Published On: mié, Jun 27th, 2018

EL ROSTRO Y LA FIGURA DE DIOS, por Dr. Rafael Tobias Blanco Vilariño


(18 de agosto de 2012, puesto al día)

El ser humano, desde su primitivismo evolutivo, siempre ha temido a un ser superior o dios de cuerpo hercúleo, de severo rostro y provisto de poderes supra-humanos, tal como lo fue Zeus en la mitología Griega.

Quizás ,ese es el motivo por el cual Yave siempre ha sido pintado o esculpido con esas características, tal como lo vemos en esa obra majestuosa de Michelangelo Buonarroti (1475-1564), en la Capilla Sixtina en el fresco sobre “La Creación del Hombre”, donde observamos a un Dios hercúleo con un rostro que induce al temeroso respeto, y vemos como con su índice trata de tocar al índice del también hercúleo pero adinámico Adán; donde a mis alumnos les sugiero que fue con el objetivo no solo de infundirle el Alma como vida espiritual, si no de transmitirle la molécula que nos aporta energía vital orgánica, hoy conocida como la molécula de ATP o Adenosin-Tri-Phophato, la cual es elaborada por nuestras mitocondrias y es la que nos da la energía motriz; molécula que es muy abundante en los niños y de allí su gran dinamismo, molécula que va escaseando con la edad y por ello los ancianos nos tornamos lerdos y en el preciso instante en que se nos quema la última molécula de ATP, aparece de inmediato el Rigor-mortis.

Volviendo a nuestro Yave del Vaticano, no olvidemos que el hombre medioeval y renacentista era en su mayoría analfabeto, politeísta y creía en brujerías, ensalmos y posesión por malos espíritus; por lo que la única forma de enseñarles el catecismo cristiano y el temor a Dios, era mediante las alegorías-pictóricas, que le permitieran evaluar la bondad y la Omnipotencia de Dios, tal como lo pintó Michelangelo en la capilla Sixtina.

Entre las otras obras de este genio con fines religiosos, está su famosa “Piedad” (1496) esculpida sobre el inerte y frio mármol, al cual él le infunde vida y muerte; la primera la observamos en el dulce rostro y en las delicadas manos de la Virgen María, que contrastan con el flácido cuerpo de su inmortal hijo muerto, que reposa sobre su regazo; y en los pliegues de sus vestiduras, observamos el suave movimiento inducido por la brisa; es indiscutiblemente una majestuosa obra Barroca, que inspira respeto e influye espiritualmente sobre todo aquel que la mire, seas creyente o no.

El genio de este hombre, lo volvemos a observar en su hercúleo Moisés (1515), que se encuentra en la Basílica de San Pietro in Vincoli; a quien cuando le toqué las arterias, tuve el temor de creer sentirlas palpitar; razón tuvo su autor, que al terminarla, le dio un martillazo en la rodilla y le dijo:”Maldito, ¿por qué no hablas?”.

Y, si queremos ver una hermosa obra de arte sobre la Crucifixión , les recomiendo: “El Cristo de San Juan de La Cruz” de Salvador Dalí (1951), el cual se encuentra en el Museo de Kelvingrove en Glasgow (Escocia); donde este maestro del surrealismo, nos presenta un Jesús crucificado visto desde el cielo; con su cabeza mirando al suelo y donde el fuerte claroscuro, resalta la humana y sencilla figura del Redentor, que parece flotar junto con su cruz; creando así este gran pintor un verdadero efecto dramático, donde trata de unir la ciencia, la religión y el arte. En definitiva el rostro de DIOS es “Amor resplandeciente de alegría infinita y de sabiduría, que Él adapta a la inteligencia del auditor”.!VOILÁ¡

 

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