Published On: mié, Oct 9th, 2013

EDITORIAL: Retrato hablado de un gobierno corrupto

EDITORIAL

 

-Maduro ante la Asamblea Nacional hizo un retrato hablado de la corrupción en su propio Gobierno

 

 

Con una altísima dosis de altanero cinismo acusó a la oposición política de los propios males que caracterizan al régimen chavista: corrupción sin límites, enriquecimiento doloso sin antecedentes en la historia de Venezuela, corrupción del Poder Judicial, del Poder Electoral, del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y la eliminación absoluta del Poder Contralor del Estado.

No queda margen de dudas que la crisis económica, el fraccionamiento de las hordas que en rapiña se distribuyen la riqueza nacional  y la atenazante sombra de su propia identidad ciudadana lo llevaron a radicalizar la conducción de su gobierno y acentuar la socialización de la economía venezolana. No más ilusiones de apertura del mercado y flexibilización de la convertibilidad cambiaria. ¡Giordani y la asfixiante estatización a la carga!

Al igual que Chávez pero sin su elocuencia,  un Maduro atrabiliario se refugió en desusadas citas del marxismo esclerótico y rebuscadas sentencias admonitorias que mas parecían los propios argumentos para un libelo acusatorio contra él y sus conmilitones. Fueron los  irrefutables argumentos de quien se develó en cómplice desafiante y valedor de la pandilla de corruptos que forman su gobierno.

Es la continuación del legado que le dejó el depredador insaciable que fue Hugo Chávez quien jamás se satisfizo en su innoble tarea de destrucción nacional. Malversó fondos públicos, ignoró la corrupción que lo rodeaba, destruyo el aparato productivo y administrativo del país, maniató las fuerzas emprendedoras de los venezolanos, consagró el “pediguellismo” como forma de gobierno, y, en el mejor estilo de las dictaduras hereditarias, designó a dedo a un agitador sindical que asegurara la continuidad esquizofrénica de su anti gobierno.

 

Maduro apenas hizo una etérea alusión de la corrupción de sus funcionarios en el manejo del Fondo Chino pero, en cambio, mencionó  con nombres y apellidos a un par de dirigentes medios de la oposición venezolana que por lo demás corresponden, en un caso, a una trampa urdida por un valido del gobierno, el señor Wilmer Ruperti y, en el otro caso, a una invasión de la vida privada de un funcionario regional. Es mentira que quería ir “a fondo” en sus denuncias como anuncio enfático para luego callarse y prometer hacerlo en un futuro. No puede hacerlo a riesgo que se desplome todo el tinglado administrativo que él pretende dirigir porque la corrupción es la única política perversamente exitosa del Estado chavista.

Al igual que la propia dirigencia opositora ha hecho mutis en los casos de la delincuente boliburguesía (retorcida asociación de chavistas y burguesía caraqueña). Calla y convalida, entre otros, los casos de PDVSA y la apropiación de los fondos de pensiones de sus trabajadores, el escándalo de los bolichicos, la corrupción judicial confesada por el ex magistrado Aponte Aponte, la existencia del “cartel de los soles”. ¿Acaso no sabe Maduro de la podredumbre en los tribunales de Venezuela; de los propios organismos de investigación del Estado en los cuales están incrustados connotados delincuentes internacionales, de innumerables militares de la alta nomenclatura citada por los organismos de investigación de Estados Unidos que pareciera ser el verdadero perseguidor de la corrupción en Venezuela y, en fin de  la infinita rapiña que hace de Venezuela uno de los países más corruptos del mundo?

¿Cómo se llego hasta allí? Por la vía de la complicidad silenciosa de los gobernantes, del Ministerio Publico, de los legisladores que no solo voltean la cara sino que medran de esa ubre inacabable de la riqueza petrolera.

A la oposición se le paso el tiempo al ignorar que no existe juego democrático sino una dictadura temeraria que envuelta en un ropaje de aparente libertad ocupa retadoramente cada espacio del acontecimiento nacional. La oposición hizo dejación de su papel para el fortalecimiento de la democracia. Se convirtió en un aparato electoral y puso de lado el augusto papel que le asignó el electorado: “hacer oposición”.  Callar fue otorgar. Callar es cohonestar. No denunciar es antidemocrático. Sus dirigentes, envueltos en la hojarasca de  sus propias palabras favorecen las cortinas de humo que les tiende el gobierno. La neutralidad, la ambivalencia son más provechosas que  la denuncia valiente y arrojada. Quienes fueron figuras radicales del chavismo hoy tienen rango de dirigentes opositores y, eventualmente, serán los líderes de la alternativa democrática. Escapar o ser expulsado del lado del gobierno es el único pasaporte para convertirse en bienvenido opositor.

La insolvencia del Estado, la imposibilidad de exhibir una obra pública siquiera medianamente aceptable, la escasez de alimentos, la inflación agobiante, la deplorable situación hospitalaria, la quiebra total de la producción nacional, el control mayoritario de los medios de comunicación nacional, el agotamiento de las reservas de tesorería, la convivencia con el narcotráfico, la confiscación del gobierno por la dictadura cubana y, en fin, la incapacidad absoluta de gobernar encarcelaron a un mediocre gobernante hasta el punto de tener que apelar a una ley habilitante que, en definitiva, es la apelación al espejismo de la fuerza para salvar el pellejo.

Pedir poderes especiales para reescribir la Constitución Nacional por el atajo de las veredas de la ilegalidad y desprecio al pueblo soberano es solo un artilugio para encadenar un país macilento y en apariencia  indolente que sus dirigentes no han sabido interpretar.  ¿Ya es tarde? Nunca es tarde pero tampoco el venezolano puede esperar que la rueda de la historia se atasque por sí misma. Corresponde al ciudadano honesto exigir que sus dirigentes no se atemoricen y no denuncien a los centenares de corruptos que se refocilan a la sombra del Estado.

Pero Maduro no se da cuenta que el necesita y va a seguir necesitando un culpable. Es la eterna estrategia del comunista: trasladar la responsabilidad. Maduro necesita la corrupción no solo para mantener el océano de vagos que lo rodean sino también para tener a quien responsabilizar y, algunas veces, meter preso a quien le estorbe. Esta habilitante que está claramente dirigida para acobardar a los opositores y va servir para la comisión de muchos atropellos, por ahora solo está enseñando la soga a los candidatos a ahorcados. Pronto comenzará la vendetta con  un torrente de denuncias  y el inicio de una guerra de aniquilamiento moral y, seguramente así, crear confusión e incertidumbre en la necesaria reciedumbre de la dirección opositora.

¡Las calles esperan la protesta cívica, inmutable, firme e imperturbable que abrirá los cauces para que la barbarie detenga su festín  antipatriota!

ImpactoCNA. Octubre de 2013

 

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