Publicado el: Vie, Mar 21st, 2014

Gustavo Petro y la viabilidad de la izquierda colombiana

-La polemica por la destitucion de Petro

-Para algunos se trata de confundir la ineficiencia del Alcalde con una agresion a la izquierda colombiana

Escribe Arturo Wallace

 

Gustavo PetroPetro dice que su destitución fue un golpe de estado contra un alcalde de izquierda elegido por el pueblo.

Gustavo Petro reaccionó a la confirmación de su destitución como alcalde de Bogotá por boca del presidente Juan Manuel Santos primero en Twitter y luego en la plaza.

“No nos ganaron ni en la urnas, ni en el corazón ciudadano, ni en la justicia. Tuvieron que acudir al golpe (de estado) y la arbitrariedad”, fue uno de los primeros trinos del ahora exalcalde en esa plaza virtual de la política moderna que son las redes sociales.

Y el trasfondo de su mensaje tanto ahí como en la plaza de verdad, la de Bolívar, fue claro: en lo que a tolerancia para con la izquierda se refiere, la vida política colombiana sigue atrapada en el pasado.

“El voto hoy en Colombia no sirve”, llegó incluso a afirmar Petro, quien a lo largo de su batalla en contra de la destitución siempre insistió en que detrás de la sanción de la Procuraduría estaba una extrema derecha empeñada en derrocar al exguerrillero que había llegado al poder por la vía de las urnas, para enviar así un mensaje a toda la izquierda colombiana.

Y el exalcalde –expulsado de su cargo por culpa de un accidentado proceso de nacionalización del sistema de recolección de basuras– también se reafirmó en que ese mensaje era particularmente grave de cara a las negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC iniciado por el propio Santos.

“¿Cómo va hacer la paz? ¿Cómo va a acercárseles y decirles que él es capaz de garantizarles los derechos políticos, la vida y las libertades?”, le preguntó a los asistentes.

“¿De qué garantías políticas y libertades civiles nos vienen aquí a hablar? No existen en Colombia. Las han anulado, si alguna vez las tuvimos”, fue su respuesta.

Mensaje

No todos, obviamente, comparten la interpretación del antiguo guerrillero.

Protesta en contra de la destitución de Gustavo PetroPara muchos, la lucha por Petro era una lucha por el derecho a gobernar de la izquierda.

De hecho, para muchos, un ejemplo de que Petro exagera es su propia elección al segundo cargo de elección popular más importante del país, hace poco más de dos años.

Y algunos también han empezado a ofrecer como evidencia el mismo comportamiento de un sistema de justicia que, según el presidente Santos, actuó de manera “transparente, eficaz y oportuna” a la hora de analizar el polémico caso.

Tampoco faltan, obviamente, los que creen que la sanción en contra del polémico exalcalde era merecida.

Pero incluso entre aquellos que consideran excesivo el castigo ordenado por el procurador Alejandro Ordóñez, abundan los que se rehúsan a ver en la misma “un mensaje a la izquierda”.

Y, como evidencia, hacen notar el impresionante record de funcionarios destituidos por Ordóñez y la abundancia, entre estos, de personalidades “de derecha”.

“Cuando Gaitán les iba a ganar, lo mataron. Cuando la UP comenzó a ganar vino el genocidio. Cuando Petro comenzaba a gobernar lo derrocaron”

Este último análisis, sin embargo, no repara en una cosa: la única que puede determinar si la saga esconde un mensaje para la izquierda –y cuál podría ser ese mensaje– es la izquierda misma.

Es decir, la izquierda colombiana será la encargada de sacar su propia conclusión y actuará en consecuencia. Y, por lo pronto, esa conclusión no parece ser nada halagüeña.

“Cuando (el candidato a la presidencia, Jorge Eliécer) Gaitán les iba a ganar, lo mataron. Cuando la UP (Unión Patriótica) comenzó a ganar, vino el genocidio. Cuando Petro comenzaba a gobernar lo derrocaron”, dijo el senador del Polo Democrático Iván Cepeda, a modo de ejemplo.

Y de los comentarios en Twitter y las declaraciones en los medios de muchas de sus figuras, se deduce que la izquierda de Colombia siente que sus derechos siguen sin estar garantizados por el actual sistema.

Las respuestas

Predecir el curso de acción es, sin embargo, mucho más difícil.

Juan Manuel Santos y Gustavo PetroPetro podría terminar convertido en una piedra en el zapato para Juan Manuel Santos.

Una nueva ronda de negociación entre gobierno y FARC empezó normalmente este jueves en La Habana, al día siguiente de la negativa de Santos a aceptar las medidas cautelares, lo que parece confirmar que el futuro del diálogo nunca estuvo ligado al destino de Petro.

Aunque en su intervención habitual al inicio de cada ronda de conversaciones, el principal negociador rebelde, Iván Márquez, recalcó que la situación afectaba la confianza en el proceso.

“Es casi imposible desligar esta determinación de propósitos electorales (…) y plantea serios interrogantes frente al tema de la participación política”, dijo Márquez.

Y el precedente seguramente pesará en el ánimo de las FARC a la hora de las decisiones finales.

Mientras, para la denominada izquierda democrática, el reto inmediato estará en hacer de la decisión de Santos una oportunidad para cohesionarse y movilizarse masivamente.

Y es que, para ellos la negativa del gobierno a acoger las medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), no solamente es injusta sino también claramente ilegal, pues en teoría las medidas ordenadas por la CIDH son de ineludible cumplimiento.

¿A las calles?

El norte ahora parece estar puesto en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, ya demandada por las FARC y ahora también por Petro. (Aunque también por el expresidente Álvaro Uribe, el máximo exponente de la derecha).

Y esa demanda podría terminar juntándose con las de los campesinos y darle mayor impulso a un posible nuevo paro agrario, y viceversa.

Por último, está la elección presidencial, que también se presenta como una oportunidad para enviarle un mensaje a Santos, quien a la hora de tomar su decisión parece haber concluido que corría más riesgos alienando a los sectores de derecha que a los de izquierda.

El de Santos, sin embargo, no deja de ser un cálculo arriesgado. La izquierda no salió particularmente bien en las pasadas elecciones legislativas, ni siquiera en Bogotá, pero entre el abstencionismo histórico, el voto en blanco y los votos nulos, la verdad es que el nuevo Congreso se conformó con las preferencias de nada más un 25% de los votantes potenciales.

Y con Petro fuera de la alcaldía de Bogotá y cada vez menos representantes en el Senado y la Cámara de Diputados, pueden llegar fácilmente a la conclusión de que su único espacio real en este momento son las calles.

En cualquier caso, está claro que la izquierda colombiana siente que el país sigue teniendo un reto pendiente: es verdad que ya no los matan como antes, pero ellos también quieren poder gobernar y hacerlo con el mismo margen de maniobra que los partidos de siempre.

Y hoy seguramente son mucho menos optimistas que ayer acerca de sus posibilidades dentro del actual sistema

BBC Mundo

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