Publicado el: Sab, Ago 6th, 2016

Elecciones USA: Entre el miedo demócrata y el odio republicano

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Clinton corteja a los republicanos moderados para consolidar su liderazgo

Los conservadores que se pronuncian a favor de Hillary ven en Trump una amenaza a la estabilidad mayor que un tercer mandato demócrata.

Miedo y odio. Si hubiera que resumir en dos palabras las convenciones republicana y demócrata del mes pasado, esas serían las elegidas. El miedo de los demócratas a una presidencia de Donald Trump, y el odio de los republicanos a Hillary Clinton, a la que en Cleveland se la llegó a comparar con el mismo demonio. Con el avance de la campaña, parece que el pavor que causa Trump podría ser más determinante que la fobia que despierta Clinton. Al menos, así se percibe en sectores cada vez más amplios de los republicanos moderados, que ven en Trump una amenaza para la estabilidad de EE.UU. de mucha más envergadura que un tercer mandato demócrata seguido, algo que no ocurre desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La campaña de Clinton quiere aprovecharlo para consolidar su liderazgo en las encuestas y ha lanzado las redes a diferentes grupos de republicanos. «No me queráis, pero votadme para evitar a Trump», parece ser el mensaje de Clinton.

«Colegas republicanos, si creéis como yo que la lealtad a nuestro país es más importante que la lealtad al partido, os pido que os unáis a mí en el voto a Hillary Clinton». Son palabras de Douglas Elmets, que fue portavoz de la presidencia de Ronald Reagan, en la convención demócrata de Filadelfia. No era el primer republicano conocido que abandonaba el barco. En mayo, Mark Salter, jefe de gabinete del senador John McCain, anunció que no tenía intención de votar por el multimillonario y que lo haría por Clinton. Eran los tiempos en lo que la campaña «Never Trump» todavía estaba viva en el partido republicano, aunque nadie pasara a confirmar su apoyo a la candidata demócrata.

«El país por encima»

 A finales de junio, Hank Paulson, secretario del Tesoro durante la presidencia de George W. Bush, seguía esa línea y comunicaba que votaría a Clinton con las mismas palabras de Elmets –«es hora de poner a mi país por encima del partido»– y llamó al levantamiento de sus compañeros: «A mis amigos republicanos: sé que no estoy solo». La nominación de Trump ha colocado a muchos republicanos moderados en un brete. Salir a la luz y negar el apoyo a Trump para dárselo a Clinton les enfrenta con la jerarquía de su partido. Al mismo tiempo, pone su futuro político -primarias internas, elecciones futuras- en problemas ya que Trump ha sido elegido por cauces democráticos y el electorado que le ha votado en masa podría darles la espalda. Por otro lado, si Trump acaba en la Casa Blanca y confirma que es la amenaza que muchos temen, tendrán sobre su conciencia el no haber alzado la voz.

En la última semana, el propio multimillonario neoyorquino se ha empeñado en ponérselo fácil a aquellos que quieren desertar. Trump ha irritado a amplios sectores conservadores por su enfrentamiento con los padres del capitán Khan, el militar musulmán fallecido en la Guerra de Irak, y ha tensado la cuerda con el «establishment» del partido republicano hasta límites insospechados. Se negó a apoyar públicamente a dos de los políticos más respetados en el partido: Paul Ryan, el republicano de más alto rango por su cargo de presidente de la Cámara de Representantes, y el senador por Arizona y ex candidato presidencial John McCain. Ambos se encuentran en un proceso de primarias para poder defender su escaño en el Congreso.

Las defecciones arreciaron en medio de la polémica entre Trump y los Khan: Richard Hanna, diputado de la Cámara de Representantes, fue el primer republicano con cargo en abandonar a Trump. También lo hizo Meg Whitman, consejera delegada de Hewlett Packard y miembro importante del partido en California, donde se presentó al cargo de gobernadora. Les han seguido otros como Sally Bradshaw o Maria Comella, colaboradoras cercanas de Jeb Bush y Chris Christie, respectivamente.

Una estrategia bien medida

La campaña de Clinton era consciente de que el ala moderada del partido republicano podría ser un caladero de apoyos. El reclutamiento de Elmets para la convención y la elección de Tim Kaine como candidato vicepresidente parecían ir en esa línea. Clinton sufrió presiones de la corriente de Bernie Sanders para colocar a alguien progresista, como la senadora Elizabeth Warren, en el «ticket presidencial». Kaine fue un portazo a Sanders y una puerta abierta a los republicanos. El propio candidato a vicepresidente lo dejó claro en su discurso en la convención, en el que no dejó de hacer llamamientos a los republicanos: «Si un partido nomina a Donald Trump para presidente es que se ha alejado mucho del partido de Lincoln [era republicano]. Si cualquiera de vosotros busca a ese partido de Lincoln, tenéis vuestra casa en el partido demócrata».

Ahora, los estrategas de Clinton han olido sangre y no solo reciben con losbrazos abiertos a los desertores republicanos; también van a buscarlos activamente. La campaña ha incrementado los contactos con políticos republicanos, miembros del partido y líderes empresariales afines para que muestren su apoyo a Clinton, según publica «The Washington Post», y para que sirvan de ejemplo al electorado conservador que desconfía de Trump.

«Mucha gente se está despertando y diciendo: ‘¿Qué hago aquí? Voy a ver qué dicen en el otro lado’. Buscan estar en una opción beneficiosa para los intereses del país», aseguró al diario Joel Benenson, estratega jefe de la campaña de Clinton.

Otros republicanos se han organizado por su cuenta para oponerse a Trump. Se han creado grupos como ‘Republicanos con ella 2016’ o ‘Mujeres republicanas con Hillary’ para recabar apoyos. Un grupo de ex cargos de seguridad nacional de EE.UU. publicó el jueves una carta que calificaba de «vergonzosos» los comentarios de Trump sobre la OTAN o la anexión de Crimea a Rusia. Entre los firmantes, había siete republicanos.

«La gente está entrando en pánico», aseguró a ‘The Atlantic’ Ben Howe, colaborador de la web conservadora ‘RedState’, en referencia a la desbandada de republicanos. «Quieren que se sepa que se oponen a Trumpantes de que sea demasiado tarde. Esto se está convirtiendo en el Titanic».

Fuente: ABC

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