Published On: dom, Nov 24th, 2013

Fotografía política de la disidencia cubana

Por : NICOLAS PEREZ:

 

 

El disidente cubano es un ser especial, nació dentro de un sistema ideológico que le exige a su pueblo una obediencia ciega y es más duro que el guayacán. De niños los disidentes disfrazados de pioneros los hicieron repetir hasta el cansancio: “Seremos como el Che”. Crecieron en hogares donde en la puerta había un letrero que decía: “Fidel esta es tu casa”. Contemplaron, sin entender, como descolgaron sus padres de las paredes retratos de Cristo y los cambiaban por líderes revolucionarios. En su mundo, como en la novela de George Orwell 1984, antes de enseñarles a valerse por sí mismos los enseñaron a fingir. Me cuesta trabajo entender cómo se rebelaron contra un sistema que había modelado sus existencias con letras escritas con miedo y sangre. Y alzaron la voz, y disintieron, y establecieron una lucha en las calles de león suelto contra mono amarrado.

Para un exilio histórico con una formación diferente, solo un pequeño grupo los entiende. Hay pocos disidentes que no tengan, y he utilizado esta frase antes, “la mancha del plátano castrista”. Son una minoría los que no militaron y fueron usados por un sistema que era un apéndice de la Unión Soviética, como también pocos exiliados que luchamos por la libertad de la isla no pasamos por las horcas caudinas de ser un apéndice de la CIA y del gobierno de los Estados Unidos.

Desde sus inicios simpaticé con la disidencia, en última instancia porque las luchas por la libertad no deben detenerse jamás, y porque conocí a Sebastián Arcos Bergnes, uno de los hombres más íntegros que he conocido en mi vida, con el cual compartí largas conversaciones sobre la patria en los últimos momentos de su vida.

Después estuve años muy ligado a Vladimiro Roca, que según me cuentan, está muy enfermo.

No hay un solo disidente de los que visitan Miami que no admire y respete, con sus diferentes estrategias y una pluralidad que es la piedra angular de la democracia.

Los disidentes con que he tenido más contacto son con “El Coco’’ Fariñas, que por estrechos vínculos con personas que son mi propia familia me entrevisté varias veces, y escribí El Nuevo Herald un artículo sobre él porque tiene coherencia, sabe lo que quiere y a donde va. Tiene claro que no puede sentarse a conversar con el castrismo para otorgarle legitimidad si no están claras las reglas del juego.

Del grupo demócrata cristiano, conocí al laico católico Dagoberto Valdés, director de Convivencia, una revista católica pinareña poco obsecuente con el castrismo como es el caso del Cardenal. Dagoberto fue nombrado por Juan Pablo II miembro pleno del Consejo de Justicia y Paz de la Santa Sede, y es el único ingeniero agrónomo recogedor de yaguas en esa posición. Pero el disidente que más me emocionó fue Rafael León, delegado de JODCA, juventudes demócratas cristianas de América. Es inocente, poco político y dice lo que piensa sin medir consecuencias y sin tratar de conseguir el aplauso de su interlocutor. Fascinó a mi esposa “La China’’ y ella tiene buena vista.

Una de las personas que más admiro dentro de la disidencia es a Yoani Sánchez, que no es política sino periodista a secas y la más incisiva de los críticos del castrismo. Tengo cartas escritas a mano y fotos suyas, de su esposo Reinaldo Escobar y de Claudia Cadelo. La defendí desde el Herald cuando era una desconocida; por intuición, traté de contactarla en Miami para cruzar dos palabras. Desgraciadamente sus múltiples responsabilidades y compromisos lo impidieron.

Hace mucho tiempo tuve la satisfacción de conversar con Manuel Costa Morua, líder del Arco Progresista. No lo pierdan de vista, va a llegar lejos, es extremadamente inteligente y es más ideólogo que político. Tengo entendido por allegados en Miami que trabaja en una idea innovadora y original tratando de lograr unidad dentro de la disidencia y un nuevo camino hacia la libertad que está a punto de anunciar próximamente.

Me visitó o en mi casa de Los Cayos porque mi vecino es como él y César Páez de Placetas, José Luis García Pérez, “Antúnez”. Por una razón u otra los voy conociendo a todos. Es un hombre de pocas palabras. No hay nada que más admire en esta vida que el valor personal y él es un bravo, está negado a ofrecerle al castrismo ni una sed de agua. Y me dio la impresión de que es un rebelde con causa y un tipo de ser humano, cualquier cosa, menos manipulable, ni por el gobierno de Cuba ni por organizaciones del exilio. Como dijo Calderón de la Barca: “Nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Y aquí he ofrecido lo que veo a través de mi cristal.

El Nuevo Herald

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