Publicado el: Dom, Abr 28th, 2013

EL presidente Humala del Perú paga costo político por apoyo a Maduro

  Políticos, medios de comunicación, empresarios e intelectuales co critican al mandatario por convocar la cumbre de Unasur que legitimó a Maduro

En la Cancillería, en el centro histórico de Lima, había preocupación a mitad de semana. Tuvo un costo el viaje del presidente Ollanta Humala a Caracas, el viernes 19, después de la reunión de emergencia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) que respaldó la elección del mandatario venezolano Nicolás Maduro. Congresistas de tres grupos políticos buscaban firmas para interpelar al ministro de Exteriores, Rafael Roncagliolo, dado que él pidió, en una reunión secreta con un grupo de parlamentarios, los votos para la autorización del viaje oficial. Y a medida que el Consejo Nacional Electoral de Venezuela retrocedía en los alcances de la auditoría de votos y crecía la polarización en ese país, se extendían las críticas contra el mandatario peruano por la cita de la Unasur que legitimó al sucesor de Chávez.

El pedido de interpelación al canciller, sin embargo, no fue votado porque no hubo sesiones de pleno esta semana: los parlamentarios tuvieron cinco días para actividades de “representación” es decir, audiencias o encuentros con sus electores en sus lugares de origen. “El 2 y el 3 de mayo que volverá a haber pleno en el Congreso, será la reunión de cancilleres y ministros de Defensa de Chile y Perú, así que el ministro no podría presentarse sino hasta la siguiente semana. En ese momento ya el clima estará más calmado”, comentó una fuente de Exteriores a EL PAÍS.

Sin embargo, el apoyo de Unasur y de Humala al presidente venezolano obligará al primer ministro peruano, Juan Jiménez, a acudir a una estación de preguntas sobre el tema en el Legislativo el próximo viernes 3 de mayo. “Creo que será una buena práctica entre el Parlamento y el Ejecutivo para que, en lugar de plantear interpelaciones, podamos ir al Congreso a informar lo que sea necesario”, respondió el premier a la prensa el jueves.

Humala apareció el domingo 22 en la plaza de armas de Lima para fotografiarse con transeúntes, en lo que los medios locales llamaron un “baño de popularidad”, al día siguiente de volver de Caracas y para poner su rostro al 56% de aprobación presidencial según una encuesta de Ipsos Perú divulgada ese día. El presidente no dio declaraciones. Al día siguiente, durante una visita a las obras de construcción del metro de Lima, dos periodistas le preguntaron sobre las críticas de Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro a su viaje a Venezuela. El mandatario prefirió, como cada vez que un tema lo incomoda, evadir: “Estamos en el metro, así que hablamos del metro”. Luego alzó la voz: “Estamos en el metro y nos quedamos en el metro y el Foro Económico Mundial”, y se fue.

El viernes 19, el día que Maduro juramentaba como presidente, uno de los principales respaldos de Humala, el escritor Mario Vargas Llosa declaró en Brasil que los presidentes que asistían a esa investidura eran “cómplices contra el pueblo venezolano. No deberían legitimar un posible fraude electoral”.

Ese mismo día, el ex presidente Alejandro Toledo, que en horas previas había llamado a los parlamentarios de su partido a pedir el voto para que autorizaran el viaje de Humala, difundió un comunicado indicando que Humala debía asumir el costo de apoyar “un gobierno ilegítimo cuyo dudoso origen ha sido denunciado por las fuerzas democráticas de Venezuela y de la comunidad internacional”. Toledo y su bancada han sido aliados del oficialismo desde julio de 2011.

El ex presidente y líder del Apra, Alan García, que atraviesa un duro momento debido a las revelaciones de conmutaciones de penas a cientos de narcotraficantes durante su gobierno, aprovechó para atacar a Humala por el mismo tema: “Tiene la responsabilidad de elegir hacia el bien, que es la democracia, o hacia el mal, como juntarse como un país como Venezuela y elegir las reelecciones. No entiendo qué gana el Perú con esas alianzas y amistades”, comentó en un programa de televisión.

En mayo de 2011, en vísperas de la segunda vuelta electoral entre Humala y la entonces candidata Keiko Fujimori, unos cien intelectuales, políticos, profesionales y artistas acompañaron al líder de Gana Perú durante un “juramento por la democracia”. Vargas Llosa envió su respaldo mediante un vídeo que se proyectó en la ceremonia. Varios de esos líderes de opinión han expresado en las redes sociales y en columnas de opinión que mantienen su apoyo a quien representaba en ese momento la democracia, frente a una posible vuelta al autoritarismo de Fujimori, pero no comparten la posición acerca de Venezuela.

Otro factor de suspicacia

A los cuestionamientos sobre Unasur y el papel de Perú frente a Venezuela, se sumó otro tema el lunes 22 por la mañana. Palacio de Gobierno no confirmaba si se realizaría una reunión entre el presidente y el presidente de Repsol, Antonio Brufau para abordar la posible compra de los activos de la empresa, incluida la refinería La Pampilla. La prensa preguntó al primer ministro acerca de la cita y él también lo negó. El miércoles, los medios plantearon el mismo tema a la vicepresidenta Marisol Espinoza -del entorno más cercano del presidente- y fue evasiva. Indicó que PetroPerú solo había hecho una consulta preliminar para “auscultar el mercado”.

Entonces, el presidente peruano se abrió otro flanco de críticas, de quienes temen que retorne el Humala radical, con intenciones estatistas, el del año 2006. El ministro de Economía, Luis Castilla, expresó el jueves “Se ha tomado esta posibilidad como que ya se está volviendo a otro tipo de políticas que habían sido desechadas, y eso no es así”, afirmó.

La aclaración llegó luego de tres días de reclamos de transparencia en los principales medios y gremios empresariales acerca del interés de la empresa estatal Petroperú en los activos de la empresa española en Perú. El principal diario económico de Lima, Gestión, abrió su primera plana el viernes con “Ministerio de Economía abre la puerta al retorno del estatismo”. Llamó la atención ese llamado a la calma de Castilla, un tecnócrata que supo morigerar el ansia del presidente y de su esposa Nadine Heredia de que el Estado tuviera un papel más interventor en el mercado. Su fichaje en junio de 2011 ganó la confianza de los empresarios.

El Pais

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