Published On: sáb, Nov 9th, 2013

EE UU en vías de autoabastecerse de petróleo en un futuro cercano

El petróleo de las rocas daría más poder a EE.UU.

 

Difícilmente hace cinco o siete años los líderes mundiales o los estudiosos del poder global hubieran imaginado que una sencilla innovación tecnológica podría desencadenar uno de los cambios geopolíticos más importantes en lo que va del siglo. La capacidad alternativa de obtener más combustibles fósiles, parece estar a la vuelta de la esquina. Es una técnica desarrollada durante los últimos años, cuyo proceso de investigación se alentó por los altísimos precios del crudo. El resultado: un método que extrae petróleo y gas del esquisto o pizarra, unas rocas que yacen en gigantescos depósitos en el subsuelo. El hecho es tan significativo que, en el primer mundo ya se viene hablando de la ‘Shale Revolution’, que en español se traduce como la ‘Revolución del Esquisto’. Un periodista de The New York Times decía hace muy poco, que la Internet y el ‘fracking’, como se llama la técnica para extraer el gas o el petróleo del esquisto, son las dos innovaciones más importantes de los últimos 20 años. Resulta que algunos de los mayores depósitos de esquisto están en EE.UU., lo cual explica el uso de la palabra revolución aplicado a la geopolítica. Al conseguir EE.UU. una de sus más viejas y caras aspiraciones, es decir la autonomía energética, la lógica geopolítica cambiaría diametralmente. Y para preocupación de aquellas naciones que han luchado para arrebatar el poder unipolar a EE.UU., resulta que los otros grandes depósitos de esquisto se hallan en países tradicionalmente aliados a Washington como Canadá y Australia. Actualmente, EE.UU. produce gas y petróleo en cantidades jamás vistas. Solo en petróleo de esquisto la producción es de dos millones de barriles diarios y se prevé que para el 2020 sean seis millones. “La revolución energética del esquisto va a cambiar las placas tectónicas del poder global”, dijo Alan Riley, uno de los más importantes analistas de temas energéticos del mundo en un reciente artículo en The New York Times. Según Riley, esta “revolución”, permitirá incrementar la oferta de combustibles fósiles para el transporte, lo que “menoscabaría la demanda al alza por petróleo, impulsada en parte por el crecimiento de China, que ha dominado las políticas energéticas en la última década”. En poco tiempo -añade-habrá una inmensa cantidad de petróleo y gas que normalmente estaba destinado a los EE.UU. y que ahora irá a Europa y otros destinos, lo cual incidirá en el abaratamiento de sus precios. La revista Semana (Colombia) pintaba este escenario, en un artículo publicado el 12 de octubre, de esta forma: “Ahora, las bases de la geopolítica mundial se mueven. La política de Washington ya no se subordinará a su abastecimiento energético, que lo ha justificado todo. Desde guerras absurdas como la de Iraq, hasta alianzas contra natura con el Régimen de Arabia Saudita, a pesar de su apoyo al islamismo radical, o depender de la Venezuela chavista. Es probable que en unos años la Casa Blanca se aleje de su obsesión con Oriente Medio, tenga más margen de maniobra ante Rusia o deje de competir con China por recursos”. Uno de los estudios más detallados y profundos sobre el tema fue hecho por Leonardo Maugeri del Belcer Center del Harvard Kennedy School. Según ese estudio, este movimiento del eje energético tendrá a dos grandes beneficiados: primero EE.UU. que no solo tiene inmensos depósitos de esquisto sino que lleva una delantera tecnológica e institucional que hace difícil que otros países lo igualen en el corto plazo. Y, segundo, China que también tiene grandes reservas de estas rocas. Esto significa que se aliviará la presión que este país asiático ha puesto para conseguir combustible en otros países, como los de América Latina. “El mundo occidental podría volver a tener el estatus que tenía antes de la II Guerra Mundial”, sostiene el estudio de Harvard y agrega que “será Occidente el centro de la gravedad de la exploración y la producción” de hidrocarburos. Para que la extracción del esquisto siga siendo atractiva, es necesario que el precio del barril de petróleo obtenido en los pozos tradicionales no baje de USD 50, dice el estudio de Harvard. Caso contrario, EE.UU. volvería al abastecimiento tradicional, (importar crudo). Esto significa que en los próximos años, este país estaría jugando por un orden mundial donde el precio del petróleo sea menos influyente. Si EE.UU. logra un abastecimiento de crudo barato, su economía agobiada por problemas fiscales tendrá alivio. El gas de esquisto es en EE.UU. más barato que el gas natural que se usa en Europa. Mientras en el Viejo Continente se paga USD 9 por cada medida de gas, en los EE.UU. cuesta USD 3. Si Washington autorizara la exportación de ese gas, sostiene el ecuatoriano René Ortiz, ya habría un colapso en el precio.

El Comercio

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