Publicado el: Dom, Nov 20th, 2016

El chavismo y el manual de cómo destrozar un país (en poco tiempo)

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Hace años fui testigo in situ de crisis y situaciones de adversidad en Venezuela pero lo que acabo de presenciar luego de cerca de cuatro años de ausencia me dejó perplejo

Julio César Camacho*

Admito que jamás llegué a imaginar el país que acabo de ver y fue duro aceptar el estado en que se encuentra. Los actuales gobernantes han vuelto pedazos la economía de una nación rica, son incapaces de garantizar la seguridad personal, han acabado con el aparato productivo, regalan petróleo a gobiernos ajenos, han dividido a Venezuela y han protagonizado una brutal represión. Hay más de 100 presos políticos encabezados por el líder del partido Voluntad Popular Leopoldo López. Solo 10 días estuve allá y me es complejo resumir lo que pasa en una nación que no es sombra de lo que fue hasta hace algo más de tres lustros.

Hace años fui testigo in situ de crisis y situaciones de adversidad en Venezuela pero lo que acabo de presenciar luego de cerca de cuatro años de ausencia me dejó perplejo. Cuando se arriba al aeropuerto de Maiquetía uno siente un país hostil, con funcionarios de inmigración mal encarados que tienen el atrevimiento de preguntarle a un venezolano por nacimiento que acaba de llegar: ¿A qué se dedica usted? Al terminar mis trámites de aduana e inmigración, mi cuñada y mi sobrina comenzaban a contar las peripecias de los venezolanos para comprar lo más elemental.

En Caracas pude ver largas colas de gente esperando para comprar pan, toallas sanitarias o papel de baño, entre tantos productos regulados por el gobierno, y lo peor es que cuando les toca su turno para comprar, se quedan sin lo que iban a adquirir. Los productos se acaban enseguida. Cuando llegan artículos de primera necesidad los primeros en arribar a los expendios son los Guardias Nacionales. Recordemos que en Venezuela el gobierno controla la venta en todos los abastos y supermercados. El control comienza desde el sitio adonde llega o donde se produce la mercancia y usted solo puede comprar artículos regulados, pero de acuerdo al terminal de su cédula de identidad.

Cierto día mi amiga Judit me invitó a visitar un supermercado que, como todos, tenía poco abastecimiento y quedé perplejo cuando al comprar un colador de café me tomaron huellas digitales y de paso copiaron la información de mi cédula de identidad. Imaginé que estaba comprando un rifle o una pistola. Y andar a pie por la calle es retar al peligro, sobre todo si uno lleva alguna prenda de valor. Fue deprimente ver gente en las aceras o calles registrando bolsas de basura buscando algo para comer o usar. Donald, el camarógrafo que trabajaba conmigo durante esos días, me dijo que esa mañana había visto a un hombre que parecía ir rumbo a su trabajo, bien vestido y hasta con corbata, quitarse el saco, subirse las mangas de la camisa y comenzar a registrar una bolsa con basura.

En Caracas, el agua es racionada y sobre todo en zonas donde vive gente a quienes el gobierno llama “escuálidos”. Uno va al supermercado y además de encontrar poco o nada para comer, los estantes están repletos de refrescos o de cualquier otro producto de poca venta. De paso castigan los negocios que tengan estantes vacíos. “Hay que colocar allí lo que sea”, me decía el regente de un abasto porque “si no lo haces te aplican multas u otras sanciones”. Algunos negocios han decidido retirar estantes porque no tienen mercancía para colocar. Lo más triste es que hay muchos productos en manos de los llamados “bachaqueros” que revenden en plena calle a precios exorbitantes. El gobierno tolera esas ventas y en ocasiones suple a esas personas. Los “bachaqueros” han proliferado y convertido su oficio en una forma de sustento muy productiva.

¿Salir de noche? Una aventura que puede costar muy caro. Valga decir que el hampa anda por la libre y a la caza de sus presas. Sabido es que Venezuela tiene la cifra más alta de muertes por violencia en el mundo y la morgue de Caracas no da abasto para recibir a tanta víctima del hampa. Cárceles con exceso de reos donde hay bandas que gobiernan dentro y fuera y hay “pranes”, delincuentes que someten no solo a sus compañeros de prisión sino a quienes custodian esos lugares.

Por otra parte, con relación al llamado “bolívar fuerte”, un amigo me contaba que la devaluación de la moneda es tal que no vale la pena tener dinero en el banco. “El bolívar se deprecia de la mañana a la tarde” y si usted no tiene tarjeta de débito debe cargar un saco de billetes para hacer sus pagos. El gobierno se niega a emitir papel moneda de mayor denominación para que no sea tan evidente la devaluación drástica del dinero. El billete más alto es el de cien bolívares y una barrita de chocolate le puede costar hasta más de 3 millones de bolívares. En poco tiempo la inflación se ha comido al país y aunque oficialmente lo niegan, se habla de tres dígitos.

Hay gente que come una vez al día y los que pasan hasta dos días seguidos sin alimentarse. “La dieta de Maduro es lo que reina”, me decía alguien para referirse al hambre que muchos pasan. “No hay azúcar, no hay harina, no hay queso, no hay leche, no hay carne, no hay arroz, no hay pan”, me comentaba otra persona.

Cuando yo iba a Caracas, acostumbraba traer a Miami, café, golosinas y hasta leche en polvo de muy buena calidad. Pero esta vez tuve que llevar dos maletas repletas de alimentos, medicinas y artículos de aseo personal para medio surtir a mis allegados. Y no es que no tengan algo de dinero para comprar. Es que no hay lo que necesitan. Un familiar que sufre de asma me dijo que llevaba meses tratando sin éxito de encontrar sus medicamentos.

En fin. Me estoy quedando corto con la historia de mi reciente viaje a un país que actualmente es gobernado por la gente más incapaz, irresponsable y maluca. Es un gobierno que utiliza todos los medios de comunicación para mentir a los venezolanos y prohíbe a los opositores expresarse. A diario hacen cadenas de radio y TV para decir lo que se les antoje. Controlan todas las instituciones y aupan bandas armadas para amedrentar al pueblo. No tienen piedad.

Un régimen que manda con los consejos de La Habana, a cuyo gobierno le paga por enseñarles a gobernar durante muchos años con mano de hierro y a costa de lo que sea. Hasta con el hambre de todo un pueblo sin importarles que el país se arruine. Qué triste es ver a Venezuela así.

*Periodista y presentador de Actualidad Radio (Miami) y TVVenezuela (Miami).

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es

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