Publicado el: Dom, Dic 29th, 2013

El BCV y el silencio de la inflación

Por:  Angel Alayón*

La Ley obliga pero, en Venezuela, sólo a algunos. El Banco Central de Venezuela debió publicar la cifra de inflación de noviembre, a más tardar, el pasado 10 de diciembre, pero aún hoy los venezolanos desconocen en cuánto variaron los precios durante un mes que será recordado en la historia económica venezolana como el mes en que se desató la “ofensiva contra la guerra económica” y la batalla de Daka. El gobierno nacional obligó a bajar los precios de diversos productos y las colas de consumidores aprovechando la oportunidad no se hicieron esperar. La popularidad de estas medidas permitieron al Presidente recuperar sus niveles de aceptación y evitar así el iceberg que representaba, hasta días antes, las elecciones municipales del 8-D.

Pero los silencios nunca han sido inocentes, aunque inocentes y culpables puedan callar por igual. En una alocución ya famosa, Nicolás Maduro dijo: “En noviembre, de acuerdo a nuestro seguimiento, la inflación debería ser menos cinco por ciento” porque muchos productos están a mitad de precio “¿Se darán cuenta los técnicos del BCV y del INE de lo que está pasando más allá de la tecnocracia y la tecnología?”. Maduro no explicó el significado de la frase “más allá de la tecnocracia y la tecnología”, pero no cabe duda que el giro debe interpretarse como un llamado a desestimar los resultados de la metodología estándar para la medición de los índices de precios.

Luego de ese llamado al BCV y al Instituto Nacional de Estadísticas, ningún silencio puede considerarse inocente.

Para más sombras, el presidente del INE anunció que el BCV daría la cifra de inflación de noviembre el pasado 19 de diciembre en rueda de prensa, pero la convocatoria a los medios fue suspendida ese mismo día. El problema al que se enfrenta el BCV es el de la asimetría de la credibilidad. Es difícil ganarla, pero muy fácil de perder. Como sucede con los matrimonios de muchos años, una sola incursión extramarital basta para derrotar la confianza.

Quizás el gobierno venezolano deba mirarse en el espejo argentino. El INDEC, considerado durante mucho tiempo como uno de los mejores organismos de estadísticas de América Latina, se rindió al kirchnerismo en el 2007 y desde entonces sus cifras han dejado de ser creíbles. La situación con la medición de la inflación en Argentina ha llegado a extremos en el que el Ministro de la Economía confiesa lo difícil que es hablar de la inflación en su país:

No se puede subestimar la importancia de los datos oficiales que emanan del Banco Central de Venezuela. Del dato de la inflación depende, por ejemplo, la posibilidad de evaluar el desempeño de la economía en fenómenos tan importantes como el crecimiento económico y la pobreza. Una sola cifra no-creíble (increíble) será suficiente para generar desconfianza absoluta sobre el desempeño de la economía venezolana.

A estas alturas, no podremos saber si la cifra de inflación que se publique reflejará la verdad o no ni afirmar que el BCV presentará una inflación más allá de la tecnocracia y la tecnología. Pero hay un elemento más que debemos contemplar: el retraso también puede ser una señal de resistencia.

La violación de la Ley, al no presentar a tiempo la información, está lastimando la credibilidad del Banco Central de Venezuela cada día que pasa. El silencio es tenso y costoso y ya veremos hacia dónde deriva. Quizás de todos modos deba advertirse que manipular la cifra de inflación no hará que los venezolanos dejen de percibir sus efectos. Pero perder la credibilidad logrará algo mucho peor: cada quien creerá lo que quiera creer.

Romper el termómetro nunca ha curado una fiebre.

Prodavinci

*Economista. Editor de Prodavinci

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