Published On: mar, Sep 4th, 2018

El Museo Nacional de Brasil, todo de madera, se quema por negligencia al no tener sistema contra incendio

Brasil asiste con estupor a la destrucción de su gran museo por negligencia

Se estima que con el incendio del Museo Nacional de Río de Janeiro se hayan perdido alrededor de 20 millones de piezas entre las colecciones de geología, paleontología, botánica, zoología, arqueología y una biblioteca de obras raras.

Los huesos de Luzia resistieron más de 12 mil años hasta ser encontrados por científicos brasileños en la década de 70 y registrados como el fósil más antiguo de Sudamérica. Pero sus restos no resistieron al abandono del gobierno brasileño,ni al calor del incendio que acabó ayer con parte de la historia de Brasil y del Mundo, la que contenía el Museo Nacional de Río de Janeiro. Su cráneo reconstruido era una de las principales hazañas de la ciencia nacional y un símbolo de una serie de estudios sobre la prehistoria.

«Todos sabían que el museo estaba hecho todo de madera, de maderas muy antiguas, y que para evitar una tragedia era necesario un sistema contra incendios», relata a ABC Rodrigo Elias Oliveira, arqueólogo del departamento de genética y biología evolutiva de la Universidad de São Paulo (USP), e investigador del equipo de Lapa do Santo, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Brasil, en Lagoa Santa, donde se descubrieron en 1974 los restos de Luzia, ahora destruidos en el incendio. Según la información ofrecida por el propio museo no hay heridos, ya que todos lograron salir a tiempo.

Un museo abandonado

Después de seis horas, cuando los bomberos consiguieron controlar el fuego, quedaron apenas los escombros de lo que fue el Museo Nacional, la institución científica más antigua de Brasil. De lo poco que quedó se divisaba, en lo que fue la entrada principal, el meteorito de Bendegó, una de sus piezas más importantes, encontrado en Brasil en 1784. «El Bendegó resistió y resistiremos de la misma forma», declaró el director del museo, Alex Kellner, que acompañaba los trabajos de los bomberos. Kellner culpó al Gobierno por la falta de recursos y el abandono de la institución.

Roberto Leher, rector de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), recordó que en 2015 informó al Gobierno de la necesidad de un nuevo sistema de prevención de incendios. También denunció el recorte de fondos, que según él fue equivalente a 29 millones de euros en los últimos cuatro años. Estos hechos coinciden con unos años en los que la corrupción ha sido el bordón de la vida política brasileña, después de una década en la que las inversiones millonarias se concentraron, sobre todo, en el Mundial de fútbol.

La falta de estructura contra incendios, de puertas contra el fuego, y la cantidad de material inflamable, como el alcohol en que se preservaban especies botánicas y animales, ayudaron a propagar las llamas de forma muy rápida. La causa aún no está confirmada, pero se especula con un cortocircuito.

El gobierno llegó a aprobar recientemente un patrocinio equivalente a 4,5 millones de euros, pero ya era tarde, porque la catástrofe llegó antes. En un comunicado, el presidente brasileño Michel Temer lamentó lo que consideró «un día trágico para la museología». El ministro de cultura, Sérgio Sá Leitão, también en una nota de prensa, aceptó que «la tragedia podría haber sido evitada» y que comenzaría este lunes un proyecto de reconstrucción.

«Reconstruir el edificio es muy importante, pero el tema no es la estructura del museo, sino todo lo que se quemó, que no tiene réplica, lo que perdimos los investigadores que trabajamos con material histórico y prehistórico. Era el gran museo brasileño, todos los investigadores del país llevábamos nuestros estudios al Museo Nacional», lamenta Elias Oliveira, que tenía en el museo parte de su trabajo. «Es como si retrocedieramos 200 años porque no podemos recomenzar, es irrecuperable», añade.

Un museo Real

Uno de los principales museos de historia natural y de antropología de América, el museo ubicado en el parque de Boa Vista, en la Zona Norte de Río, fue la residencia oficial de la familia Real portuguesa entre 1808 y 1889, siendo también sede del imperio brasileño y el local donde la princesa regente, María Leopoldina, firmó el acta de Independencia de Brasil en 1822. El príncipe regente João VI convirtió el edificio en Museo Real el 6 de agosto de 1818, hace exactamente 200 años.

Entre las cenizas fue muy poco lo que se salvó. Brasil perdió con el fuego fósiles, momias egipcias, colecciones de fauna y flora y, principalmente, décadas de estudios de investigadores a lo largo del país. Se estima que se hayan perdido alrededor de 20 millones de piezas, entre las colecciones de geología, paleontología, botánica, zoología, arqueología y una biblioteca de obras raras. Pero es incontable el valor de 200 años de estudios científicos perdidos.

Además de Luzia se perdieron esqueletos de dinosaurios, millares de utensilios precolombinos, afrobrasileños, 750 piezas de las civilizaciones griega, romana y etrusca, momias egipcias, como el sarcófago de Sha Amun, un regalo que Don Pedro II recibió en 1876, en su segunda visita a Egipto, y el trono del rey africano Adandozan (1718-1818), donado a João VI en 1811.

Los investigadores y científicos vinculados al museo estaban desolados. Al saber del incendio, varios trabajadores de la institución corrieron para salvar lo que podían, sin importarse con el peligro de muerte.

Una pérdida incalculable

«No va a quedar nada. Las llamas están altísimas y el fuego está por todos lados. El palacio se va a quemar todo y también las colecciones, las momias, todo», comentaba a Efe el exdirector del Museo Nacional de Río de Janeiro, José Perez Pombal. «Se acabó. No sé si la institución va a seguir existiendo después de eso», remataba.

«Apenas me enteré, hablé con mis colegas que trabajan en el museo. Una no podía hablar, otra sollozaba. Es el trabajo de una vida, estamos hablando de varias generaciones de estudios, de una colección enorme que se perdió. Tenemos colegas que no tendrán con qué trabajar en los próximos meses, que perdieron años de trabajo», relata Oliveira.

Él mismo siguió el avance del incendio como si hubiera perdido a un pariente. Perdió análisis de fósiles y arcos dentales que investigaba en conjunto con las científicas Célia Boyadjian y Rita Scheel-Ybert, que trabajaban en el museo destruído. Oliveira y su equipo de la USP estudiaban allí centenares de fósiles de la edad de Luzia que encontraron en Lapa do Santo.

«Luzia es simbólica en esta tragedia, pero perdimos los estudios de centenas de esqueletos, de un conjunto de la misma época, de todo lo que podríamos hacer con técnicas que se están desarrollando por el mundo», reclama Oliveira. «Luzia era el ícono de una serie de investigaciones que estábamos haciendo, de estudios de ADN, que ahora no serán más posibles».

 

 

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