Publicado el: Lun, Ago 8th, 2016

En pocas palabras: La hora cívico-militar

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Ramón Peña

“A Venezuela se le agota el tiempo para evitar una catástrofe mayor”. Con esta frase los medios del sur del continente resumen la situación que vive nuestro país. La reacción es de asombro ante lo incomprensible. A los ciudadanos de esta región les cuesta entender el carácter multifactorial de la crisis venezolana. Históricamente, países como, Argentina, Chile y Uruguay, han soportado tiempos de malos gobiernos o de terribles dictaduras, pero en ninguno de los casos han coexistido todas las calamidades que hoy asuelan a los venezolanos. El país se acerca al precipicio del caos: abarca desde la desinstitucionalización total del Estado hasta el hambre colectiva, pasando por una alarmante inseguridad personal, la destrucción de la capacidad productiva, la corrupción como hábito administrativo, el narco tráfico inserto en la administración, la violación de derechos ciudadanos, la muerte por desidia asistencial y un insólito compendio de incapacidad administrativa. La percepción del desastre se agrava por una arrogante política exterior que nos caricaturiza ante los socios de Mercosur.

Todavía es posible una salida constitucional y pacífica como la que ofrece el referéndum revocatorio, que abriría caminos para la superación de la crisis. Pero los capitostes del régimen, desvergonzada y obstinadamente, se empeñan en impedirlo; por añadidura, amenazan con profundizar el modelo político forjador del desastre. Cuentan con la bufona truhanería de las señoras del CNE. No hay viabilidad para que la dirigencia política del régimen admita este camino, o transija para un entendimiento. La suerte del país queda entonces en manos de dos actores: la ciudadanía y la fuerza armada. Es el momento para que la sociedad se movilice masiva y combativa para hacer valer su legítimo derecho. Y es la hora para que la fuerza armada redima su prestigio respaldando institucionalmente la solicitud de la sociedad a la cual se debe.

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