Published On: mar, Nov 28th, 2017

El PRI busca con Meade alejarse de la corrupción para frenar a López Obrador

La figura del ya exsecretario de Hacienda es la que permite al partido gobernante abarcar un abanico más grande de electores

Palacio Presidencial de los Pinos, junio de 2014. La selección de México logra ante Camerún su primera victoria en el Mundial de Brasil. El presidente, Enrique Peña Nieto, celebra el triunfo junto a sus más allegados. Camisas blancas, corbatas verdes, la felicidad del momento no es circunstancial. El mandatario está de dulce, su imagen dista de la que se formará los siguientes años. Muchos de los que se pensaba que podrían llegar a sucederle –Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong, Aurelio Nuño…– están presentes esa tarde, se encuentran en la foto, que pervive en el imaginario mexicano. El gran ausente es hoy el protagonista.

“Meade representa esa imagen de modernización neoliberal de Peña Nieto, la cara más vendible del PRI de lo que no es el PRI, unos aires de renovación de algo que no deja de ser un proceso de continuidad”, opina Carlos Bravo Regidor, analista y profesor del CIDE. El hecho de que Meade haya ocupado tres carteras diferentes durante el sexenio de Peña Nieto –Hacienda, Relaciones Exteriores y Desarrollo Social– y sea el único miembro del Gabinete que participó en el Gobierno de Felipe Calderón –al frente de Hacienda y Energía– le concede además una reputación tecnocrática. “Más que un político, es un funcionario con fama de competente, muy bien formado”, añade Bravo.

El haber participado en dos Administraciones distintas y no significarse ideológicamente es algo a lo que el PRI puede sacar provecho con Meade, en un escenario de desapego global hacia la clase política, una corriente a la que México no es ajena. “No deja de ser una ironía que el PRI se vaya a beneficiar de este sentimiento antiestablishment“, considera el profesor del CIDE. La opción de Meade es la que, sin duda, permite al PRI abarcar un mayor abanico electoral, a costa de sacrificar a parte de su base, que ve con recelo cómo alguien que no es miembro del partido vaya a representarlo. “Meade se convierte en el candidato del centro derecha, que buscará ir tras los votos del PAN desencantado y de ese México satisfecho con el país”, opina el analista Jesús Silva-Herzog.

El PRI vuelca ahora todos sus esfuerzos en reducir las distancias, al menos en las encuestas, con el dos veces candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador. Una encuesta publicada la semana pasada por el diario El Universaldaba una preferencia del voto al líder de Morena del 25%, por el 19% del PAN y el 16% del PRI. Agonizando antes casi de nacer el Frente Ciudadano por México –la coalición de PAN, PRD y Movimiento Ciudadano–, el PRI busca jugarse la elección presidencial en un todo o nada con López Obrador. A diferencia de otros candidatos de la formación gobernante, la figura de Meade es la más antagónica a la del líder de Morena. Si el líder de Morena a buen seguro argumentará que su elección confirma la alianza implícita del PRI y el PAN (PRIAN), que ha venido denunciado durante mucho tiempo, para evitar su llegada a Los Pinos, el tricolor volverá a recurrir a la diatriba de elegir entre la continuidad o la amenaza para el país que, según han insistido, supondría una victoria de López Obrador. “El PRI va a trasladar la imagen de que Meade representa la estabilidad, la conciliación mientras que El Peje (el líder de Morena) representa el enojo y la protesta”, asegura Carlos Bravo.

El aura aséptico de Meade es una cualidad distintiva, y definitiva también, en su elección como aspirante respecto a los otros políticos priistas que optaban a ser candidatos presidenciales, una batalla que, después de este lunes, parece ya haberse decantado. Aunque hasta finales de esta semana se pueden registrar aquellos que aspiren a la candidatura presidencial, resulta quimérico pensar que alguien cercano al presidente vaya a hacerlo. El costo político para el mandatario sería enorme después de haberse deshecho en elogios con Meade este lunes. “Ya pasamos un punto de no retorno, si no jurídico, sí político”, opina Bravo Regidor. “Toda esta cargada priista, que todos hayan apoyado incondicionalmente y hayan sido tan disciplinados, creo que ha sido un mensaje muy claro”, añade Silva-Herzog.

En esa batalla ha jugado un papel determinante la poca conflictividad que genera Meade en comparación, por ejemplo, con el secretario de Educación, Aurelio Nuño –marcado por la reforma educativa y el conflicto con los maestros del pasado año– o el de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cuyas opciones fueron sepultadas por los altos índices de violencia del país. “No está claro que Meade sea un buen peleador. Por delante tiene el reto de no ser solo un tecnócrata, un político palaciego”, considera Silva-Herzog. “Meade no tiene cicatrices porque no ha dado batallas, es muy adverso a los conflictos”, completa Bravo Regidor.

Fuente;elpais.com

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