Published On: dom, Jun 23rd, 2013

Exiliado

 Por: Nelson Castellano Hernández

 

José Vicente Rangel, Hiram Gaviria, Carlos El Chacal, Hugo Chavez

 

Forzado a vivir lejos de tu patria, familiares y amigos. Unos se van para evitar procesos amañados y sentencias establecidas previamente.

Otros cuidando su integridad física y evitando retaliaciones de un gobierno que no acepta periodistas, políticos, diplomáticos, militares o defensores de derechos humanos, que se atrevan a señalarles sus errores.

Existe quien se queda luchando, pero se ve en la obligación de expatriar a sus familias, impidiendo los conviertan en el medio para doblegarlo.

En consecuencia personas como Rosales, Poleo, Ortega, Moreno y tantos otros, están condenados a llevar una vida separados de sus familias, sufriendo constantes momentos de ausencias, reencuentros y separaciones.

En mi caso, todo comenzó al inicio del régimen, con su apoyo al terrorista Carlos, en ese momento él se sentía fuerte, razones tenía, gozaba de la simpatía del Presidente, quien puso a sus órdenes a miembros del Gobierno, del partido y hasta el Embajador.

Su prepotencia no tenía límites, solicitaba copia de la lista de invitados de la Embajada, a fin de revisarlas. Exigía el pago de honorarios de sus abogados y que se cancelaran a través de la partida secreta de Miraflores. Sus abogados firmarían los recibos y él mismo los endosaría. Sus correos eran llevados a Caracas por el propio Embajador Gaviria y entregados a sus destinatarios personalmente.

No existe ninguna instrucción de Relaciones Exteriores que yo no haya cumplido y que puedan señalarme como falta, el único «error» fue pensar que las autoridades tendrían un mínimo de conciencia profesional y que los intereses de Venezuela privarían por encima de los intereses de El Chacal, o que el Embajador daría fe, de que mi actuación estaba ajustada a las instrucciones que me habían sido dadas, fueran por parte del Ministerio o a través de él.

Estaba equivocado, la Cancillería no era más un cuerpo de funcionarios formados para defender al Estado. Se había convertido, en manos de sus nuevos conductores, en una plataforma para el proyecto que Cuba pretende implantar en el continente.

El azar hizo que me encontrara en el epicentro de uno de sus centros de interés. El Ministro J.V. Rangel quería implementar un doble juego: el Gobierno deseaba que siguiera las indicaciones de los abogados defensores de Carlos, pero no querían ponerlo por escrito. Si algo salía mal la culpa sería mía.

Las presiones constantes las rechacé, debía prestarme a una estrategia mediática con la cual mi presencia sería utilizada para acusar a Francia, tenía que armar escándalos en el Palacio de Justicia, irrumpir en audiencias a puertas cerradas, realizar reclamos y acusaciones al gobierno francés. Poner al servicio de Carlos mi investidura, infringir las leyes francesas y las reglas diplomáticas en vigor.

Después todo fue muy rápido: fui acusado de ser la causa de que el Embajador no lo visitara, insultado, tildado de «sapo» y algo más. Carlos comunicó a la Embajada que había girado instrucciones para que me sacaran.

Su hermano Vladimir declaró en mi contra, asegurando que Carlos era víctima de un complot orquestado por el Gobierno francés y acusando al Cónsul de actuar en contra de los derechos de su hermano. A esto se sumó una campaña anónima de cartas, intrigas y acusaciones. El Ministro, el Embajador, el propio Ilich sabían que todo era mentira, pero necesario para convertir a Carlos en víctima y a mí en victimario. A partir de ese momento me convertí en el objetivo.

Colegas diplomáticos me advirtieron sobre el peligro de regresar. Los amigos del terrorista buscaban al culpable necesario para la causa, necesitaban juzgar al diplomático, acusarlo de incumplimiento y de complotar contra los derechos de ese «ilustre venezolano». Lo primero que hacen es inventar un expediente, en ese momento tomo la decisión de no regresar.

Siempre he creído que existe una cuota de responsabilidad en nuestras acciones y hay que asumirla, no podemos excusarnos diciendo que estamos cumpliendo órdenes superiores, cuando eso nos hace cómplices de delitos contra el país que pretendemos defender y representar.

El Universal

Ex Cónsul de Venezuela en París
Presidente de Venezuela-Futura, Francia

nelsoncastellano@hotmail.com

 

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