Publicado el: Lun, Ago 31st, 2015

En pocas palabras: Brutalidad

Ramón Peña

No es tiempo para rosas rojas, era el nombre de aquella exquisita novela venezolana de Antonieta Madrid, que narra el final de la insurgencia comunista de los años sesenta. Tampoco hoy es tiempo para el idealismo rojo que predicaba el chavismo hace algunos lustros. Ya se agotó, cayó en suelo yermo la ideología redentora del mandón eterno, también la verborrea falaz que ilusionaba a los incautos. Hoy solo quedan las mentiras cotidianas para disfrazar el calvario diario de los ciudadanos, de los más humildes, pero sobre todo, hoy solo queda de este agotado régimen su fuerza bruta. La brutalidad en todas las instancias. Notablemente, la brutalidad represiva, que para su vergüenza , ha tomado en sus manos la institución armada.

La bestial agresión de dos guardias nacionales contra adolescentes inermes en el Estado Táchira, grabada en vivo y viralizada en las redes sociales, es más que reveladora. Constituye una suerte de tomografía cerebral de quienes gobiernan desde Miraflores y la Asamblea Nacional; una evidencia grafica de la genética de vil resentimiento heredada de su líder eterno.

La bestia está herida. El razonamiento ha cedido lugar a la bruteza en todo, hasta en las aguas que se derraman en una estación de metro por la torpe ejecución de una sencilla obra de vialidad. Este régimen, si alguna vez lo tuvo, perdió el raciocinio, además del dinero despilfarrado y usurpado. Hoy ya no se trata de lucha ideológica de izquierdas contra derechas, de “burguesía parasitaria” contra el pueblo expoliado. Ya ni siquiera hay discurso, ahora es sencillamente la fuerza bruta contra la razón. Es la representación más insolente de Carujo en nuestra historia.

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