Publicado el: Sab, Jul 4th, 2015

Grecia se juega mañana su futuro ante una gran incertidumbre

Un referéndum bizantino. Partidarios del ‘sí’ y del ‘no’ apuran las últimas horas para atraer a indecisos
La mayoría de las encuestas pronostican empate técnico en el referéndum de mañana
Alexis Tsipras, con la gasolina de una política de austeridad europea que ha hecho estragos en la sociedad griega, ha convocado una consulta basada en una pregunta inexistente

Grecia vive las últimas horas antes de enfrentarse al referéndum que marcará su futuro dentro del euro y su relación con los países de la Unión Europea. La legislación griega no permite difundir sondeos y tan solo algunos chiringuitos callejeros reparten propaganda para pedir el voto ya que no se pueden hacer llamamientos públicos desde la televisión.

Dado lo reñido de las encuestas, la mayoría de las cuales pronostican empate técnico, los partidarios de ambas opciones apuran la última horas para convencer a los indecisos que cuyo número podrían oscilar entre el 12% y el 18%. La mayoría de los partidos manejan sus propias encuestas de intención de voto que no ha sido hechas públicas.

La tensión que se vive en las calles es máxima ya que la banca griega está a un paso de quedarse literalmente seca. La patronal bancaria helena advirtió ayer de que la liquidez de las entidades financieras se limita a menos de 1.000 millones de euros. Las sucursales podrían quedarse sin efectivo el lunes. El presidente de la patronal bancaria, Louka Katseli, reveló que el control de capitales, el corralito y la congelación de la liquidez de emergencia del BCE han hecho mella en el maltrecho sistema financiero, que dispone de reservas de efectivo de menos de 1.000 millones. Fuentes de las Cámaras de Comercio reducen esa cifra a solo 500 millones.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, arengó ayer a los suyos en un mitin en Atenas al que asistieron 25.000 personas. Tsipras les instó a votar no en el referéndum sobre las propuestas de los socios. “El pueblo heleno probó varias veces en su historia que sabe responder a los ultimátums. Los ultimátums a veces se convierten en un bumerán. Os llamo a escribir Historia otra vez. Os llamo a decir otra vez no a los ultimátum”, proclamó el líder del izquierdista Syriza.

El jefe del Gobierno animó a sus compatriotas “a dar la espalda a quienes os aterrorizan a diario” y recalcó que el domingo se vota no solo “vivir en Europa” sino “vivir con dignidad en Europa. Luchar y vivir como iguales en Europa”. Y ha asegurado que el lugar en el que nació la democracia da a Europa la “oportunidad para volver a sus valores originales, estos valores que abandonó hace años en favor de la austeridad”. También en la capital miles de personas defendieron el sí en otro mitin, aparentemente menos concurrido que el del no, según la agencia Reuters. “Prefiero votar sí, tener unos años más de austeridad y dar a mis hijos un futuro”, aseguró uno de los asistentes mientras sonaba el Himno de la Alegría.

Un colosal malentendido de la pedagogía moderna ha arrinconado hasta casi la desaparición la enseñanza del pasado clásico, que solo sobrevive en la cultura popular en los tópicos deportivos o en los bárbaros tebeos del cine de Hollywood. Pero hubo un tiempo en el que la honda emoción por ese pasado sentida por las personas cultas de los países del norte de Europa fue vital para el destino de Grecia, como la ayuda inglesa en la lucha por la independencia de los turcos —Lord Byron— o evitar su caída en la órbita soviética —Winston Churchill— tras la II Guerra Mundial.

Ese pasado también está muy lejano para los actuales griegos más allá de su valor turístico, aunque quizá sobreviva como una radiación de fondo en su afición por la dialéctica, en el orgullo por el idioma o en el prestigio de la oratoria. Un griego de hoy puede descalificar a un político con toda naturalidad, para asombro de un español, con estas palabras: “Habla muy mal, no sabe utilizar el neutro”.

Probablemente mucho más decisivos para la formación de la identidad nacional griega hayan sido los siglos pasados como centro del Imperio Bizantino o bajo la dominación turca. Mil años de civilización en el primer caso que Occidente despachó de un plumazo como sinónimo de decadencia —“discutían hasta del sexo de los ángeles”— hasta convertir el término bizantino en un calificativo despectivo.

La fractura del Imperio Romano entre Oriente y Occidente, el cisma religioso entre ortodoxos y católicos, el yugo turco —que en Grecia no legó como la civilización musulmana en España ni giraldas ni alhambras— y la Guerra Civil (1946-1949) configuraron la ambivalencia de la visión griega de Occidente, entre la admiración y el desprecio, entre el deseo y el resentimiento. Nunca se expresó de forma más patente esta ambivalencia como en los debates sobre la entrada de Grecia en la Unión Europea a comienzos de los años ochenta. El conservador y padre de la transición democrática griega, Kostas Karamanlis, clamó: “¡Grecia pertenece a Europa!”. A lo que el carismático líder socialista, Andreas Papandreu, respondió: “¡Grecia pertenece a los griegos!”. La falsa disyuntiva de ese debate pasó —Grecia entró en la UE en 1981 tras una negociación exprés en la que tampoco entonces se miraron mucho los números—, pero la reticencia hacia Occidente, ahora Bruselas, permaneció transformada en una relación más por interés (ayudas) que por convicción (reglas) en buena parte de la opinión pública griega.

Ahora Alexis Tsipras, con la gasolina de una política de austeridad europea que ha hecho estragos en la sociedad griega y la manipulación de las emociones nacionales, ha reabierto ese debate convocando un referéndum, este sí, bizantino, en el sentido peyorativo del término, basado en una pregunta inexistente. Pide el no —una palabra con prestigio, cada 28 de octubre se celebra el Día del No en recuerdo de la fecha en la que el dictador Metaxas le negó en 1940 a Mussolini la entrada de tropas italianas en el país— con el apoyo de la ultraderecha y el voto en contra de conservadores, liberales y socialistas, las tres familias políticas que construyeron Europa. Tsipras juega con la historia este domingo. ¿Le absolverá?

El País

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