Publicado el: Jue, Sep 8th, 2016

EL ORIGEN DE NUESYTRA AUTOESTIMA Y PERSONALIDAD

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Dr: Rafael Tobías Blanco Vilariño*

Los que de una u otra forma nos hemos dedicado a la docencia y a convivir con la juventud, entendemos muy bien, el que la conducta y actividad psicosocial del joven contemporáneo a nivel del Pre-escolar, Escolar y Universitario, es el producto de la sumatoria de los datos o informaciones psico-afectivas y/o psico-traumáticas que recibimos durante la niñez de nuestros progenitores (papá y mamá), con lo cual, construiremos nuestros “Yo-Niño” y el “Yo-Padre” y de la sumatoria de estos en nuestra adolescencia, que es cuando florece el uso de la razón, es que surgirá nuestro “Yo-Adulto” que será la forma de como te conducirás socialmente. El “Yo Niño” se construye durante nuestros primeros cinco años de vida familiar, mediante lo que vemos y oímos de nuestros padres, es el momento en que somos unos indefensos por no saber hablar y por no saber entender bien sus actitudes, cuando les rompemos o les dañamos algo debido a que aun nuestros movimientos son torpes, descubrimos donde se prende la luz, como nos bañan cuando nos orinamos o defecamos por no controlar aun nuestros esfínteres, disfrutamos de las caricias de nuestra mascota, etc., todos estos elementos son los que han de formar tu “YO-Niño”; tú “YO-Padre” es el producto de lo que vemos de como ellos actúan, el si se pelean o se aman y como ellos reaccionan ante nuestras travesuras o cuando les rompemos algo y nos castigan racionalmente o irracionalmente; no es lo mismo ver un padre alcohólico o drogadicto que un padre sano y culto, todos estos factores son los que grabamos como nuestro “Yo-Padre”, y, cuando ya estemos en la adolescencia y tengamos uso de la razón, es cuando sopesamos esos dos “YO” formados en nuestra infancia, del cual ha de brotar nuestro “YO-Adulto”. Ese razonamiento y de la sumatoria de esos dos “YO”, es lo que nos permite admitir o descartar la existencia familiar en la que nos formamos, en el sentido de que si esos dos “YO” estuvieron llenos de amor, afectividad y de una rectificación razonada de nuestras travesuras, tendrás un “YO-Adulto” positivo, por lo que serás un buen hijo, con una conducta psicosocial equilibrada y con una gran autoestima. De haber sido todo lo contrario, Tu “Yo-Adulto” será rebelde y lleno de frustraciones y de negativos recuerdos del entorno familiar, por lo que serás un ser conflictivo y con una muy baja autoestima. Estos son los factores por los que algunos triunfan en sus estudios, en sus profesiones y en su futura vida familiar, mientras que en el otro, todo será un fracaso y será un resentido social, donde su mal carácter no es otra cosa que la fiel copia de su “YO-Padre”. Los mejores ejemplos de estos Yo-padre fracasados, con actitudes despóticas, llenas de insultos y de verbo coprolálico, las vimos en el desaparecido Comandante Supremo (¿¿) y en los seguidores de su sicopático y fracasado Socialismo del S.XXI; actitud esta, muy común en todo déspota producto de una infancia psico-traumática, que dio origen a un Yo-padre frustrado y con tendencia al fracaso; de allí su carácter impositivo y despótico, tal como también lo vimos en Lenin, Hitler, Stalin, Pol-pot, Osama Bin Laden, Ayatola Comehini e Idy Amín. En contraposición a la vida y mensaje dado a la humanidad por Cristo, Juan el Bautista, Gandhi, Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta, Don Bosco, La Salle, etc. donde los primeros solamente sembraron daño social y destrucción, los segundos sembraron la confraternidad y el amor al prójimo como única manera de convivir en PAZ, al repartir equitativamente la riqueza del país gobernado, mas no la riqueza entre los que nos gobiernan y la pobreza en la población gobernada bajo un utópico comunismo disfrazado de Socialismo-fascista del S.XXI.
Afortunadamente a nivel universitario, en muchos de estos jóvenes con trastornos psico-afectivos, los profesores universitarios mediante los seminarios y mesas redondas y en oportunidad personalmente, logramos equilibrar sus Tres-yo; bien por que en su Yo-adulto predomine el yo-niño y tiendan a ser traviesos o el yo-padre y tiendan a ser impositivos, ayudándoles a reconstruir su definitivo “Yo-adulto”. Esa es la verdad verdadera de nuestra conducta ciudadana, obrera, profesional y familiar; que se nos traduce en nuestra actitud psicosocial en el mundo donde nos desenvolvemos. ¡VOILÁ¡

*Médico Microbiólogo Clínico.
Universidad de Carabobo- Valencia-Venezuela.

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