Publicado el: Sab, Mar 8th, 2014

Gobernar para las elites

GOBERNAR PARA LAS ÉLITES

Secuestro democrático y desigualdad económica

Informe del Instituto Oxfam

 

La desigualdad económica crece rápidamente en la mayoría de los países.

La riqueza mundial está dividida en dos: casi la mitad está en manos del

1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99%

restante. El Foro Económico Mundial considera que esta desigualdad

supone un grave riesgo para el progreso de la humanidad. La desigualdad

económica extrema y el secuestro de los procesos democráticos por parte

de las élites son demasiado a menudo interdependientes. La falta de

control en las instituciones políticas produce su debilitamiento, y los

gobiernos sirven abrumadoramente a las élites económicas en detrimento

de la ciudadanía de a pie. La desigualdad extrema no es inevitable, y puede

y debe revertirse lo antes posible.

 

RESUMEN

En noviembre de 2013, el Foro Económico Mundial lanzó su informe

Perspectivas de la Agenda Mundial 2014, que situaba el aumento de la

desigualdad en los ingresos como la segunda mayor amenaza mundial de los

próximos 12 a 18 meses. Según las personas encuestadas, la desigualdad “está

afectando a la estabilidad social en el seno de los países y supone una amenaza

para la seguridad en el ámbito mundial”. Oxfam comparte este análisis y espera

que la reunión del Foro Económico Mundial de este año realice los compromisos

necesarios para contrarrestar el avance de la desigualdad.

Un cierto grado de desigualdad económica es fundamental para estimular el

progreso y el crecimiento, y así recompensar a las personas con talento, que se

han esforzado por desarrollar sus habilidades y que tienen la ambición necesaria

para innovar y asumir riesgos empresariales. Sin embargo, la extrema

concentración de riqueza que vivimos en la actualidad amenaza con impedir que

millones de personas puedan materializar los frutos de su talento y esfuerzo.

La desigualdad económica extrema es perjudicial y preocupante por varias

razones: además de ser moralmente cuestionable, puede repercutir

negativamente en el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, así

como multiplicar los problemas sociales. Asimismo, agrava otro tipo de

desigualdades, como las que existen entre hombres y mujeres. En muchos

países, la desigualdad económica extrema resulta preocupante debido a los

efectos perniciosos que la concentración de riqueza puede acarrear para la

equidad en la representación política. Cuando la riqueza se apropia de la

elaboración de las políticas gubernamentales secuestrándolas, las leyes tienden

a favorecer a los ricos, incluso a costa de todos los demás. El resultado es la

erosión de la gobernanza democrática, la destrucción de la cohesión social y la

desaparición de la igualdad de oportunidades. A menos que se adopten

soluciones políticas valientes que pongan freno a la influencia de la riqueza en la

política, los gobiernos trabajarán en favor de los intereses de los ricos, y las

desigualdades políticas y económicas seguirán aumentando. Como dice la

famosa cita de Louis Brandeis, que fue miembro del Tribunal Supremo de los

Estados Unidos, “podemos tener democracia, o podemos tener la riqueza

concentrada en pocas manos, pero no podemos tener ambas”.

Oxfam teme que, si la desigualdad económica extrema no se controla, sus

consecuencias podrán ser irreversibles, dando lugar a un “monopolio de

oportunidades” por parte de los más ricos, cuyos hijos reclamarán los tipos

impositivos más bajos, la mejor educación y la mejor atención sanitaria. El

resultado sería la creación de una dinámica y un círculo vicioso de privilegios

que pasarían de generación en generación.

Dada la magnitud del incremento de la concentración de la riqueza, la

monopolización de oportunidades y la inequidad en la representación política

suponen una tendencia grave y preocupante. Por ejemplo:

• Casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de sólo el 1% de la

población.

• La riqueza del 1% de la población más rica del mundo asciende a 110 billones

de dólares, una cifra 65 veces mayor que el total de la riqueza que posee la mitad más pobre de la población mundial.

• La mitad más pobre de la población mundial posee la misma riqueza que las

85 personas más ricas del mundo.

• Siete de cada diez personas viven en países donde la desigualdad económica

ha aumentado en los últimos 30 años.

• El 1% más rico de la población ha visto cómo se incrementaba su

participación en la renta entre 1980 y 2012 en 24 de los 26 países de los que

tenemos datos.

• En Estados Unidos, el 1% más rico ha acumulado el 95% del crecimiento total

posterior a la crisis desde 2009, mientras que el 90% más pobre de la

población se ha empobrecido aún más.

Esta masiva concentración de los recursos económicos en manos de unos pocos

supone una gran amenaza para los sistemas políticos y económicos inclusivos.

El poder económico y político está separando cada vez más a las personas, en

lugar de hacer que avancen juntas, de modo que es inevitable que se

intensifiquen las tensiones sociales y aumente el riesgo de ruptura social.

Los sondeos de Oxfam en todo el mundo reflejan que la mayoría de la población

cree que las leyes y normativas actuales están concebidas para beneficiar a los

ricos. Una encuesta realizada en seis países (España, Brasil, India, Sudáfrica, el

Reino Unido y Estados Unidos) pone de manifiesto que la mayor parte de la

población considera que las leyes están diseñadas para favorecer a los ricos –en

España, ocho de cada diez personas estaban de acuerdo con esta afirmación–.

Otra reciente encuesta de Oxfam a trabajadores con salarios bajos en Estados

Unidos revela que el 65% de ellos considera que el Congreso aprueba leyes que

benefician principalmente a los ricos.

La apropiación de los procesos políticos y democráticos por parte de las élites

económicas tiene unos efectos notables, que afectan por igual a países ricos y

pobres. El presente informe ofrece ejemplos relacionados con la desregulación

financiera, la inequidad de los sistemas fiscales, las leyes que facilitan la evasión

fiscal, las políticas económicas de austeridad, políticas que perjudican

desproporcionadamente a las mujeres y la apropiación de los ingresos derivados

del petróleo y la minería. Cada uno de los breves estudios de caso incluidos en

el informe pretende dar una idea sobre cómo este secuestro democrático

genera una riqueza ilícita que perpetúa la desigualdad económica.

Es posible revertir esta peligrosa tendencia. La buena noticia es que existen

claros ejemplos de éxito, tanto pasados como presentes. Estados Unidos y

Europa redujeron la desigualdad a la vez que sus economías crecían durante las

tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. La desigualdad también

Esta masiva concentración de los recursos económicos en manos de unos pocos

supone una gran amenaza para los sistemas políticos y económicos inclusivos.

El poder económico y político está separando cada vez más a las personas, en

lugar de hacer que avancen juntas, de modo que es inevitable que se

intensifiquen las tensiones sociales y aumente el riesgo de ruptura social.

Los sondeos de Oxfam en todo el mundo reflejan que la mayoría de la población

cree que las leyes y normativas actuales están concebidas para beneficiar a los

ricos. Una encuesta realizada en seis países (España, Brasil, India, Sudáfrica, el

Reino Unido y Estados Unidos) pone de manifiesto que la mayor parte de la

población considera que las leyes están diseñadas para favorecer a los ricos –en

España, ocho de cada diez personas estaban de acuerdo con esta afirmación–.

Otra reciente encuesta de Oxfam a trabajadores con salarios bajos en Estados

Unidos revela que el 65% de ellos considera que el Congreso aprueba leyes que

benefician principalmente a los ricos.

La apropiación de los procesos políticos y democráticos por parte de las élites

económicas tiene unos efectos notables, que afectan por igual a países ricos y

pobres. El presente informe ofrece ejemplos relacionados con la desregulación

financiera, la inequidad de los sistemas fiscales, las leyes que facilitan la evasión

fiscal, las políticas económicas de austeridad, políticas que perjudican

desproporcionadamente a las mujeres y la apropiación de los ingresos derivados

del petróleo y la minería. Cada uno de los breves estudios de caso incluidos en

el informe pretende dar una idea sobre cómo este secuestro democrático

genera una riqueza ilícita que perpetúa la desigualdad económica.

Es posible revertir esta peligrosa tendencia. La buena noticia es que existen

claros ejemplos de éxito, tanto pasados como presentes. Estados Unidos y

Europa redujeron la desigualdad a la vez que sus economías crecían durante las

tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. La desigualdad también

ha disminuido significativamente en América Latina durante la última década,

gracias a una fiscalidad más progresiva, los servicios públicos, la protección

social y el empleo digno. La política ciudadana ha sido fundamental en la

consecución de este avance, ya que representa a la mayoría de la población en

lugar de estar en manos de una pequeña élite; a la postre, esto ha beneficiado

tanto a ricos como a pobres

 

RECOMENDACIONES

Las personas que participan en el Foro Económico Mundial de Davos tienen en

sus manos el poder de revertir el rápido incremento de la desigualdad. Oxfam

hace un llamamiento para que se comprometan a:

• No utilizar paraísos fiscales para evadir impuestos ni en sus propios países ni

en otros países en los que invierten y operan;

• No utilizar su riqueza económica para obtener favores políticos que supongan

un menoscabo de la voluntad política de sus conciudadanos;

• Hacer públicas todas las inversiones en empresas y fondos de las que sean

beneficiarios efectivos y finales;

• Respaldar una fiscalidad progresiva sobre la riqueza y los ingresos;

• Exigir a los gobiernos que utilicen su recaudación fiscal para proporcionar a

los ciudadanos asistencia sanitaria, educación y protección social universales;

• Reclamar que todas las empresas que poseen o controlan ofrezcan un salario

digno a sus trabajadores;

• Exigir a otras élites económicas que también se adhieran a estos

compromisos.

Oxfam ha realizado recomendaciones políticas en diversos contextos con el

objetivo de fortalecer la representación política de las clases media y baja, para

así alcanzar una mayor igualdad. Éstas son algunas de las políticas

recomendadas:

• La eliminación de la desigualdad económica extrema como objetivo mundial

en todos los países. Esta meta debería ser un elemento esencial del marco

posterior a 2015, que debería incorporar una supervisión coherente de la

participación en la riqueza del 1% más rico de la población en todos los

países.

• Una mayor regulación de los mercados, para así fomentar un crecimiento

equitativo y sostenible; y

• Poner freno a la capacidad de la población rica para influir en los procesos

políticos y en las políticas que mejor responden a sus intereses.

La combinación concreta de las políticas necesarias para revertir el aumento de

las desigualdades económicas debe adaptarse a los diferentes contextos

nacionales. No obstante, el ejemplo de los países desarrollados y en desarrollo

que han conseguido reducir la desigualdad económica nos ofrece algunos

puntos de partida, entre los que destacan:

• La adopción de medidas firmes contra el secreto bancario y la evasión fiscal;

• Las transferencias redistributivas y el fortalecimiento de los mecanismos de

protección social;

• La inversión en el acceso universal a la atención sanitaria y la educación;

• La fiscalidad progresiva;

• El fortalecimiento de los umbrales salariales y de los derechos de los

trabajadores.

• La eliminación de las barreras a la igualdad de derechos y oportunidades de

las mujeres

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