Publicado el: Mar, Nov 8th, 2016

Final de infarto en las elecciones de EE UU

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Encuestas Elecciones Estados Unidos: todo apunta a un final de infarto
Los sondeos muestran que Trump ha recortado la ventaja de Clinton y que podría darse cualquier resultado en la noche electoral
El mundo contiene la respiración ante unas elecciones que pueden cambiar el rumbo de Estados Unidos

Casi 220 millones de estadounidenses están llamados a las urnas este martes y, a juzgar por lo que dicen las encuestas, el próximo morador de la Casa Blanca podría decidirse por algunos miles de votos. Tras una campaña de cerca de veinte meses, Hillary Clinton y Donald Trump llegan a los últimos días de la batalla electoral en situación de empate técnico.

La candidata demócrata ha sido la favorita desde el día de abril del año pasado que anunció su carrera para convertirse en la primera presidenta de EE.UU. Trump, dominador de la narrativa de las elecciones a golpe de insulto y salida de tono, ha conseguido recuperar posiciones en el último minuto por el último escándalo de los emails de la ex secretaria de Estado y por un cierto desgaste del discurso de la demócrata.

En los últimos días, las encuestas no dan una ventaja superior a los dos o tres puntos para Clinton, después de que en el verano tuviera ventajas de hasta casi ocho.

Con la intención de voto tan igualada, lo importante en la noche del martes no será saber quién obtiene más votos y por qué pírrica diferencia, sino en qué estados se consiguen las ventajas. En el sistema presidencial estadounidense, al máximo mandatario lo elige un órgano llamado Colegio Electoral. Cada uno de los cincuenta estados tiene asignado un número delegados para ese colegio en función de su peso demográfico. Por ejemplo, California, el estado más poblado del país, con cerca de 39 millones de habitantes, cuenta con 55 delegados. Dakota del Sur, que no llega al millón de habitantes a pesar de ser muy extenso, solo tiene 3 delegados. Si un candidato gana por goleada en algunos estados muy poblados y pierde por la mínima en otros con menos peso demográfico, es posible que que sea el más votado pero que su contrincante gane las elecciones.

Como se puede ver en cualquier mapa de encuestas, el color azul del partido demócrata domina los estados de la costa Oeste, la mayor parte de la costa Este y algunos cercanos a los Grandes Lagos, como Illinois, Wisconsin y Minnesota. Esto tiene que ver con la preponderancia demócrata en las zonas urbanas, con mayores índices de población con título universitario y de minorías negra e hispana. Mientras tanto, la franja central del país se tiñe de rojo republicano, que domina el territorio rural, con más población blanca, de clase media o sin título universitario.

En última instancia, las llaves de la Casa Blanca se jugarán en un puñado de estados, denominados «bisagra», en los que, por factores demográficos y socioeconómicos, las fuerzas están parejas. Son estados como Florida, Ohio, Michigan, Pensilvania, New Hampshire, Carolina del Norte, Colorado, Nevada, Iowa o Wisconsin.

En ellos, la batalla entre Trump y Clinton será un enfrentamiento, a grandes rasgos, entre el campo y la ciudad. Clinton necesita movilizar al electorado urbano y suburbano, desde las minorías negra e hispana -que normalmente votan demócrata, pero a las que les cuesta más ir a las urnas, entre otras cosas, por tácticas de restricción de voto desarrolladas por los republicanos- hasta los republicanos con altos índices educativos de los suburbios a quienes no convence Trump. El candidato republicano tiene asegurado arrasar en las zonas rurales, pero necesitará ganar apoyos de los republicanos que han desconfiado de él en las ciudades y que el hastío de muchos con el sistema político los deje en casa el día de la elección.

Esa es la razón por la que los esfuerzos de los candidatos se dedican en las últimas semanas casi en exclusiva a condados urbanos y suburbanos en los alrededores de ciudades como Cleveland y Cincinatti (Ohio), Filadelfia y Pittsburg (Pensilvania), Las Vegas (Nevada), Raleigh y Salem (Carolina del Norte) o Tampa y Palm Beach, en Florida, donde Al Gore perdió las elecciones de 2000 por un puñado de votos frente a George W. Bush. Ese fue el último año en el que el ganador del voto popular (Gore) no consiguió los suficientes delegados para conquistar la Casa Blanca. La ocasión anterior fue a finales del siglo XIX.

¿Son fiables las encuestas? Es difícil decirlo después de las experiencias vividas en el último año, desde el Brexit al referéndum en Colombia, pasando por las segundas elecciones generales en España. Lo cierto es que los datos históricos en EE.UU. muestran que los sondeos se equivocan con un margen del 2%. Con la situación tan igualada entre Trump y Clinton, eso no soluciona nada: podría ganar cualquiera.

abc.es

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