Published On: Dom, Nov 10th, 2013

Continúa el caos y la destrucción del orden económico provocado por Maduro

Maduro provoca saqueo y colas con orden de confiscación

El presidente venezolano exigió al grito de “que no quede nada en los anaqueles” la ocupación de una tienda a la que acusó de vender productos a sobreprecio

 

 

 

Venezuela vivió ayer un sábado de pasión revolucionaria, entre colas kilométricas y al menos un saqueo. Miles de personas se echaron a la calle tras escuchar las arengas de Nicolás Maduro en televisión.

“He ordenado inmediatamente la ocupación de esa red y sacar los productos a la venta del pueblo a precio justo, todos los productos. ¡Que no quede nada en los anaqueles!”, gritó el mandatario en la noche del viernes.

El Gobierno ordenó de forma tan pintoresca la intervención de una cadena de tiendas de electrodomésticos en el primer capítulo de la bautizada ofensiva cívico-militar contra la “guerra económica”.

De forma automática, los venezolanos se lanzaron en medio de la noche para hacer cola en los cinco establecimientos que Daka tiene entre Caracas y el interior, y en otros centros muy conocidos del sector. Colas que por un día no buscaban harina, leche, azúcar o papel higiénico, como es habitual desde hace meses.

El objetivo era muy distinto: televisiones, neveras y microondas. “Hay que aprovechar ahora que hemos cobrado las utilidades, hoy sacan los plasmas y mañana no quedan”, confesó a DIARIO LAS AMÉRICAS William, tras seis horas de cola, desde las 4 a.m., en un establecimiento del barrio caraqueño de La Candelaria.

“En las tiendas del Bicentenario [estatal] es muy difícil encontrar electrodomésticos de línea blanca [neveras, cocinas y lavadoras] a precio económico”, se quejó el joven caraqueño, convencido de que unas cuantas horas de espera le iban a proporcionar un televisor de 40 pulgadas.

La primera gran medida de Maduro contra la especulación se decidió tras la inspección realizada a las dos tiendas de Daka donde habrían encontrado productos que superaban el 1,000% de su precio, incluso algunos hasta 2.500% por encima de su valor, siempre según el presidente.

“Una nevera más o menos grande fue la vulgaridad que encontramos: 196.000 bolívares, casi nos cuesta hacer una casa de la Misión Vivienda Venezuela”, enfatizó el líder bolivariano, que ordenó vender ayer mismo los productos de esas tiendas al precio marcado en octubre.

Los gerentes de la cadena fueron detenidos por el Sebin, la inteligencia militar. La cadena obligatoria de radio y televisión propagó la noticia por todo el país y miles de personas se lanzaron a hacer colas.

En Valencia incluso se produjeron saqueos y destrozos en una de las tiendas. Ni un electrodoméstico quedó en sus estanterías. La Guardia Nacional controlaba los tumultos en otros almacenes.

Todo el mundo quería un televisor gigante. Venezuela sufre una aguda crisis económica y social, con la inflación tan descontrolada que cerrará en 2013 por encima del 50%, sólo superada por Siria. Pero incluso el país árabe caería derrotado por Venezuela si sólo se midiera el aumento de los precios en alimentos y bebidas no alcohólicas en el último año: un estratosférico 72,1%.

El chavismo se lanzó de lleno a apoyar la medida populista de Maduro. “El presidente demostró al país y al mundo las estafas a través de las cuales la burguesía parasitaria roba al pueblo”, defendió Delcy Rodríguez, ministra de Comunicación.

“La burguesía, cuando se siente poderosa, le quita al pobre para enriquecerse ellos”, sentenció Maduro, que con el grito “¡que no quede nada en los anaqueles!” imita una vez más al “comandante supremo” y su histórico “¡Exprópiese!”.

Ambos gritos fueron recibidos con la misma euforia por parte de la población. Años después, los resultados de las expropiaciones de fábricas y la toma de tierras agrícolas son una de las principales causas del deterioro económico del país: empresas ineficientes, marcadas por la corrupción, que producen menos que antes y que han puesto al país en manos de la importación.

Lo que no tuvo en cuenta Maduro a lo largo de su intervención es que el empresario de Daka, de origen árabe, se hizo millonario cobijado en el entorno del Gobierno bolivariano, que le facilitó millones de dólares para importar al cambio oficial, de forma directa o indirecta. Luego vendía los productos al precio que quería. “Toma y Daka. Amor con amor se paga”, ironizó el escritor Leopoldo Tablante. “Daka como doble tragedia: un Gobierno que no va a la raíz del problema y la gente en las colas, pensando que el futuro será promisorio”, se lamentó Asdrúbal Oliveros, director de EcoAnalítica.

Diario Las Américas

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