Published On: mar, Nov 20th, 2018

EL COCODRILO POLÍTICO, por Orlado Viera-Blanco


“A partir de lo dicho y siendo una quimera alcanzar la unidad, pues no queda otra opción que apurar la decantación de la política en Venezuela… y queden los que tienen que quedar”.

La reciente declaración del amigo Henrique Capriles viene a sumarse a una cadena desenfadada de desplantes que siguen exacerbando la fractura de la oposición. Decir “que hay una oposición extremista y sectaria” es una sentencia a lo menos infeliz por infantil e impertinente por segregacional. A este punto si Capriles buscaba impulsar la unidad, pues lo hace terriblemente mal y por el contrario me temo que al calificar a otros de secta se autodefinió como tal por lo cual terminó de liquidar la última reserva de capital político que le quedaba.

EL DERECHO DE NACER

Aunque doloroso y trágico en términos republicanos, Venezuela sigue siendo una novela interminable, no sólo en el capítulo del desmantelamiento social, económico y político, sino de su tejido humano. No alcanza nuestra imaginación avizorar el absorto de estupidez en el que puede incurrir el gobierno o ciertos actores de la oposición política. Solo escritores como Delia Fiallo o Félix B. Caignet serían capaces de escribir un guion donde se combinan el incesto con el amor, la guerra y la paz o el enlace entres la nacida en La Habana y el nacido en Nueva York…

Que un hombre como Hugo Chávez hable de tierra de gracia ultrajada por la colonización, demonice a Cristóbal Colón, pontifice a María Lionza, a Ezequiel Zamora o el Taita Boves, o lance una apología sobre el derecho de nacer en Sabaneta, es propio de quien acumula incontenibles y confesos reflujos de profundo resentimiento social… Pero que un hombre como Capriles, educado, de cultura liberal y holgura corporativa; de sangre judía y espíritu Mariano, plante arengas de contraste político fundamentadas en el clivaje del color de piel, el pluralismo ideológico o la alusión dogmática, comporta una grave impostura que devela por qué Capriles en su momento fue un flacucho en todo el sentido del mote popular, que por débil y agazapado no cobró lo que tenía que cobrar, ni aglutinó lo que tenía que aglutinar, ni reinició el camino que tenía que cabalgar.

TANTO VA EL AGUA AL CÁNTARO…

No lo digo yo, lo dicen los tratados más importantes de la teoría política de la escuela alemana (Habermas), la contemporánea de Sartori o la española con Miguel Roca en la línea de avanzada catalana: la política debe ser la comprensión ampliada de las minorías y la virtud de integrarlas eficiente y armoniosamente con las mayorías.

El simple hecho de “combatir” la fractura de la unidad opositora apelando a una intolerancia tartufa divisionista, no es más que una contradicción in terminis que impide un consenso inteligente entre los grupos de competencia. Si en algo ha sido noble e inteligente la oposición política venezolana (Henrique incluido), ha sido en desmontar el mito irresponsable e hiriente de la lucha de clases aupado por el discurso revanchista bolivariano. Por el contrario, si en algo ha errado la oposición ha sido en conseguir una estrategia eficaz para tocar el corazón de las masas y redimir el odio sembrado por Chávez.

Que un mismo actor de oposición trate de sugerir que existe un sector de la oposición de “otro color”-sic- que no comprende las necesidades del pueblo y nada ayuda desde un Smartphone a aliviar el hambre de nuestros niños, no es una sentencia que en este momento le toque atestar a un líder político maduro y moderado en el marco de la polarización que ha destrozado nuestro gentilicio.

En los últimos 20 años hemos patinado reduciendo el debate político al esquema vetusto y demencial de la explotación del proletariado y del socialismo como modelo de poder que aún debe sobrevivir después del desastre que ha significado el populismo en Venezuela. Seamos serios. En este esquema a partidos de centro derecha como VP y PJ o les gusta estar en la internacional socialista y acuñar el verbo repartir. Capriles ensaya un discurso que enaltece el centralismo de estado, las misiones o las políticas estatistas (leninistas) de planificación, control y reparto de la renta petrolera. Seguimos entrampados en el minotauro del dominio partidista y mesiánico de la riqueza de los recursos del Estado, subestimando el desafío de la tecnología, la privatización, la comunicación y la apertura comercial como ecuación de solución a la miseria y a la pobreza.

El fondo de la cuestión es que nadie suelta el sartén presidencial y de la beneficencia dirigida. Quien intente hablar de mercado, fuerzas de competencia, productividad o tecnología, será acusado de pertenecer a una secta, de ser extremista y un insensible y descorazonado tecnócrata tuitero, que hay que combatir… Esto en todo caso le toca decirlo y decidirlo al hombre de a pie pero no al que tiene el inmenso compromiso histórico de aglutinar y liderar un profundo e impostergable proceso de transformación social en Venezuela y el más importante rescate republicano desde la llegada de Colón a tierra de gracia.

Pues si Capriles quería llevarle más agua al cántaro lo ha hecho y lo ha roto.

LA ÚLTIMA DECANTACIÓN

A partir de lo dicho y siendo la unidad una quimera, pues no queda otra opción que apurar la decantación de la política en Venezuela. Que queden los que tienen que quedar y se marchen los que se tienen que marchar… los cocodrilos políticos. No queda más…

@ovierablanco ovierablanco@vierablanco.com

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