Publicado el: Sab, Jun 11th, 2016

Elecciones USA: El bipartidismo puede llegar a su fin.

Donald Trump

¿El fin del “bipartidismo” estadounidense?

 

 

Se comienzan a analizar las oportunidades de vencer a Donald Trump y hacerse de la Casa Blanca. Los votos no alineados superan la mitad del electorado y es donde está el mercado apetitoso para los candidatos

 

 

El bipartidismo estadounidense no puede llegar a su fin porque, sensu stricto, Estados Unidos nunca ha sido un país bipartidista. Más de veinte años antes de ser fundado el Partido Republicano, en 1854, ocho otros partidos (entre ellos el Demócrata) ya habían nacido (y muerto), incluidos un Partido Anti-Masón, un Partido Tolerante, un partido por el Suelo Libre (“Free Soil Party”), el Partido Anti-Nebraska (un partido de un año de vida, comprometido con la causa antiesclavista).

La lista de partidos estadounidenses incluye un Partido Socialista de los Trabajadores Americanos, el Partido AntiMonopolio, el Partido Sindical, la Liga Comunista de América, el Partido Nazi Americano, el Partido de las Panteras Negras, un Partido de la Ley Natural (interesantísimo, por demás) e incluso un Partido Vegetariano, nacido en 1948 y disuelto en 1964, quizá al descubrir las alegrías asociadas a la ingesta de pastrami, tocineta y sánduches de pulled pork.

Es decir, que Estados Unidos ha sido, desde su fundación, un feliz sancocho de partidos políticos que se menea más o menos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda en la medida en la que se le añaden tropezones de lo que sea. De todos estos partidos, los cinco más grandes son el Partido Demócrata (30 años más viejo que el republicano, fundado en 1828); el Republicano, de 1854; el Libertario, fundado en 1971; el Partido Verde, de 1991; y el partido de la Constitución, anteriormente conocido como el Partido de los Contribuyentes (“Taxpayers”), fundado en 1992.

En realidad, el cacareado bipartidismo estadounidense se parece más a un tarjetón electoral venezolano previo a 1998 y a la necesidad política de las tarjetas únicas: un mosaico de opciones que van desde partidos comunistas apoyando expresidentes socialcristianos, brujos agrupados bajo una tolda partidista (la “Fuerza Espiritual Venezolana Orientadora”, el FEVO), socialdemócratas afiliados a la Internacional Socialista y tres o cuatro aventureros, incluidos pastores evangélicos, psiquiatras rojillos y, cómo no, un militar golpista sobreseído. Esto debería bastar para, cuando menos, debilitar el mito del bipartidismo, tanto el estadounidense como el venezolano.

Ante la posibilidad de una objeción (“¡pero el poder se lo reparten entre dos partidos nada más, como en la Cuarta!”) va una perogrullada: históricamente, algunos partidos tienen siempre más fuerza que otros; son más influyentes; han amasado más poder; son más atractivos; saben de qué va el hacer política y de qué no, y han sabido navegar y sobrevivir años, décadas, siglos de actividad política, las más de las veces ininterrumpida y asumiendo roles protagónicos en el acontecer nacional, para bien o para mal.

Así, es natural que el GOP y el Partido Demócrata sean prácticamente los únicos partidos (amén del Tea Party de Boston) de los que se oye hablar en la política norteamericana. NBC no se molestaría en transmitir un debate de los candidatos del partido Libertario (como VTV no dedicaría tres minutos a un mitin de REDES, el partido de Barreto, por ejemplo), a pesar de que la posibilidad de que Trump sea efectivamente el candidato del Partido Republicano ha hecho que buena parte de la base de votantes Republicana haya migrado al Partido Libertario. Este hecho, posiblemente uno de los que tienen más potencial definitorio de los resultados de una eventual elección de un candidato, curiosamente ha pasado prácticamente por debajo de la mesa.

El mismo Rand Paul, uno de los candidatos en las primarias del Partido Republicano, siempre dejó en claro que su visión era tanto más liberal (económicamente) y conservadora (políticamente) que la de sus compañeros de panel, por ejemplo, atrayendo a Libertarios hacia el Partido Republicano, y viceversa.

Por otra parte, en el otro extremo del péndulo, no deja de ser un dato importante que la mayoría de los jóvenes estadounidenses que apoyan a Bernie Sanders no están inscritos como votantes del Partido Demócrata.

Es precisamente ese margen, esa gran parte de la torta que no está picada ya de antemano entre Republicanos y Demócratas, la que al final podría decidir, electoralmente, quién se lleva qué cosa.

Eso lo saben bien Bernie, Hillary, Trump y las cabezas de los partidos estadounidenses. Todos quieren ser, a la vez, el Macallan’s que convenza el paladar de las cabezas de los partidos (que tienen la potestad de decidir, independientemente de lo que digan las primarias, quién representa al partido en la elección general) y el Dunbar que sacie la sed del “pueblo”.

Así las cosas, no es descabellado decir, como señalan Ed Pilkington y Mona Chalabi en su nota para The Guardian, que este es el más raro de todos los ciclos electorales presidenciales estadounidenses: por descabellado que suene, muchos partidarios de Bernie Sanders (no inscritos en la base de votantes del Partido Demócrata) están hoy considerando votar por Trump (como tantos otros de sus partidarios, no inscritos en el Partido Republicano). Si bien la proporción es poca (1 de cada 10 partidarios de Bernie votarían por Trump en lugar de Hillary), el fenómeno no deja de ser interesante: se trata de votar por candidatos que no pertenecen al “establishment”.

Tanto Bernie como Trump son vistos como “alternativas” que entienden que “tanto el sistema como la economía están rotos”, como responde uno de los encuestados, según la nota de The Guardian.

CUESTIÓN DE NÚMERO
Aquí empieza el Juego de Tronos: algunas estadísticas señalan que aproximadamente el 22% de la población estadounidense está registrada como “republicana”, mientras que el 24% lo está como “demócrata”.

Esto deja a disponibilidad del mejor postor un apetitoso 54% de posibles votantes que amasar para la propia causa.

Este 54% parece estar más dispuesto a votar por Sanders que por Hillary (y el partido demócrata lo sabe). Ese mismo 54% no parecería estar tan dispuesto a votar por Trump (quien, por ejemplo, obtuvo en New York menos votantes de lo que obtuvo Bernie) pero sí, por ejemplo, por John Kasich (quien recientemente se retiró de la campaña, pero que podría ser nombrado como candidato por los propios dirigentes del Partido Republicano).

En resumen, el panorama parece indicar que, si el nominado por el partido republicano es Trump, lo lógico sería nominar a Bernie, que podría amalgamar a los independientes alrededor de una campaña demócrata. Si el nominado es Kasich (independientemente de lo que digan las primarias), el partido Republicano podría ganar el pase a la Casa Blanca. Si la nominada demócrata es Hillary, los números (y las posibilidades) no son tan claras: Sanders podría muy bien afiliarse a otro partido, o lanzar su campaña como independiente, procurando hacerse del 54%.

Es lo que se le ha criticado a Sanders últimamente: “el enemigo no es Hillary.

Es Trump. Por favor, Bernie, retírate”. Se le acusa de estar promoviendo una lenta pero eficaz erosión de la unidad demócrata ante la posibilidad del advenimiento de un gobierno de tinte caudillista liderado por un no-político.

Si la escena le suena demasiado familiar al lector venezolano, es porque lo es.

En todo caso, un dato adicional parece inclinar la balanza a favor de Clinton: el fervor de los partidarios de Bernie Sanders parece ser inversamente proporcional al aumento de la temperatura a finales de la primavera en Estados Unidos. Mientras más se acerca el verano, más pareciese ser que el único bern que se está dispuesto a sentir es el del sol sobre la piel en las playas de California, Florida y Rockaway, mientras la emoción inicial que había despertado la campaña del senador socialdemócrata de Vermont parece enfriarse con el encendido de los aires acondicionados.

Fuente: Tal Cual digital

------

------

Leave a comment

XHTML: You can use these html tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>