Publicado el: Sab, Abr 13th, 2013

El hombre que creó el “socialismo del siglo XXI”

  Heinz Dieterich,llegó por primera vez a América Latina a mediados de los años 70.

Este domingo, en Ciudad de México, estará siguiendo las cruciales elecciones en Venezuela

Y no es para menos. En diciembre de 1999, Dieterich tuvo un encuentro que lo marcó profundamente. A él y a su interlocutor, Hugo Chávez Frías, entonces flamante presidente venezolano.

En los 14 años que han transcurrido desde entonces, Dieterich se involucró tanto con Venezuela y su proceso político que conoce de manera personal a casi todos sus protagonistas, incluida la cúpula de la Revolución Bolivariana, y lo que sucede y se trama en los corredores del poder.

Cuando vio por primera vez a Chávez, Dieterich ya era conocido por mérito propio como un pensador de izquierda. Había publicado un libro con Noam Chomsky (“La aldea global”) y, crucialmente, su obra “El socialismo del siglo XXI”.

¿Qué es el socialismo del siglo XXI?

Haciendo algo simple de una teoría compleja, según Dieterich, ahora tenemos una sociedad burguesa capitalista que atiende en primer lugar los intereses de la clase empresarial; una economía de mercado, donde los grandes capitales determinan su dinámica y un Estado caracterizado por una democracia formal que sólo puedes ejecutar cada tantos años en las elecciones.

Su teoría propone reemplazar esos tres pilares por una democracia realmente directa y participativa (algo posible ahora, en la era digital), donde el

Estado represente todo el cosmos social

y una economía que no se base en la propiedad privada y el precio de las mercancías, sino fundada en la teoría de valor de la escuela clásica de la economía, donde el valor se mide por el trabajo que implica un producto o servicio y no en las leyes de la oferta y la demanda.

Los críticos desde algunos sectores de la academia dicen que esta economía de valores no está muy bien detallada.

Y desde la izquierda más radical dicen que es sólo otra máscara de la democracia capitalista.

Los presentó su amigo Alí Rodríguez, ministro de Energía del nuevo gobierno. “Cuando ellos ganaron las elecciones yo fui y le dije: ‘Mira, quiero saber sí realmente va a haber un cambio o si van a ser como los demás'”.

Chávez había leído en la cárcel uno de los libros de Dieterich, así que aceptó hablar con él. “Hubo una química espontánea”, dice el profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM).

Conversaron toda la noche en el Palacio de Miraflores. Después de eso hablarían muchas noches más, hasta 2007, cuando se presentó la ruptura.

“Era un hombre que aprendía rápidamente. Tenía un pensamiento dialéctico, no burocrático. Escuchaba. Un sistema de ese tipo inevitablemente modifica su software. Su aprendizaje fue muy rápido.

“La primera vez que lo conocí obviamente había limitaciones en el conocimiento de la política en general y del mundo global. Pero me sorprendió como, unos tres años después, a través de sus viajes y contactos, había asimilado como una esponja conocimientos y experiencias”.

Durante toda la conversación con Heinz Dieterich hay un tema recurrente: cómo cambió Hugo Chávez después del intento de golpe de Estado de abril de 2002.

“Antes yo creo que había una cierta inercia de pensamiento. Creo que el golpe le despertó, le hizo entender realmente cómo funcionaba la política. Él creció. De un militar patriótico, democrático y cristiano, se convirtió en un gigante de la política”.

Una “repercusión del carajo”

Heinz Dieterich habla español con un ligerísmo acento alemán y camina con una cojera no tan ligera. En lo que no vacila es en sus respuestas: Son sesudas y redondas.

Su oficina, en el tercer piso de una de las sedes de la UAM en Ciudad de México, es amplia y sobria. Un par de tableros, sillas desperdigadas y dos mesas. Sobre una de ellas un reluciente juego de tazas y tetera para servir té chino, posiblemente recuerdo de un viaje reciente a ese país.

Buena parte de los esfuerzos intelectuales y prácticos de Dieterich parecen enfocados ahora hacia China -donde sus ideas empiezan a ser acogidas-, pero en algún momento lo estuvieron hacia Venezuela.

Eso se hizo evidente el 30 de enero de 2005, cuando, en el Quinto Foro Social Mundial, en Porto Alegre, Brasil, Hugo Chávez habló por primera vez en público del socialismo del siglo XXI.

El concepto lo había ideado Dieterich para diferenciarlo del socialismo del siglo XX (la Unión Soviética, Cuba, Corea del Norte).

“Cuando yo encuentro a Hugo Chávez por supuesto que hablamos de eso, porque él estaba buscando un modelo (…) Para mi sorpresa, lo lanza en el foro de Porto Alegre y obviamente tuvo una repercusión del carajo”.

Pero, ¿logró Hugo Chávez llevar a la práctica algo de esa teoría?

No en lo económico: “Es que es muy difícil, en primer lugar porque hay que entender un poco de economía y el problema de toda la izquierda del mundo es que cuando se habla de una economía no capitalista piensan que se trata de colocar la bandera roja en la fábrica y meter un tanque”.

Pero cree que hubo avances y logró cambiar la manera de pensar de las clases popular y media en Venezuela. “Es algo que la derecha no ha entendido y por eso no van a ganar las elecciones: hoy día las mayorías son otras. No ve que (la mayor parte de) la clase media también quiere ese modelo”.

“En Venezuela el pueblo tiene una conciencia proactiva, piensa por sí mismo. En la Unión Soviética y otros países del socialismo del siglo XX recibían órdenes. Y eso no es sólo un gran dique a la derecha sino un control a la burocracia”.

Sin embargo, dos años después del discurso de Chávez en Porto Alegre se produjo la ruptura.

El rompimiento

En su oficina, el profesor Dieterich sólo tiene un cuadro. Y no está colgado, está puesto sobre un viejo sofá. Es un afiche enmarcado de los paracaidistas venezolanos, firmado por el general Raúl Isaías Baduel, uno de los cuatro compañeros con los que Chávez creó, en 1982, el Movimiento Bolivariano Revolucionario. Aunque no quiso participar en la intentona golpista de 1992, fue una de las figuras claves para evitar la pérdida del poder en 2002 y llegó a ser ministro de Defensa entre 2006 y 2007.

Caudillismo, populismo y control de los poderes

Una de las principales críticas que se le hacen a Hugo Chávez es que es el típico caudillo latinoamericano (para algunos escritores de la región, el único “concepto” que América Latina le ha legado a la historia del pensamiento político).

¿Qué dice Dieterich a esto?

– Lo he escuchado muchas veces. Otra crítica desde la derecha es decirle populista. Nunca he encontrado una definición de populismo que me parezca científicamente satisfactoria. Y menos una de caudillo.

Hay un concepto que se toma del imperio romano, que es Cesarismo. O acuden a Max Weber y su tipología del líder carismático. Pero todo esto, a mi juicio, para quemarlo o por ignorancia, incapacidad teórica de calificar un fenómeno nuevo.

No pueden definir caudillo. Es un concepto que nace de la vida latinoamericana. Es como Macondo, puedes describirlo…

– O dar ejemplos muy concretos como Fidel Castro y Perón: la persona carismática que arrastra masas, pero que en algún momento se convierte en el único líder, que arroja a las sombras a todos los demás y que sin él es a veces difícil que el movimiento continúe

– Sí, eso lo entiendo, pero entonces Ronald Reagan también sería un caudillo, porque tenía un tremendo apoyo. O Maggie Thatcher en su momento.

La oposición y la academia mediocre han utilizado ese concepto porque es muy sencillo de entender. Tu tienes coyunturas históricas donde líderes con determinada configuración excepcional -Lázaro Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil, Perón en Argentina- pueden transformar la realidad nacional.

Y el modelo que crearon es lo que podríamos llamar una economía mixta de desarrollo.

– Con el Estado interviniendo fuertemente…

– Con el Estado liderando fuertemente. Lo que se vio después de 1945 en Europa. Todos estaban de acuerdo con que el Estado tenía que conducir el proceso de construcción.

Y como acá (en América Latina) los neoliberales habían dejado una destrucción muy semejante a lo que dejó a guerra en Europa, había que reconstruir el sistema. Se necesitaba una estrategia. Y la que Chávez finalmente practica es la de Perón, Cárdenas y Vargas.

Pero con una diferencia clave: el modelo de Chávez no es corporativo -todo controlado por el poder-: él es democrático, respeta la superestructura burguesa, división de poderes, todo eso. Tal como lo tienes en el primer mundo.

– Usted menciona la división de poderes de la teoría liberal clásica, pero la otra crítica es que Chávez los controlaba totalmente

– Eso es lo que sucede en todos los gobiernos que tienen la mayoría absoluta. Se vio en el gobierno de Bush, tenía la mayoría en la Corte Suprema, la mayoría de los gobernadores, senadores y diputados. Eso es así en cualquier sistema de la democracia burguesa.

Dieterich se hizo muy amigo de Baduel y cuando éste marcó distancia con Chávez en noviembre 2007, al criticar una propuesta de reforma constitucional -que a la postre fue derrotada en las urnas-, el presidente venezolano no se lo tomó nada bien. El profesor Dieterich dice que trató de mediar, algo que -asegura-, algunos sectores dentro del chavismo no le perdonaron. Fueron quienes influyeron para alejarlo de Chávez.

Por internet es posible encontrar ataques de chavistas contra Dieterich. Un ejemplo típico dice: “Opina desde la nostalgia y resentimiento por su pérdida de influencia en Venezuela”.

Baduel fue detenido en 2009, acusado de corrupción y en la actualidad se encuentra en la cárcel, pagando una condena de ocho años.

A pesar de eso, Heinz Dieterich guarda un buen recuerdo de Hugo Chávez. Y es evidente que lo consideró un amigo. “Pese a nuestras diferencias, nunca habló mal de mí”.

Lo que viene

Volviendo a la política y a las elecciones de este domingo en Venezuela, ¿es posible mantener el modelo bolivariano sin Chávez? Dieterich cree que sí. “Se va a mantener porque las mayorías lo quieren. Cualquier candidato, sea de izquierda, centro o derecha que no respete esa voluntad de las mayorías no tiene futuro en Venezuela.

“La gente (incluida, insiste, la clase media) se ha convencido de que es el mejor modelo que puede tener. Porque tienen ingreso… claro, la inflación es alta, pero el estado les repone con los salarios mínimos. Es un estado más o menos democrático donde se respetan hasta las derrotas electorales. El principal problema es la criminalidad, pero los votantes van a decir: ‘Maduro lo va a arreglar. Hay que darle una oportunidad'”.

Sobre Nicolás Maduro -a quien dice conocer bien- reflexiona que “está evolucionando su propio perfil. Mantiene el patrón del comandante, pero está ganando una estatura propia. Va a ser un buen presidente, sin las condiciones de un Chávez o un Fidel, pero lo va a ser porque el sistema está estructurado. Una catástrofe no va a haber”.

Tampoco cree que se vayan a presentar divisiones internas en el chavismo, pues no ve quién le pueda hacer sombra a Maduro, ni siquiera Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y quien al parecer goza de gran apoyo entre los militares.

“Yo creo que Cabello se quemó cuando quiso desconocer la voluntad de Hugo Chávez de dejar a Maduro como su sucesor. Eso definió su papel al futuro, él siempre va a ser un hombre del aparato. Aunque bien puede llegar a ser el segundo en el poder. No hay que subestimarlo”.

A pesar de que hace cuatro años que no visita Venezuela, es evidente que el país y su gente lo apasionan. A principios de marzo siguió desde la distancia la muerte y sepelio de Hugo Chávez. ¿Le habría gustado estar en Caracas en ese momento?

“Sentí mucha tristeza. Pero no me hubiera gustado estar allá. Y si me hubieran invitado no habría ido. Porque allá había mucha gente que creo son trepadores. Y no me hubiera gustado verlos en ese momento”.

Juan Carlos Pérez Salazar BBC Mundo

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