Publicado el: Jue, Mar 20th, 2014

¿Es Obama un pusilánime?

Los detractores del presidente le acusan de haber erosionado el liderazgo internacional de Estados Unidos con una política exterior timorata que ha permitido el paso al frente de Putin

En los momentos de máxima tensión a la hora de afrontar un conflicto, la filosofía del presidente de Estados Unidos ha sido constante y se ha caracterizado por la prudencia y la búsqueda del consenso de todas las partes implicadas. Casos como el de Siria han puesto de manifiesto hasta qué punto la opción bélica ha sido siempre el último recurso para Barack Obama, algo que no ha dejado de despertar críticas a su gestión. Lo ocurrido en Crimea ha resucitado las voces que en el pasado abogaron por «respuestas más firmes» en crisis internacionales anteriores. Los detractores de Obama creen que la lectura es evidente: la pérdida de liderazgo de un país acostumbrado a llevar las riendas. [Así estamos contando en directo la última hora sobre la crisis ucraniana]

«Obama está creando un clima de permisividad que anima a los “putines” del mundo a retar a EE.UU. y Occidente», «Obama ha hecho que América parezca débil» o «El precio del liderazgo fallido» son algunos de los titulares más críticos que han circulado en Washington antes y después de que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, adoptara una decisión sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial: la anexión de Crimea.

«¿Por qué en todo el mundo están tan atadas las manos de EE.UU»?

«De Crimea a Corea del Norte, desde Siria hasta Egipto y desde Irak a Afganistán, Estados Unidos aparentemente no tiene buenas opciones. Rusia posee Crimea y lo único que podemos hacer es sancionar(…). Irán está siguiendo el camino nuclear de Corea del Norte, pero parece que sólo podemos rogarles que firmen un tipo de acuerdo que tendrá, seguramente, el mismo resultado que el norcoreano. Nuestro duro discurso sobre una «línea roja» en Siria provocó que fuera Putin el que tomara las riendas. Decimos que Bashar Al Assad debe irse, pero la alineación con su oposición, a la que a su vez apoya Al Qaida es una opción inaceptable (…) ¿Por qué, en todo el mundo, están tan atadas las manos de Estados Unidos?», sentencia en «The Wall Street Journal» unduro artículo de opinión del que fuera candidato republicano en 2012, Mitt Romney.

Por su parte, el senador y ex candidato presidencial republicano, John McCain, afirma que «Obama ha hecho que América parezca débil» en «The New York Times». McCain no escatima a la hora de culpar al presidente de EE.UU. de los pasos dados por su homólogo ruso: «Para el señor Putin la vacilación invita a la agresión. Su mundo es un lugar brutalmente cínico, donde se venera el poder y la debilidad es despreciada. Ve la caída de la Unión Soviética como la mayor catástrofe geopolítica del siglo. No acepta que los vecinos de Rusia, y menos aún Ucrania, son países independientes. Para él son territorios que tienen que ser devueltos al dominio de Moscú de cualquier forma».

La estrategia de Obama

Esta tensa situación no es nueva para Obama. Su gestión de las crisis en Libia, Irán o la más reciente, la siria, ya fueron detonantes de las quejas de aquellos que reclamaban incluso una acción unilateral si no podían recabarse los apoyos internacionales que tanto aprecia el presidente a la hora de actuar en campo ajeno. Su objetivo siempre ha estado claro y en este caso no lo es menos: subrayar las diferencias con su antecesor, George Bush, y su forma de actuar.

«Bush invadió Irak y lanzó dos guerras. Aún así, Rusia invadió Georgia»

En septiembre de 2013, después del ataque con armas químicas en Siria, la «línea roja» que él mismo le había trazado al régimen de Al Assad, Obama no quiso dar una respuesta militar en solitario. Buscó el respaldo del Congreso y no empleó sus poderes presidenciales, algo para lo que, en ese caso, estaba facultado. La suya fue una imagen en las antípodas de la que diez años antes había dado Bush al envolverse en una rimbombante parafernalia marcial para emprender la invasión de Irak. Finalmente, Rusia tomó la iniciativa y consiguió el acuerdo por el que Assad se comprometió a destruir su arsenal químico. De nuevo, más críticas para el presidente, quien salió al paso en una entrevista con la cadena ABC en la que alegó que le preocupaba «menos el estilo» y más «conseguir hacer la política correcta». Sin embargo, el principal titular no fue ese y sí que Putin le había ganado la partida en la vía diplomática.

Volviendo a este mes de marzo la realidad es que Putin vive uno de los momentos de mayor solidez en el marco de la política interna rusa y poco o nada parecen importarle las sanciones y llamamientos que le llegan desde el exterior. Para Obama falta por ver cómo le afectará este nuevo frente que, como ya han demostrado los casos anteriores, tendrá sus consecuencias en EE.UU. La oposición estadounidense, ya con la mirada en las elecciones de 2016, está aprovechando el momento para ir haciendo campaña pero, ¿cuál sería su respuesta en el caso de ser ellos los que gobernaran?

Por su parte, el portavoz de la Casa Blanca tiene claras las cosas y el pasado martes defendía contundentemente la actuación de Obama: «Bush tenía una reputación basada en el uso de la fuerza militar y, sin embargo, no consiguió evitar la invasión de Putin en Georgia en 2008».

ABC

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