Published On: vie, Ago 24th, 2018

Editorial del Diario Clarin de Argentina: Escenas del surrealismo político


El método era cuasi socialista: todos tendrán obras, todos pagarán la coima. Era la condición.

No fue una batalla cualquiera la que se libró en el Senado. El resultado -67 a 0- revela una unanimidad que no fue tal y que fue más una forma de disimular una derrota que mostrar una reacción de todo el cuerpo para permitirle a la Justicia allanar los domicilios de uno de sus miembros.

Fue un hecho histórico porque, además, la senadora en cuestión ha sido presidenta por ocho años. Y el proyecto de convertirse en “eterna” -término acuñado por el fanatismo- capotó cuando en 2013 Sergio Massa le ganó al kirchnerismo en Buenos Aires.

En el primer intento, Cristina había logrado mostrar que aún era capaz de dejar a Pichetto en minoría. Dicen que en esta operación de fragmentar el laxo bloque del peronismo federal, hasta participó un empresario preso llamando a un senador del Sur desde la cárcel para que no apoye el allanamiento a Cristina.

Cosas que ocurren en el surrealismo de la política argentina y que se advierten en los discursos en los que se niega la realidad.

La idea principal es que la investigación por corrupción que desencadenaron los cuadernos se ha montado para ocultar el desmanejo de la economía del gobierno de Macri.

En el intento por ocultar el sistema de corrupción, el kirchnerismo le adjudica al macrismo más habilidades que las que tiene. Una de dos: o son unos inútiles, como lo han dicho, o son unos genios que han conseguido que empresarios y ex funcionarios confirmen lo que en principio decían los cuadernos, los que, según Larroque, han sido escritos en los “laboratorios de la CIA”. Ya habíamos escuchado la versión de Estela de Carlotto, según la cual un chofer no podía haber escrito de corrido esos textos.

Cristina en su discurso se preocupó de tres cosas. Del decreto por el que un empresario dice que pagó 600 mil dólares, porque la acusación le pega de lleno; de declararse una víctima de una persecución, como Lula; y de recordarle al Senado que allí se desarrolló un acto de gravedad como fue el caso Banelco, durante la presidencia de De la Rúa. No ahorró ironías y chicanas a Pichetto, quien terminó diciéndole en la cara que la conspiración denunciada era una estupidez.

La trama de corrupción que se ha destapado tiene historia. El subtexto de Cristina es que el sistema estaba tan generalizado que alcanza a todos, sobre todo a los Macri.

Hay personajes en esta historia que se repiten. En 2011, dos periodistas -Nicolás Balinotti y José Sbrocco- hicieron a pulmón una investigación del gobierno de Alperovich y contaron cómo eran las coimas de la obra pública en Tucumán. Igual a lo que ahora se sabe.

El libro tuvo varias ediciones pero poca circulación: las ediciones fueron compradas por un lector tan ávido que se llevaba todos los ejemplares de los quioscos; las librerías eran presionadas para que no lo vendiesen.

El recaudador en esa época se llamaba Andrés Galera (en nombre de De Vido), que atendía en el Grand Hotel a los empresarios que traían las coimas por las obras. El método, según el libro, era cuasi socialista: todos tendrán obras, todos pondrán la coima. Condición necesaria para entrar en el club.

Galera, también involucrado en Skanska, apareció como el “dueño” de la casa en Tigre desde donde José López partió con los casi 10 millones de dólares en bolsos y un fusil ametralladora hacia el convento.

A López lo dejaron solo cuando fue detenido. Quedó herido. Tiene mucho para contar.

Y lo está haciendo.

Fuente:Diario Clarin

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