Publicado el: Mar, Ene 10th, 2017

El autoritarismo en Latinoamérica se beneficia de que internacionalmente la democracia ya no está de moda

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El caudillismo latinoamericano persiste

La inauguración este martes de Ortega y el reciente propósito de Morales de desoír el referéndum que prohíbe su reelección muestran que el bolivarianismo desfallece, pero no muere

El autoritarismo en la región se beneficia de que internacionalmente la democracia ya no está de moda

En Venezuela, el caudillo Chávez dio origen a una estructura populista que le sobrevive

La inauguración este 10 de enero de un nuevo mandato presidencial en Nicaragua por parte de Daniel Ortega, acompañado de su esposa en el cargo de vicepresidenta y rodeado de sus hijos, dueños de importantes contratas del Estado, pone en evidencia la persistencia de la figura del caudillo latinoamericano. En Bolivia, la intención de Evo Morales sugerida hace unas semanas de saltarse el resultado del referéndum que le prohíbe presentarse a otra reelección, es muestra igualmente de que, aunque el populismo bolivariano ha perdido apoyos, no puede predecirse su sepultura.

«En Latinoamérica sigue habiendo mercado para el caudillismo», advierte José Vicente Carrasquero, profesor de Ciencia Política de la Universidad Andrés Bello de Venezuela, país que ha exportado el modelo autoritario de Hugo Chávez a otras naciones de la región. Apunta que el fenómeno del caudillismo ha ido normalmente en paralelo a los ciclos de los precios de las materias primas, aunque hoy el paso no es tan al unísono.«En el caso de Venezuela, cuando el precio del petróleo era alto y el Estado tenía grandes ingresos, la gente decía que el socialismo era chévere porque Chávez distribuía; ahora que el precio ha caído y la situación es desastrosa, la gente tiene que buscarse la vida por sí misma, al margen del Estado, y pocos paran atención al gobernante», afirma Carrasquero.

 Otros dirigentes bolivarianos, como Evo Morales y Daniel Ortega, se diferenciaron de Chávez en contar con la empresa privada, de manera que cuando el ciclo de las materias primas ha caído la situación económica no ha perjudicado tanto a la población. «Chávez tenía petróleo y creía que podía prescindir del empresario privado; en cambio, en Nicaragua muchos ciudadanos siguen percibiendo una mejora de las condiciones de vida», añade Carrasquero.

Una política parecida es la seguida en Ecuador, pero en este caso el hundimiento del precio del petróleo, dado el gran peso del crudo en la economía ecuatoriana, ha debilitado políticamente a Rafael Correa, que ha preferido no forzar la situación volviéndose a presentar en las presidenciales de febrero, aunque seguirá controlando el poder si gana el candidato de su partido.

Precisamente la creación de partidos nuevos que acaparan el voto de gran parte de la izquierda y tienen implantación territorial hace más complejo el fenómeno del bolivarianismo, que en muchos casos aúna caudillismo y populismo.

A la distinción entre ambos conceptos ha dedicado diversos estudios el historiador Enrique Ayala, exrector de la Universidad Andina de Quito. Para Ayala, ejemplos claros de populismo en la historia política de Latinoamérica son la larga presidencia de Getúlio Vargas en Brasil, el Peronismo argentino y el APRA peruano. «Nacen con una persona, pero a la larga se consolida un espacio organizativo y la estructura sobrevive a su impulsor. En cambio, el caudillismo muere con el caudillo. Mientras que el populismo no es ni de derechas ni de izquierdas, sino más bien algo con elementos de ambas tendencias, de caudillos ha habido de todo tipo ideológico».

Ayala, dirigente del Partido Socialista del Ecuador, formación no integrada en la coalición política de Correa, considera que este es un caudillo, como lo fue Hugo Chávez, si bien en Venezuela «el chavismo se está consolidando con una estructura populista».

Sobre las raíces históricas del caudillismo o populismo latinoamericano, Michael Reid, periodista de «The Economist» especializado en la región, apunta varias en su libro «El continente olvidado»: la rápida urbanización, con la aparición de inmensos suburbios pobres en las grandes ciudades; la falta de una clase trabajadora urbana organizada en sindicatos que diera origen a movimientos socialdemócratas, y la propia la tradición presidencialista.

Reid destaca que cuando parecía que la democracia se había extendido en el continente americano, ya para quedarse, apareció entonces el populismo de corte bolivariano. A su juicio, eso se ha debido a la persistencia en Latinoamérica de graves desigualdades en ingresos económicos y riqueza, lo que «reduce el atractivo de una reforma incremental y aumenta el de líderes mesiánicos que prometen un nuevo mundo». Además, esos populismo han contado para su instalación con los ingresos estatales del ciclo alto de las materias primas.

La cuestión en que ahora, en el ciclo bajo, Latinoamérica se encuentra con que la democracia ya no tiene el «glamour» internacional de cuando se generalizó en la década de 1990 y hoy florecen movimientos populistas en diversas partes del mundo.

Fuente: ABC

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