Publicado el: Vie, Oct 23rd, 2015

Estado de decepción (II)

Por: FERNANDO FACCHIN B.

La crónica de un deceso anunciado del régimen ha llegado a su fin. La felonía política ha mordido el polvo y abrumada por su fracaso, Aunque a la luz de su trayectoria previa ya podía adivinarse, sus ahora perfectamente conocidas “capacidades personales” han dejado palpable que el oficio presidencial al que fue promovido por la voluntad absolutista de su legador aumentó el despeñadero político por sus desaciertos.

Equipado con un equipo de trabajo visiblemente mediocre, carentes de experiencia política y profesional de cierto calado, con una clara y determinante escuela de conspiración de pasillos en su mediocre estructura burocrática, la cual insisto, tiene decepcionada a la ciudadanía en pleno. Con una ordinaria forma de entender el lenguaje castellano, particularmente manejado con violencia verbal, absolutamente torpe, vacío de bagaje intelectual, reducido a los lugares comunes y pobres de un fracasado socialismo impregnado de odio y rencores contra la ciudadanía y contra aquello que signifique excelencia para la gobernabilidad, típico de la política mediocre, limitada por una retrograda mentalidad, desprovisto de escrúpulos morales, incapaz de evaluar las consecuencias de sus políticas y leyes draconianas, disparates legislativos propios de la ignorancia de la técnica legislativa, rudimentarios conceptos económicos, encontrándose repentinamente catapultado a la máxima responsabilidad ejecutiva de la nación.

Este experimento absurdo estaba condenado al desastre desde la gestión del legador y así ha sucedido para desgracia de la sociedad venezolana, que tardará bastantes años en reparar las ruinas eternas que nos deja el absolutismo patético e ignorante, con manifiesta levedad mental y su irreversible condición de irresponsable contumaz. De allí la importancia del voto masivo en las parlamentarias para comenzar a sanear las arcas públicas, dinamizar el sistema productivo, liberar las instituciones fundamentales y fortalecer el prestigio de Venezuela en el mundo.

La estrategia del régimen ha consistido en impulsar todo lo que pudiera dividir, empobrecer, embrutecer, desprestigiar y debilitar a la ciudadanía a la vez que impedir o sabotear las iniciativas o las medidas tendentes a unirla, cohesionarla o abrirle oportunidades. Sólo tenemos la fragmentación de la nación y la castración del estado, aunado a la connivencia con el terrorismo interno y externo, lo que nos ha sumido en postración, ruina, confusión y decepción. Los venezolanos nunca pensamos caer tan bajo. Vivimos en un lamentable estado de decepción.

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