos años de vida presenció –posiblemente contrariado– la reanudación de relaciones entre Washington y La Habana.

El deshielo de la relación entre ambas naciones significa la derrota de la retórica estridente que Fidel Castro expresó durante todo su tiempo en el poder. En el 2008 se retiró de sus funciones al frente del gobierno, por problemas de salud, y su hermano Raúl asumió el mando. No obstante, muchos analistas piensan que Fidel siguió siendo un poder detrás del trono.

Ahora que ya no está, Raúl debe responder una pregunta crucial: ¿será el reformador que muchos afirman que es, o mantendrá el despotismo impuesto por su hermano?

La muerte de Fidel es el fin de una era en Cuba, pero el legado del desaparecido tirano seguirá ejerciendo una influencia en el acontecer político del angustiado país.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/en-nuestra-opinion

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