Publicado el: Dom, Abr 5th, 2015

Argentina: se acerca el fin de la dinastía Kirchner

Una Argentina sin los Kirchner
El fin del mandato de Fernández y las incógnitas sobre la sucesión abren la posibilidad de cambio en el país austral

Durante 12 años, casi todo en Argentina ha pasado por una letra: la K de Kirchner. Políticos K, empresarios, jueces y fiscales K, periodistas pro y anti K. Esa época toca a su fin porque Cristina Fernández de Kirchner no tuvo fuerza política suficiente para reformar la Constitución, como quería, y no puede volver a presentarse en las elecciones de octubre.

Ella sigue ocupando absolutamente todo el espacio político, como pocos presidentes en el mundo. Incluso los intermedios de los partidos de fútbol, emitidos por la televisión pública y llenos de anuncios oficiales con su imagen. La presidenta se mueve para tratar de seguir controlándolo después de salir de la Casa Rosada (sede del Gobierno). Pero lo cierto es que se va. Y todo, desde los sindicatos hasta el empresariado, se mueve ya en Argentina pensando en cómo será la vida sin el ultraprotagonismo de este apellido.

Sus seguidores aún no se hacen a la idea. El pasado 1 de marzo, miles de peronistas la jaleaban en la plaza del Congreso ante su gran discurso de arranque del curso político. La presidenta pasó en coche en medio de la masa saludando. “Ahí va la jefa, ¡aguante Cristina!”, le gritaban. “¿Y ahora qué vamos a hacer sin ella?”, se preguntaba un hombre mayor. Un compañero de mediana edad se encogió de hombros: “Y, está Randazzo, es el pollo [pupilo] que tenemos”. Los dos se miraron desolados. Florencio Randazzo, ministro de Transporte, es un posible sucesor, pero ninguno de los analistas y políticos consultados le atribuye muchas posibilidades de llegar al final de la carrera.

Es Daniel Scioli, gobernador de Buenos Aires al que la presidenta siempre ha despreciado, el mejor colocado entre los oficialistas. El peronismo, basado en el hiperliderazgo, siempre tiene un problema con la sucesión. “Mi sucesor es el pueblo argentino”, dijo el propio Perón, que murió sin designar relevo.

El caso de Kirchner es único, explican los expertos. Eduardo Fidanza, director de Poliarquía, una de las empresas de encuestas políticas más conocida, explica: “Todos los presidentes han llegado al final de su mandato hundidos, ella llega con una alta valoración, por encima de 40 puntos positivos. Se ha recuperado después del caso Nisman [el fiscal hallado muerto con un tiro en la cabeza] y por eso quiere influir”.

“Si gana un peronista ella acabará desapareciendo, el peronismo solo responde a un líder, pero si gana Mauricio Macri [el alcalde de Buenos Aires, conservador], ella podría querer ser la líder de la oposición para volver después como [Michelle] Bachelet, la presidenta chilena”, asegura Fidanza.
En el hiperpolitizado Buenos Aires, donde todo el mundo habla de política a todas horas, esto ha llevado a la hipótesis muy extendida de que, en realidad, ella quiere que gane Macri. Algunos peronistas consultados lo ven muy exagerado pero incluso personas fieles a la presidenta se preguntan si ella realmente quiere que su partido gane estas elecciones.

Kirchner conserva un gran apoyo sobre todo en las clases más populares. Argentina ha pasado del hundimiento de 2002, cuando llegó al 57% de pobreza, al relativo bienestar actual pese al parón en el crecimiento (25% de pobreza) con altos niveles de consumo —la inflación del 30% hace casi absurdo el ahorro en pesos—. Ella sigue prometiendo casi cada semana nuevos planes de ayuda y más nacionalizaciones, que suben su popularidad entre sus fieles, y deja para el próximo Gobierno los posibles recortes al estilo de Brasil.

Pero la otra parte de la sociedad, la que quiere un cambio, harta del enfrentamiento permanente de los Kirchner e indignada por los escándalos de corrupción que afectan a su propia familia, es creciente. “La tendencia de cambio es muy fuerte desde hace tres años, nuestros datos nos hacen pensar que va a ser presidente un opositor”, señala Carlos Fara, presidente de otra gran encuestadora.

Los Kirchner se resisten a dejar el primer plano y el martes Máximo, el hijo mayor de la presidenta, líder de La Cámpora, una especie de guardia pretoriana del kirchnerismo que ocupa varios espacios de poder, rompió su silencio de siete meses para apuntar que podría ser candidato al Congreso.

Su madre también apunta que podría estar en esa Cámara para tratar de mantener influencia. Los Kirchner buscan cómo seguir, pero todos los demás se mueven ya pensando en el nuevo poder.

El País

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